POCO A POCO
Nos pone mucho el yihadismo
Borja M. Herraiz
x
borjamotaelimparciales/10/5/10/22
lunes 25 de julio de 2016, 15:32h
Actualizado el: 25/07/2016 18:14h
Aviso en un rojo parpadeante. Salta el urgente. Tiroteo en Múnich. ¿Un joven musulmán? Ya está, terrorismo islamista. Fijo. Esta rápida asociación de ideas la hicieron el pasado viernes miles y miles de personas de toda Europa, periodistas o no, ante el trágico suceso acontecido en la capital bávara. Una concatenación de hechos e ideas preconcebidas, de juicios y prejuicios, que poco más o menos llevaron a la inmensa mayoría a vincular también lo que una semana antes pasó en Niza con el radicalismo islamista.
Más allá de lo que digan las pesquisas policiales, sorprende y chirría por igual ver cómo 'nos pone' un atentado yihadista. Ya sea en Francia, en Alemania, en Polonia o en Islandia, si el protagonista es musulmán, cualquier otra motivación desilusiona si no tiene detrás un componente de extremismo religioso. No hay más que ver cómo tanto en Múnich o en Niza sendos sucesos perdían 'punch' informativo a medida que se diluía el espejismo de una posible relación con Estado Islámico o con Al Qaeda.
Parece ser que las masacres en Europa siempre tienen que ser obra de los acólitos descerebrados de Daesh, porque de lo contrario no podemos llegar a comprender que locos, asesinos, desquiciados y, en general, mala gente hay en todas partes.
Mohamed Lahouaiej Bouhlel, el asesino de Niza, era un errante de la vida. Amante de la botella y las juergas, su mujer le había dejado y sólo la pátina de última hora de radicalismo, que más parece una forma de aplacar su conciencia atormentada que una verdadera adhesión a los preceptos de Al Baghdadi, le vinculan con el yihadismo, que ni siquiera se ha dado por aludido a pesar del terrible saldo de 84 muertos y más de 200 heridos.
Todavía menos radicalizado estaba Ali David Sonboly, un adolescente germano-iraní de apenas 17 años, que quiso vengarse del acoso escolar que había sufrido, una verdadera epidemia en el Occidente actual, y llevarse por delante a aquellos que durante años le habían hecho la vida imposible en la Alemania donde creció pero nunca se sintió aceptado.
Si nos atenemos a las estadísticas del año pasado publicadas recientemente por la Oficina Europea de Policía (Europol), la primera motivación de los atentados terroristas llevados a cabo o frustrados en el Viejo Continente, nada menos que 211, no fue el islamismo, sino el separatismo. Ahora bien, nos viene al pelo tirar de la mano del yihadismo cada vez que pasa un suceso de este tipo. 'Nos pone' mucho esta autoría porque es la perfecta diana sobre la que desviar culpas y responsabilidades propias. Debemos reflexionar sobre esta deriva generalizada, porque Estado Islámico no es el culpable de todos nuestros males.
Es verdad que el terrorismo islamista ha cumplido con terrorífica precisión su promesa de regar de sangre las ciudades europeas y que es comprensible la sensibilización y preocupación de la ciudadanía con este frente, así lo atestiguan Madrid, Londres, Bruselas, París... Sin embargo, debemos ser responsables, prudentes y reflexivos y no precipitarnos a la hora de juzgar sucesos, pues acabaremos por patrocinar nosotros mismos una psicosis ya de por sí contagiosa.
|
Jefe de Internacional de El Imparcial
BORJA M. HERRAIZ es jefe de Internacional en El Imparcial
|
borjamotaelimparciales/10/5/10/22
|