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JORNADA 11: SEVILLA 1 BARCELONA 2

Messi hace sobrevivir al Barça a la fiscalización de Sampaoli |1-2

domingo 06 de noviembre de 2016, 22:38h
Messi hace sobrevivir al Barça a la fiscalización de Sampaoli |1-2
Colosal encuentro que repartió excelencia, tensión y lustre para el fútbol español. Por Diego García

Nervión calentó su horno para cerrar la undécima jornada en la acogida del partido estrella dominical. Se medían dos de los equipos que mejor forma han mostrado a estas alturas de calendario. Tan asimilada es la trayectoria que les separaba un punto antes del comienzo del duelo y compartían aspiraciones globales, o por lo menos hasta esta cita. Se desplegaba ante el Sevilla la posibilidad de argumentar la excepcional sensación que ofrece el cambio de mando, aunque sólo cuente con tres meses de bagaje. El bloque catalán vendría a calibrar la ambición hispalense y a reconducir su espíritu tras el bofetón británico. El triunfo del Madrid y la caída del Atlético desfragmentaba la cima clasificatoria y estos tres puntos adquirían una relevancia demasiado pesada para inaugurar noviembre. Todo ello envuelto en una charla colorida y energética, según los pronósticos.

Jorge Sampaoli no escondió, de inicio, su idea de juego. Es más, no se amilanó y potenció lo que quiere ver sobre el verde. El argentino confeccionó una suerte de 4-1-4-1, con N´Zonzi como único pivote destructor y Nasri, Sarabia y el 'Mudo' Vázquez como interiores de ida y obligada vuelta. Vitolo sumaría su entrega y desborde exterior a la participación móvil de Vietto. Rami y Carriço guarnecerían a Rico y Escudero y Mariano ejercerían de carrileros en una apuesta de raíz ofensiva. La confianza en que el punto de cocción era el adecuado llevó al campeón de América con Chile a buscar el protagonismo ante el equipo de filosofía más protagónica jamás inventado. Trataría de jugar con la presión para disponer de la pelota e incluir un esfuerzo de intensidad y cohesión colectivos que condujera al Barça al descarrilamiento. El contragolpe y la pelota debían volar, y la creatividad que sentó al tradicional músculo sevillista (con Kranevitter e Iborra como víctimas) habría de aliñar su calidad con trabajo y atención táctica para no verse expuesto y que el desafío terminara en ruinas. Se la jugó el preparador y quizá era el momento de hacerlo: con placidez y margen dentro y fuera de la jurisdicción nacional.

Luis Enrique Martínez limitó su intención a reproducir el esquema arquetípico, si bien hubo de lidiar con las ausencias de Piqué, Jordi Alba e Iniesta. Denis Suárez constituía la principal novedad como complemento de Busquets y Rakitic. Digne, Umtiti, Mascherano y Sergi Roberto repetían novedosa línea defensiva con el tridente estelar como colofón a un once que gozaba del último filtro Stegen. Necesitaría el Barça alcanzar el ratio de velocidad asociativa de sus mejores episodios para amortiguar el presumible ardor local. Además, la vigilancia tras pérdida (que desnudó su endeblez estratégica en Manchester a la espalda de la medular) adquiría una vigencia tan profunda como la capacidad para intercambiar el monólogo con el modelo de entrega de metros y contragolpe. Messi, Neymar y Suárez regresaban a un coliseo que les trae recuerdos acolchados pero su entidad enfrentaba a un púgil de piel mudada, que señalaría una exigencia más conjunta que de paciencia atacante. Se trataba, pues, de refrescar la pulsión competitiva en ambas facetas del juego, no sólo en el laboratorio del gol.

