Este año en Marienbad
viernes 13 de junio de 2008, 21:58h
Richard Wagner compuso Lohengrin, Gogol escribió Almas Muertas, su obra más conocida y considerada la primera novela rusa moderna; Johann Wolfgang Goethe encontró a sus 74 años el amor y la inspiración para su poema más personal, Elegía de Marienbad, en la que expresó sus sentimientos más íntimos hacia Ulrike Von Levertzow, de 18 años e hija de un hostelero local; Frederic Chopin, Thomas Edison, Frank Kafka, el Rey Eduardo VII de Inglaterra y el Zar Nicolás II frecuentaron sus baños. Todos ellos le dieron lustre. Un lustre que universalizó la película “El año pasado en Marienbad”, realizado en 1961 por el director francés Alain Resnais.
Película de culto, de enigmática estructura narrativa, en la que realidad y ficción son difíciles de distinguir. Siempre ha sido un film controvertido: algunos cinéfilos la consideran una obra de arte, mientras que una inmensa mayoría de espectadores la encontraron incomprensible. La trama se basa en un imaginario encuentro de una pareja que, también imaginariamente, tuvo lugar en Marienbad.
En la región checa de Bohemia del Oeste, una de las grandes atracciones son las elegantes ciudades balnearias de Karlovi Vary, Marianské Lazne y Franskistovy Lazne, conocidas, en los tiempos en que la lengua alemana era la común al Imperio Austro-Húngaro, como Carlsbad, Marienbad y Franzensbad. Junto con Baden Baden, Vichy, Evian o Bath, eran los balnearios europeos que frecuentaban reyes, emperadores, artistas, músicos, escritores desde el siglo XVIII y a quienes a finales del XIX se les unió una burguesía rica e ilustrada, nacida de la revolución industrial. En el periodo de entreguerras inició una cierta decadencia, agravada por los sucesos bélicos y los posteriores cambios políticos. Con la llegada de la democrática, una vez restaurados, han recuperado su poderío. Ahora los frecuentan las clases medias, especialmente jubilados alemanes, bávaros en su mayoría. Los balnearios checos se encuentran en las cercanías de la frontera germana. De hecho forman parte de Los Sudetes, de habla y costumbres alemanas, reivindicada por Hitler y cuya invasión supuso un paso adelante en el inicio de la guerra mundial.
En oposición al concepto español de balneario, tradicionalmente un pequeño sanatorio y un par de hoteles, hasta fechas recientes no muy confortables, en Europa, donde el nivel económico y cultural era muy superior, en torno a las aguas termales o curativas crecieron verdaderas ciudades. Los balnearios se convirtieron en centros de vacaciones, en lugares de encuentro para la realeza y la aristocracia, en los que se desarrolló una intensa vida social y cultural. Karlovi Vari ha sido la gran ciudad balnearia, la más famosa, la más frecuentada, la más espectacular y, ahora, la más turística. Marienbad es más pequeña, más recoleta, menos conocida, pero tan impresionante en su esplendor arquitectónico como en un excepcional entorno natural. Mariambad, a 630 metros sobre el nivel del mar, ofrece un espléndido terreno y un aire tan puro como los bosques protegidos de Slavkov donde se asienta.
Desde tiempos remotos se tenían noticias del poder curativo de los manantiales que brotaban en el pintoresco valle, propiedad del cercano monasterio de Tepla. Fueron precisamente el abad y el doctor de la abadía Josef Nehr los que en 1817 decidieron utilizar las aguas y crear el primer balneario. Unas aguas curativas, frías y calientes, que emanan de 40 manantiales; aguas destiladas ferruginosas y sódicas tanto para ser bebidas como para baño.
Años después de aquel primer establecimiento, gracias al diseñador de jardines Vaclav Skalnik, el arquitecto Jifi Fischer y el constructor Antón Turner, el inhabitable valle se convirtió en jardín, en un maravilloso parque campestre y en una magnífica ciudad cuajada de hermosísimos edificios, mansiones, pabellones, templetes, glorietas, fuentes y estatuas, columnatas en torno a los manantiales. Durante el siglo XIX predominó el estilo neoclásico, pero la burguesía, coincidiendo con la edad dorada del balneario, implantó aires nuevos e introdujo el Art Nouveau. Los edificios de este estilo reinan poderosos y apabullantes en el espectacular pastel de boda, un delicioso merengue, que es Marienbad.
Como la mayor parte de la geografía checa, Marienbad o Marianske Lazné está conformada por pequeñas montañas, prados y suaves colinas cubiertas en gran parte de la superficie por densos bosques de tilos, coníferas y robles que en otoño se convierten en un conjunto de tonalidades maravillosas, se funden en una sinfonía de verdes, ocres y rojos y alcanzan una riqueza cromática difícil de describir.
El balneario se extiende a lo largo de un parque de 4 kilómetros a través de los que se van distribuyendo las hermosas casas y una docena de lujosos hoteles. Para el turista, la visita suele empezar en el parque central de la ciudad donde se encuentra la pieza fundamental, la Colonnada, curioso edificio de hierro colado, de estilo ecléctico, construido en 1889; una galería cubierta que permite pasear cuando la lluvia y la nieve arrecian. En los alrededores, se encuentran los hoteles más elegantes, la iglesia católica y la iglesia ortodoxa, los baños nuevos, el Museo Municipal y una fuente “cantante o cantarina” en la que se organizan espectáculos de luz y sonido. Todo un exquisito, impoluto y fastuoso mosaico urbano.
La vida en Marienbad transcurre diferente si se plantea como una estancia balnearia. El dolce far niente se impone. Aguas, deporte y placenteros paseos centran las jornadas. Al decir de un conocido periodista checo, una vez admiradas las hermosas fachadas y dado el paseo correspondiente, “el verdadero riesgo sanitario es morirse de aburrimiento”. Frase tan lapidaria sólo se corresponde en cierto sentido con la realidad. Durante las tardes los balneoterapistas pueden disfrutar de una intensa vida cultural. Teatro y música están presentes en Marienbad, donde, como en toda Chequia, existe un verdadero fervor musical. Durante todo el año hay representaciones teatrales y conciertos, especialmente en agosto y durante los meses de mayo y octubre en que se celebran los festivales dedicados a Chopin y Mozart, respectivamente.
Otra opción es conocer los alrededores. Marienbad ha estado siempre vinculado a la abadía premostratense de Tepla, situado a 8 kilómetros del balneario y que fue fundado en 1193. En el siglo XVI llegó a ser uno de los mayores propietarios de Bohemía. Tras pasar por guerras, rebeliones e incendios, nada queda del edifico original. Sólo sobrevivió la iglesia construida en 1.232. El actual monasterio se reconstruyó barroco en el siglo XVIIIl. Durante el periodo comunista se utilizó como cuartel militar. Cuenta con una magnífica biblioteca con más de 80.000 volúmenes entre los que se incluyen raros manuscritos, incunables y primeras ediciones.
A Marienbad o Marianské Lazné se puede ir desde Praga en tren, vía Pilsen, en tres horas. O desde Karlovi Vary, a unos 50 kilómetros, tanto en tren como por carretera en un trayecto delicioso que atraviesa ríos, prados, bosques y castillos.
Cualquier ocasión es buena para visitar la República Checa, Bohemia y sus balnearios. Lo merecen. Así que parafraseando a Resnais, Este año en Marienbad.
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Periodista
Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO
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