El PP quería gran coalición, pero el PSOE dijo “no” por activa y por pasiva. Desde el principio. Hasta que se rompió y, ante el riesgo real de unas terceras elecciones, Ferraz abrió con su abstención las puertas del Palacio de la Moncloa a Mariano Rajoy. Casi un año después, España dejaba atrás la etapa en funciones y se ponía en marcha. Empezaba, coincidieron unos y otros, la etapa del diálogo y la negociación.
Lejos de mayorías absolutas, desde aquel 29 de octubre nuestro país vive inmerso en una nueva era política marcada por un Ejecutivo en minoría que está obligado a dialogar y llegar a acuerdos. La negociación es permanente. Si al final España no funciona, el presidente del Gobierno podría (podrá) llamar de nuevo a las urnas a partir del próximo 3 de mayo.
Los socialistas desbloquearon un panorama ante el que el primero que se movió fue C’s, que pasó del “no” a la abstención y, más tarde, de la abstención al “sí”. Fue el relato de una “larga caminata” que unió a Mariano Rajoy y Albert Rivera para “hablar de los problemas de los españoles”. Atrás quedaban las “líneas rojas” que les impedían sumar: azules y naranjas negociaban, se acercaban a la mayoría necesaria para gobernar, pero no llegaban. Era finales de agosto; la abstención del PSOE aún tardaría en producirse. Pero al final lo hizo, eso sí, dejándose por el camino a Pedro Sánchez, abanderado del “no es no”… con todo lo que ello ha supuesto y está suponiendo.
Con la XII Legislatura en marcha llegó la hora de la verdad. Y lo cierto es que PP y C’s no suman escaños suficientes en el Congreso para sacar adelante la gobernabilidad. La otra verdad es que un PSOE roto como el actual no puede ir a unas elecciones. Es decir, tiene que equilibrar su postura de oposición con permitir que el Gobierno pueda gobernar para evitar así que Rajoy apriete el botón de los comicios.
Y en esa balanza están los socialistas desde el principio. Por altura de miras o sentido de Estado, los titulares de acuerdo entre PP y PSOE se suceden. Tras el bloqueo político de 2016, la sinergia beneficia a ambos: el Gobierno presume de capacidad de diálogo y lanza un mensaje de solvencia; Ferraz, de oposición útil mientras se reconstruye. Mientras, Ciudadanos lucha para que no se desdibuje el destacado papel que jugó en el inicio del desbloqueo, al tiempo que Unidos Podemos habla de “triple alianza” o “gran coalición” según quiénes acuerden.
Presupuestos o elecciones
La “mayor subida en 30 años” del salario mínimo interprofesional, el techo de gasto, el objetivo de déficit autonómico o la convalidación del Decreto Ley que regula la devolución de las cláusulas suelo son algunos de los terrenos en los que PP y PSOE han pactado en estos primeros meses. El último reducto explorado, que se ha conocido este miércoles, es el Tribunal Constitucional, donde han alcanzado un principio de acuerdo para renovar cuatro vocales.
No obstante, si hay algo que ocupa y preocupa son los Presupuestos Generales del Estado para 2017. Las pensiones y la cobertura por desempleo pueden ser claves en unas cuentas imprescindibles para que la legislatura siga avanzando, por lo que el Ejecutivo de Rajoy está dispuesto a aceptar las propuestas socialistas. También la reciente Conferencia de Presidentes autonómicos en el Senado ha dejado, en general, un buen sabor de boca. Si bien es cierto que hay diferencias, el acuerdo pareció imponerse en una cita en la que todos los asistentes cerraron filas contra las ausencias del catalán Carles Puigdemont y el vasco Íñigo Urkullu.
“A lo mejor no le hago un favor, pero tengo muy buena opinión de Javier Fernández; es un hombre sensato y razonable”, explicaba este martes un Rajoy que no oculta la buena relación que le une al presidente de la gestora. Eso también ayuda, de la misma manera que ni siquiera el más mínimo acercamiento fue posible durante la etapa de Pedro Sánchez.
Ante las críticas por dejar de lado a C’s (32 escaños), el PP (137) se defiende: la aritmética parlamentaria entre socios de investidura es insuficiente y el PSOE, además, debe estar en los grandes pactos de Estado. Es decir, a los populares les interesa llevarse bien con el PSOE, y viceversa. No solo eso: al PP le conviene que C’s pierda fuerza, lo mismo que le ocurre al PSOE con Podemos. Pasada la época de desencuentros, y a la espera de lo que ocurra en las primarias socialistas, Moncloa, Génova y Ferraz se entienden. Los acuerdos alcanzados hasta ahora así lo corroboran. Llegarán más. Aunque ahora mismo todo está en el aire, precisamente, por el anuncio del ex secretario general socialista: vuelve Sánchez, ¿adiós a los pactos?