Así pues, con el augurio de una confrontación de fuegos artificiales, con presupuestos similares en ambos banquillos, se alzó el telón de los dos aspirantes a tomar el rebufo de los madridistas en este primer cuarto de curso. Y lo hizo desatando un tú a tú memorable que encontró en el primer pestañeo su síntesis. Un robo en campo rival y combinación frenética que culminó Vietto con una maniobra un tanto torpona y chut cruzado que atajó Stegen, abrió fuego. A continuación, respondió el Barça con una contra al galope de Messi que Neymar prolongó para la llegada de Suárez, que disparó cruzado para la estirada de Rico. Ambos equipos se desafiaron: presionaban muy arriba y penalizarían cada imprecisión. Las defensas se levantaban en el terreno y la compresión de los espacios era latente, entregando hectáreas a explotar a la espalda de las últimas líneas.

Nasri asumía el rol creativo, bajando para que N´Zonzi -el mejor de los suyos hasta el descanso- se nutriera en la elaboración. La red de ayudas y superpoblación en el ecuador decretadas favorecía al Sevilla, que se destacaba a pesar del efervescente intercambio elitista. Rakitic y Denis Suárez yacían muy retrasados en repliegue, hecho que prohibía los avances en estático de un Barça obligado, desde temprano, a jugar en largo y saltarse el centro del campo. Messi intentaba ocupar la plaza de mediapunta, con Neymar también escalonado en el interior, pero la argucia no surtiría efecto por la distancia entre las líneas y el intenso despliegue local.

Con el ritmo rozando términos absolutos sobrevino el primer punto de inflexión. La trama se gestó a partir de un fallo de la zaga sevillana al saque de Stegen, que no amortizarían Suárez y Neymar por una descoordinación flagrante. La anacrónica circunstancia se tornó en una contra tendida hispalense que declinó con el pase vertical de Vietto, al espacio y hacia el desmarque de Vitolo. Marró Sergi Roberto el despeje y el canario abrió el marcador con sencillez en el mano a mano con el arquero teutón -minuto 15-. Lucía más asentado el Sevilla en el rítmico burbujeo de picos y valles, de ataques y defensas. Y había recogido el fruto de la estudiada salida.

La primera posesión larga blaugrana aconteció justo después del primer tanto. El combatiente local cedió terreno para amoldarse al achique y contragolpe, pero no renegó de la posesión horizontal porque el Barça no se desataba en la presión. En torno al 20 empezó a pintarse la pelota de azulgrana. El desgobierno le dañaba al vigente campeón y decidió atemperar el tempo para tejer asociaciones prolongadas. Eligió imponer su personalidad cuando sufrió un gol de desventaja. Se había jugado bajo el paraguas volcánico de Sampaoli y en el cambio de paradigma todavía se subrayaría una mejor ocupación sevillana de los espacios, lo que atragantaba la fluidez y velocidad combinativa visitantes.

No llegó a mandar nunca el Barça. No disfrutaba de las riendas porque el centro del campo era líquido, volátil, y la intensidad local se imponía. Tampoco se garantizaba la oportunidad de ganar superioridades por banda, ya que no localizaba coherencia en la circulación para que sus laterales se sumaran, como es costumbre. Sin embargo, este encuadre de incomodidad apretaría pero no ahogaría a la frondosa fuente técnica y venenosa de los visitantes. Una pérdida de Vietto en la mediapunta, que se tradujo en el regreso fuera de sitio de Mariano y ofreció a Neymar su primer agujero a escudriñar, desembocó en amonestación para Rami y aviso para navegantes. El descuido significaba el resbalón hasta la lona.

Retomó el pulso el bloque dirigido por Sampaoli hasta el punto de relamerse en la gestión de la pelota. La muestra más paradigmática fue una combinación entre Escudero, Vietto, Vitolo y Sarabia, que eligió dibujar un taconazo cuando se hallaba en posición solitaria de remate –minuto 30-. Resultó inocua finalmente, pero sintomática, con el Barça partido. El riesgo era ya abrasivo en la contra local y el cortocircuito visitante entre líneas, palmario. No obstante, cuando Vietto cruzó demsiado su angulado disparo tras una asistencia de Sarabia que arrancó a Mascherano –minuto 32-, el Sevilla dictaba el compás y disfrutaba con la pelota. Las ayudas de la delantera catalana no llegaban y los carrileros, sobre todo Mariano, se incorporaban como punzones. No tenía pausa el bloque culé, cuyas piezas aparentaban desconexión, con demasiada distancia entre el tridente y los demás.

