www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

EL TEATRO EN EL IMPARCIAL

Tratos, de Ernesto Caballero: las cavernas del poder

Inspirándose en “Trato de Argel”, de Cervantes, Ernesto Caballero rinde homenaje al autor del “Quijote” en el IV Centenario de su muerte, y nos ofrece una pieza autónoma admirable que aborda la cuestión de la inmigración en la España de ahora mismo, y lo hace rompiendo moldes y estereotipos.

Tratos, de Ernesto Caballero: las cavernas del poder

Tratos, de Ernesto Caballero

Director de escena: Ernesto Caballero

Intérpretes: Chema Adeva, Carmen Gutiérrez, Ione Irazabal, Astrid Jones, Primo José Meñan, Elton Price

Lugar de representación: Tabakalera (San Sebastián).

Cuando la resonancia de su más inmediato éxito Reina Juana-una pieza histórica muy vinculada, sin embargo, al presente- está todavía muy lejos de apagarse, Ernesto Caballero entrega a los escenarios otro drama: Tratos, donde continúa explorando otra vía alternativa de escritura para la escena, ya muy acreditada en su dramaturgia, caracterizada por concebir la obra a partir de un profundo diálogo con la tradición escénica. Ambos estrenos en un mismo año, Reina Juana y Tratos, con sus registros disímiles, certifican que la escritura teatral de Ernesto Caballero sigue pujante y viva, y no ha mermado por sus consecutivos éxitos en el campo de la dirección, tras una actividad casi frenética en estado de gracia a través de recientes títulos como Rinoceronte, de Ionesco, Vida de Galileo, de Brecht, o El laberinto mágico, inspirado en el ciclo narrativo de Max Aub.

Tratos sigue la estela marcada por la ya obra de culto Auto, donde el dramaturgo madrileño lograba el difícil conjuro de involucrar las consecuencias de un accidente de automóvil con la estructura de un auto sacramental barroco, sin perder por ello un ápice de su mirada crítica a la motorizada vida moderna. Un nexo de unión casi mágico, en el que lo ritual del pasado opera como una inesperada fuente de luz que alumbra de forma insólita nuestra experiencia más actual. Esta línea creativa le permitió concebir piezas clave de nuestro teatro contemporáneo como Sentido del deber, que aborda la violencia doméstica contra la mujer, ambientada en una casa-cuartel de la Benemérita, y brota y se desarrolla a partir de El médico de su honra, de Calderón de la Barca.

Ernesto Caballero muestra una falta de complejos para crear desde un diálogo imaginativo con la tradición española que otros han tratado de estigmatizar, guiados más por una ceguera provocada por prejuicios ideológicos, en vez de por una sagaz relectura creadora de los grandes textos del pasado. Esta segunda actitud es la que le condujo también a escribir En una encantadora torre, reinterpretación de La vida es sueño, de Calderón, o Naces consumes mueres, desde la alquimia transfiguradora de la asimismo pieza calderoniana El gran mercado del mundo.

Pareciera que Calderón de la Barca fuese el gran patrón que guía los pasos de Ernesto Caballero en su coloquio innovador con nuestro acervo teatral. Pero el estreno de Tratos amplía y diversifica el ámbito de ese diálogo remontándose a Miguel de Cervantes y sus comedias de cautivos, iniciadas precisamente con Trato de Argel. Una tradición sin duda

aún más estigmatizada que la de Calderón, en cuanto se refiere a un Cervantes históricamente marginado como dramaturgo al que Ernesto Caballero nos invita a ver con nuevos ojos en su auténtica riqueza. Miguel de Cervantes escribe su Trato de Argel inmediatamente después de su regreso a España tras estar cautivo en las cárceles argelinas. Así la pieza resulta en parte testimonio autobiográfico, en parte meditación sobre los efectos de las cadenas en el alma humana, señalando los estragos físicos y espirituales de su experiencia del encierro, máximo cuando este es azaroso y sufrido por un inocente.

