www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

AL PASO

Solé Tura revisitado

Juan José Solozábal
martes 05 de julio de 2016, 20:09h

Deberíamos todos, comenzando naturalmente por el PSC, volver nuestros ojos hacia Solé Tura. Igual muchos han olvidado su perfil o simplemente lo ignoran. Solé Tura (Mollet del Vallès,1930-Barcelona 2009) fue un profesor metido a político, consciente de que el conocimiento que se alcanzaba con el estudio debía servir para la transformación de España, se tratase de la lucha por la devolución de la democracia o el restablecimiento constitucional. Fue un importante dirigente, primero del Partido Comunista y con el tiempo ministro socialista del gobierno de Felipe González. Ponente constitucional, dejó una impronta esencial en el diseño del Estado autonómico, cuyo desarrollo, que él siempre entendía en un sentido federal, siguió como observador cualificado.

Su contribución teórica más importante fue su libro Catalanismo y Revolución burguesa (edición en catalán en 1967 y en castellano en 1970) que consistía en una exposición del pensamiento del formulador moderno del catalanismo que fue Prat de la Riba, y era la tesis doctoral que le había dirigido Jiménez de Parga. Con el profesor Jiménez de Parga Solé mantuvo una relación muy cálida, pues siempre reconoció su magisterio, aunque las perspectivas intelectuales y académicas obviamente son muy diferentes en los dos casos. En realidad no tiene nada de extraño que Solé Tura dedicase su tesis doctoral a la exposición canónica del nacionalismo catalán de Prat de la Riba. El nacionalismo es un tópico importante del pensamiento marxista y sin duda tenía una trascendencia considerable la utilización de este argumento en la movilización contra el franquismo que podría dar lugar a partidos o fuerzas en un futuro político democrático por venir. Solé, según cuenta en sus memorias, había redactado ya un informe sobre el problema nacional para el PSUC, o sea que, de algún modo, se trataba de incidir en un tema que le era familiar. Aunque el libro fue recibido críticamente por el nacionalismo en realidad se trataba de un estudio bastante deferente con Prat de la Riba, del que alaba su talento intelectual y su capacidad política. Prat ofrece una formulación significativa del nacionalismo catalán, integrando diversos aportes limitados previos, proviniesen de la derecha o de la izquierda ideológica; y por lo demás en plena onda del nacionalismo romántico europeo y de algunas corrientes positivistas como el organicismo. Además Solé ofrece también una idea del talento organizativo de Prat, creador de la Lliga y Presidente de la Mancomunitat de las diputaciones catalanas.

Cierto que Solé al exponer el pensamiento de Prat presenta una idea del catalanismo apegado a los intereses de la burguesía industrial, subrayando sus limitaciones políticas, que le llevaban a incurrir en contradicciones palmarias, pues a la postre no casaban sus propósitos regeneradores con su dependencia de Madrid, especialmente en los momentos críticos en que peligraba el orden público, por ejemplo la Semana Trágica de 1909.

Para mí la lucidez del análisis de Solé no estriba en desvelar la ambivalencia de los análisis de Prat de la Riba, apuntando, como digo, al protagonismo regenerador de Cataluña y aceptando el pacto con Madrid cuando lo demandasen las negativas circunstancias políticas de Cataluña, sino mostrando el fondo de superioridad, racial diríamos si utilizásemos el lenguaje de la época o identitario si preferimos decirlo suavemente hoy, desde el que opera el autor de la Nacionalitat catalana. El planteamiento de Prat de la Riba es intentar la regeneración del Estado español desde una Cataluña plenamente consciente de su personalidad y de su genio propio. Es decir Prat de la Riba está pensando, sin veleidad separatista alguna, en una federación, como organización política española, a conformar según el modelo catalán, que Prat quiere sea como Cataluña, más precisamente como cree que esta es o como pueda ser.

Desde luego Prat aprecia una diferencia importante entre lo que verdaderamente es Cataluña y lo que él cree es la naturaleza del Estado español. Se trata de dos órdenes diferentes- correspondientes a dos sociedades estructuralmente contrapuestas: dinámica y moderna la catalana, retardataria la española- y no solo en el plano organizativo, sino quizás en un nivel más profundo. Prat de la Riba denuncia el Estado liberal o el sistema político de la Restauración como un tinglado oligárquico y poco racional, asfixiante y con un parlamentarismo ineficiente… Pero hay también una pretensión de Prat, que es más seria, que apunta la diferencia cualitativa que hay entre lo que él cree que es el alma, o la personalidad catalana, y Castilla, de la que tiene, efectivamente, una visión peyorativa. No sólo es que España está mal organizada, no sólo que el parlamentarismo, efectivamente, es un sistema de gobierno que conlleva la oligarquía, la hipertrofia de los funcionarios o la duplicación de las administraciones; sino que lo que insinúa Prat es que el genio nacional espiritual catalán, es superior a Castilla, y no puede aceptar una cobertura política con la que puede contentarse el resto de España.

Por lo demás algún reparo me atrevería a oponer a la disposición, ciertamente comprensible en el marco conceptual historiográfico en que se mueve Solé, a aceptar la tesis de la oligarquización a ultranza del sistema de la Restauración que preconiza Prat. Prefiero la imagen de la Restauración que ha dado un autor como Francisco Ayala, esto es, la de un sistema que, a pesar de sus limitaciones y exclusiones, permitió un orden liberal con libertad de prensa, juego parlamentario y unas garantías constitucionales que hicieron posible la vida civilizada en España al nivel de otros países europeos.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (12)    No(0)

+
0 comentarios