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CRÓNICA RELIGIOSA

Una asamblea tranquila

Una asamblea tranquila
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domingo 27 de noviembre de 2016, 11:35h
Con estas palabras me definía un obispo el resultado de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, que se ha celebrado esta semana en Madrid y que ha tenido como eje principal la visita de los Reyes con motivo del 50 aniversario dela institución eclesial española. Una visita real que sucedía a aquella otra que hizo el Rey Juan Carlos I en 1992, en marcos sociales y políticos muy diferentes, tanto a nivel nacional o internacional, incluso en el ámbito universal de la Iglesia.

El Rey Felipe en su discurso hizo hincapié en la labor social de la Iglesia en España, con palabras muy medidas y suponemos muy consensuadas: “desde sus inicios-dijo Felipe- la vocación de servicio y ayuda a la sociedad española ha sido una constante a lo largo del tiempo, pero es en los momentos de crisis cuando dicha presencia se ha hecho más visible. Estos últimos años, nuestro país, dentro de un contexto de crisis económica mundial, ha sufrido grandes dificultades y la Iglesia católica, mediante el trabajo de coordinación y dirección de la Conferencia Episcopal y sus Comisiones Episcopales, ha aumentado en más de un 70% los centros sociales o asistenciales donde se hace presente una actividad asistencial que también ha aumentado en más de un 15%. De esta forma, la Iglesia sigue estando al lado de los enfermos, los excluidos, los inmigrantes y todos aquellos otros colectivos más vulnerables”.

Un discurso muy medido, criticado por algunos que esperaban algo más. Unas palabras que fueron muy agradecidas por todos los prelados españoles, que el día antes habían escuchado otras del Presidente de la Conferencia Episcopal Española, el arzobispo de Valladolid, cardenal Ricardo Blázquez, que recogían el sentir de muchos sobre todo cuando habló de la constitución del nuevo gobierno y de lo que espera de él la Iglesia de nuestro país: “Se abre un horizonte de esperanza, a la cual deseamos convocar. La esperanza es decisión y ánimo de cara al futuro, que siempre está poblado de posibilidades y de inquietudes…En la situación actual debemos llevar a cabo una catarsis, una purificación profunda de actitudes y un cambio de conducta moral. La corrupción con tantas personas implicadas y diversos focos de contaminación ha degradado el servicio público. Han trascendido a la opinión pública hechos de corrupción, al tiempo que miles de personas perdían su puesto de trabajo. La falta de honradez causa irritación. Sin una revisión y regeneración ética no podemos afrontar esperanzadamente el futuro. La esperanza que no se traduce en obras no pasa de un deseo. Para fortalecer el trabajo de la esperanza necesitamos abandonar la incomunicación y caminar unidos. Que cedan los partidismos en favor del bien común, de lo que a todos nos afecta y nos puede beneficiar. Es una convicción compartida el que nos aguardan reformas importantes y proyectos fundamentales en que todos deberíamos converger. El interés general y el futuro de la sociedad están en juego…La familia es el ámbito humanizador primordial. Sin trabajo y sin familia es difícil mirar al futuro con serenidad. La familia vence la soledad; es el recurso básico en las situaciones de enfermedad y desprotección social. Recordemos cómo en los años más agudos de la crisis ha sido la familia un recurso básico. La salud de la sociedad en gran medida depende de la salud de la familia”.

Unas palabras, repetimos muy importantes, para todos. Hay que escucharlas, no oírlas simplemente. La Asamblea Plenaria ha sido tranquila con una gran siembra.
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