Ernesto Caballero aprovecha esta vivencia, ya mítica, en la biografía cervantina, para indagar en el sufrimiento de la cautividad aquí y ahora, en nuestras sociedades democráticamente avanzadas. Y encuentra su equivalencia en los centros de internamiento para inmigrantes irregulares. En el inicio de Tratos, nos hallamos con un interno camerunés que se llama Aurelio, exactamente igual que el protagonista de Trato de Argel, y que se ha doctorado con un estudio titulado: El cautiverio en el teatro cervantino. Lo que Aurelio había investigado en términos intelectuales, lo vivirá en primera persona sobre sus propias carnes. Su experiencia personal del confinamiento le permite descubrir el sentido más profundo y veraz que subyace en el texto de Cervantes, y, a su vez, el canto a la libertad, piedra angular del drama cervantino, le ayuda en su resistencia a los efectos degradantes de esa esclavitud contemporánea camuflada bajo aparentes trámites burocráticos. Planteado en estos términos resulta deslumbrante este trasvase de vivencias de un tiempo a otro, donde el presente desvela la intensa vida oculta en el pasado, mientras que el ayer irradia luz sobre los entresijos trivializados y malversados de un hoy que se silencia y se nos oculta.

Trato de Argel es la pieza más trágica del teatro de cautivos de Cervantes, hasta el punto de que su estructura se sustenta en el descenso a los infiernos relatado por Dante en la Divina Comedia. Ernesto Caballero rescata precisamente los versos cervantinos que vinculan las cárceles de Argel con el Infierno de Dante, para ponerlos en boca de sus protagonistas: “¡Oh purgatorio en la vida, infierno puesto en el mundo, mal que no tiene segundo, / estrecho do no hay salida! / ¡Cifra de cuanto dolor / se reparte en los dolores, / daño que entre los mayores / se ha de tener por mayor!” Este sumidero que absorbe existencias humanas hacia un purgatorio en la vida, un infierno instalado en el centro de un orden democrático, no son solo los calabozos argelinos sino también los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), asentados en una indeterminación jurídica y una arbitrariedad en el trato de todo punto inadmisibles.

Tratos tiene en común con Cervantes considerar este cautiverio como un “Infierno”, en el que, a diferencia del averno de Dante, no van a caer en él los culpables que son eternamente castigados por sus delitos, sino inocentes inofensivos conducidos allí por las trampas del azar, la actitud depredadora de unos y la indiferencia ante el sufrimiento de la mayoría. Ernesto Caballero aprovecha que su pieza crece en diálogo con la de Cervantes, pero adquiere un estatuto de obra nueva, original y autónoma, para romper estereotipos. Algo que se agradece, ya que el teatro es el arma más eficaz para hacer trizas los prejuicios colectivos cuando vemos cómo prosperan en nuestro teatro más reciente dramaturgos orientados, por el contrario, a afianzar los clichés más de moda. En Tratos se pulveriza ante todo la imagen aséptica y fríamente funcionarial que proyectan en los medios de comunicación estos centros de internamiento. Y se tritura también la idea preconcebida sobre los propios internos. Nos encontramos con presos -más próximos a ser rehenes, en vez de condenados por la justicia-, de origen africano y de raza negra que no se amoldan a las convenciones colectivas con que los consideramos de forma habitual. No han llegado en patera, no sobreviven gracias al tráfico de estupefacientes o al negocio del top manta en las esquinas de las grandes ciudades. No son hambrientos que huyen de su lugar de origen para llenar el estómago vacío. Se trata, por el contrario, de personas cultas, con estudios superiores, con una ética firme y que buscan una salida a la altura de su valía y preparación. Un Aurelio camerunés de raza negra y especialista en Cervantes, no es un delirio de Ernesto Caballero, sino una circunstancia muy posible que solo nuestros esquemas mentales preconcebidos nos impiden ver con naturalidad.