Intentó reaccionar, a un cuarto de hora del descanso, lanzando la presión para forzar el pelotazo de los centrales andaluces. Umtiti se imponía siempre y la batalla por domar el centro del campo por el cauce de la posesión controladora empezaba a ilustrar un paisaje más amable para los de Lucho, mientras que el fuelle local se resentía y el granítico bloque sevillano comenzaba a tardar en recomponerse tras pérdida, aunque no aflojó su valentía posicional, presionando en cancha ajena. Fruto de uno de esos movimientos corales nació el rebote del despeje de Digne que selló Vitolo con un disparo que no hizo diana -minuto 41-. Cinco minutos antes se desperezó Messi con un disparo muy cruzado –su primer intento-. Neymar recibió en su primer cara a cara con Mariano y cedió para la llegada de segunda línea de La Pulga. Para corroborar que la mejor terna de este deporte estaba en la casa.

Tal percepción quedó constatada con devastadora rotundidad en el 43. Denis escapó de la parcela central sevillana y promocionó una contra que Neymar elevó a la categoría de aproximación gruesa. El brasileño encaró, reclamando la atención de varios zagueros, y contemporizó hasta ceder para el remate de seda, ajustado a la madera, de Messi. Empate. Con un mínimo guarismo productivo, la pegada de sus delanteros sostenía el desorientado rendimiento visitante en uno de los primeros tiempos más tenebrosos del presente ejercicio. Perdió la posesión (52 a 48 por ciento) y en la gestación de llegadas (nueve a cuatro), pero su eficacia actuaría como antibiótico. Se marchó con 1-1 el vibrante combate repartiendo satisfacción para los estrategas. Sampaoli casi sacó de eje al aristócrata de enfrente por los efluvios de su eléctrica esencia y Luis Enrique llegó vivo al camarín, contemplando el factor físico como un parámetro favorable.

Con todo por decidirse avanzó la reanudación lo que se constataría como un espejismo. Copió el segundo tiempo el prólogo del duelo: acción y reacción en forma de remates. En primer lugar, Vietto sembró una transición que Nasri zanjó con un zurdazo a los guantes de Stegen; y en segundo término, Neymar desbordó, pegado a la línea de fondo, y centró hacia la frontal, donde asomó y encañonó Rakitic a Rico, que repelió el intento. Todo ello se desarrolló antes del minuto 48. Pero la tribuna del Pizjuán no contemplaría la reproducción de lo visto. Por el contrario, se extendería la jerarquía del Barcelona en el estilo sobre el que gravitó el partido. Sin oxígeno suficiente para sostener la unidad de líneas y ayudas, el Sevilla perecería en su intentona por presionar y ofrecería los espacios de los que había adolecido el tridente visitante. Así, con los culés igualando la intensidad, los andaluces se vieron comprometidos.

Los focos y el escenario fueron robados por el lanzamiento constante de balones hacia el magentismo de Messi, que no eludió su responsabilidad, se multiplicó posicionalmente y disparó la resolución y convicción de sus compañeros. En torno al genial pequeño argentino brotó la versión contragolpeadora que patrocinó el último triplete blaugrana. Golpeó, primero, en el 54, tras aprovechar el balón aéreo de Mascherano y la dejada exquisita de Suárez para chutar arriba (con despeje rebosante de reflejos de Rico); sentó a dos zagueros en una baldosa de la frontal para perdonar, repitiendo su disparo la dirección previa; y, con tiempo para pensar y ejecutar, centró la atención del descompuesto repliegue oponente, acumulando sombras, para aclarar el camino con un sencillo pase que desahogó las apreturas y entregó a Suárez el 1-2. Definió el impío charrúa con un lanzamiento seco y rasante –minuto 61-. El Barça había conseguido reconocerse, domesticar a su contrincante y brillar. Con su estrella resaltando su unicidad.