A su vez, el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) alberga a unos funcionarios embarcados en una feroz lucha por el poder. Se han dejado en ellos los nombres sarracenos ideados por Cervantes, Yusuf por ejemplo, para subrayar el carácter desalmado que el autor de El Quijote denuncia en sus carceleros. Pero no es muy difícil descubrir en ellos la misma conflagración despiadada entre políticos españoles por hacerse con el mando público. El universo del despótico Segismundo de La vida es sueño calderoniano halla también cobijo entre los muros de estas mazmorras. El CIE se transforma así en un alegórico microcosmos de la nación donde la disputa salvaje por el poder se alterna con la manipulación de reclusos sometidos a las arbitrariedades, a veces bárbaras, de quienes mandan.

La crítica de Ernesto Caballero es aquí sutil y sagaz. Las autoridades tienen continuamente en su boca los ideales democráticos, pero no para hacerlos valer sino para utilizarlos como eficacísima arma de agresión contra sus enemigos políticos. La guerra entre Yusuf y Fátima para detentar el máximo poder en el CIE resulta paradigmática. Las informaciones de la más inmediata actualidad quizá me sugestionaron para ver reproducido en ella el combate entre Susana Díaz y Pedro Sánchez. Hechizos de la coyuntura política. En términos mucho más generales, se apunta de qué modo los valores universales de nuestra cultura se desvirtúan en la lucha por la supremacía personal, más para aniquilar dialécticamente al rival que para ponerlos en un funcionamiento efectivo en nuestra vida cotidiana. Otra forma de corrupción, en este caso de nuestros principios éticos más elementales.

El radio de acción de la crítica de Ernesto Caballero abarca una esfera aún más amplia. En esencia, se nos advierte que Europa, u Occidente en su conjunto, no puede esgrimir valores universales para incumplirlos cuando interesa hacerlo. Un grado tan extremo de contradicción resulta no ya inmoral, sino incluso suicida. Los principios de dignidad y libertad humanas no deberían traicionarse aunque se trate de inmigrantes irregulares, que con frecuencia son rebajados al régimen de esclavitud enmascarada. La cuestión migratoria no se va a resolver con Centros de Internamiento en una era global, sino actuando con generosidad en el punto de origen del problema, que presupone un trato justo con los lugares de procedencia. La obra de Ernesto Caballero sintetiza la sustancia última de la cuestión en el propio título del drama: Tratos. Ya en los diccionarios antiguos en la época en que Cervantes escribió su pieza, se consignaba que “trato” provenía del latín: “manipular con la mano, poner la mano en algo.” Expresión que puede derivarse hacia alocuciones positivas: “buen trato”, pero con más frecuencia señalar situaciones denigrantes: “trato doble”, “malos tratos”, “trato de cuerda”, “casa de trato”, “trata de blancas”. ¿Cuál de las dos realidades preferimos?

Ernesto Caballero logró dirigir el estreno de su obra en la Sala de Bóvedas del madrileño Centro Cultural Conde Duque, un espacio altamente sugestivo y simbólico para Tratos. Situado en el subsuelo del antiguo cuartel, soterrado con fuertes muros y altas bóvedas, el escenario lo constituía una prolongada y estrecha galería que nacía de unas rejas y desembocaba en otras simétricas rejas en el polo opuesto. El público situado en torno a esa galería, escuchaba los diálogos de los rehenes y los carceleros con la reverberación quimérica y algo siniestra provocada por la resonancia en las bóvedas. Perfecto para evocar las mazmorras del alma, los pasadizos del poder de Segismundo, el dolor del cautiverio que nos llega desde la época cervantina hasta el presente, lo real enterrado fuera de la mirada pública, las cañerías del poder, la caverna de los cautivos de Platón. Una fuerza expresiva que no habría de perderse en sucesivas representaciones, y cuyo zumbido gótico solo queda roto con la irrupción, al final de la acción dramática, del mismísimo Miguel de Cervantes para interesarse por la suerte de sus protagonistas, poniendo una nota de esperanza a través de su cervantina ironía. Una obra admirable que rompe moldes y que no debería quedarse en una pieza de culto, sino transitar por todos los rincones de la geografía española.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (12)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Desarrollo Editmaker

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.