El desenlace de la intensa conversación amagaba incertidumbre, pues el Sevilla, aunque a ráfagas, alcanzaba a interponer gallardía como enmienda al discurrir de los acontecimientos. Pero el momentum azulgrana no cedía y los visitantes no iban a aflojar su pulso. Siquiera se planteaban recurrir a la anestesia del juego de toque horizontal. Iban a por la sentencia. Sampaoli reaccionó dando entrada a Ganso e Iborra por Vázquez y Narsi –fundidos- para ganar músculo, pulmones, claridad y juego aéreo, y dispondría de argumentos todavía. No obstante, N´Zonzi rozó el empate en el 73 con un cabezazo desviado que retrató la rebatible salida de Stegen en un córner. Pero, como los segundos clasificados renegaban de la posesión estatista, el ida y vuelta no se deshizo, regalando un cierre que mezclaba épica y peligro en cada vaivén.

André Gomes sentó a Rakitic -transparente- y Rafinha hizo lo propio con Denis Suárez -plomizo-, en paralelo, el Barça seguía buscando la calma. La inclusión de Ganso pretendía más precisión en el lanzamiento de contras, pero restaba sostenes. La valentía filosófica de Sampaoli no remitiría, y Rico sostendría a los suyos. En la recta final se apilaron los acercamientos visitantes: Neymar imaginó un pase espléndido para que Suárez superara a Rico en su salida pero no ampliara la ventaja del Barça; de inmediato, en el 75, Messi frotó su lámpara para envolver con lazo el remate de Suárez al que el meta andaluz respondió con éxito; el argentino cabeceó a las manos del internacional español en el 77; y un minuto después fue Umtiti el que probó suerte, demasiado cruzado.

Con Correa dando respiro a Sarabia abrazó el Sevilla a su adn batallador para llegar con oportunidad de salir a flote en este descosido segundo acto. El rigor táctico y la unidad del sistema se hicieron conceptos ilegibles y descolgaba a sus torres para bajar balones verticales. Hasta seis piezas bordeaban el área de Stegen en intervalos que no llegaron, empero, a constituir un respingo postrero. Messi y Suárez se aliarían para zurcir el candado que congelara la valiosa ganancia de puntos y los dos gigantes se escaparían en la clasificación general. Digna representación de la voluntad de Sampaoli, que aguantó lo que dio el físico de sus artistas desdoblados en obreros. El Barça supo sufrir sin naufragar, confiado en poder agujerear cualquier montaña en base a la calidad. Y el cansancio y la puntería terminaron por decidir otra obra de arte para guardar en la videoteca de la Liga española. Fútbol ofensivo, propuesta colorida, llevada a su máximo exponente con el sostén de la intensidad y el estudio táctico, para vanagloria del balompié patrio. Con el mejor futbolista de la historia de la Ciudad Condal resplandeciente. Estos son los datos del diagnóstico: 52% de posesión blaugrana y 15-14 en ocasiones generadas para los locales.

Ficha técnica:
1 - Sevilla:
Sergio Rico; Mariano, Carriço, Rami, Escudero; N'Zonzi, Nasri (Iborra, m.78); Sarabia (Correa, m.84), Franco Vázquez (Ganso, m.67), Vitolo; y Vietto.
2 - Barcelona: Ter Stegen; Sergi Roberto, Mascherano, Umtiti, Digne; Rakitic (André Gomes, m.72), Busquets, Denis Suárez (Rafinha, m.86); Messi, Luis Suárez y Neymar Jr.
Goles: 1-0, M.15: Vitolo. 1-1, M.43: Messi. 1-2, M.61: Luis Suárez.
Árbitro: Jaime Latre Santiago. Amonestó a los locales Rami (m.26), Mariano (m.49), N'Zonzi (m.82) y Carriço (m.85), y a los visitantes Neymar (m.10), Sergi Roberto (m.44), Digné (m.66), Messi (m.83) y Luis Suárez (m.88).
Incidencias: Partido de la undécima jornada de LaLiga Santander, disputado en el Ramón Sánchez Pizjuán ante unos 41.000 espectadores. Asistieron al encuentro desde el palco varios actores de la serie "Juego de Tronos", que ruedan en Sevilla escenas de algunos episodios.

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