Relato del paseo de Diego Maradona por Madrid, por Nápoles y la FIFA en 2017.
Luka Modric, cerebro merengue, compareció en la previa del partido que enfrentó al Real Madrid y al Nápoles para ofrecer su análisis del duelo. En la comparecencia ante los medios españoles e italianos cayó sobre la mesa, era inevitable, el nombre del mito argentino que entregó al club napolitano sus únicos trofeos de relumbrón (dos Scudetti ante la Juve de Platini y el Milan de Sacchi y la Copa de la UEFA de 1989). "Gracias a Dios que no juega Maradona", confesó el croata, quien, además, compartió la satisfacción de saberle como espectador del partido que felizmente ganarían los españoles. Pues bien, el 'Cruyff de los Balcanes' expuso, con la sinceridad del admirador de una leyenda viva, una reflexión que se vería muy comprometida por las evoluciones de El Pelusa en su estadio en la capital.
Maradona, que ha adquirido en enero el cargo de embajador de la FIFA, está comprometido a "trabajar por una FIFA limpia y transparente". No obstante, en una entrevista concedida a Clarín, la suerte de deidad para el pueblo futbolístico argentino desde 1986 explicó que está en la tarea de denunciar, por escrito, la "destrucción del fútbol argentino". Entre sus atribuciones está la de elaborar un informe ante el flagrante desgobierno que aflige a la Asociación de Fútbol de Argentina (AFA) tras el escándalo de corrupción y el fallecimiento de su tótem, Grondona. "Yo voy a llevar mi informe a Zurich y voy a hablar con (Gianni) Infantino -presidente de la organización gerente del balompié internacional- porque me parece que las cosas no se están haciendo nada bien y al Gobierno le da lo mismo", declaraba la versión más centrada y guerrera del futbolista que nunca tuvo reparos en posicionarse en favor del kirchnerismo y en publicar su admiración y amistad con Fidel Castro.

Con este tino fuera de las canchas empezó el año el 10 más emblemático que haya conocido este deporte. Su displicente e irregular comportamiento como "civil" no había brotado todavía en el mes y medio de 2017. De hecho, lo primero que se supo de Diego Armando en enero fue la clase maestra que ofreció a los jugadores del Deportivo Riestra -club bonaerense que compite en la Nacional B, la tercera división del fútbol argento-. Su zurda -de 56 años- participó en un amistoso y se quedó con los futbolistas del primer equipo y los juveniles del modesto club para aleccionarles, con una soberbia muestra, sobre cómo golpear un tiro libre inapelable. Parecería que tanto Maradona como el Riestra compartían pretemporada, visto lo visto.
Antes de arribar a Madrid y alimentar la ya enfangada imagen que arrastra, el ídolo que paraliza a la ciudad partenoea (que perdona cualquier salida de tono alegal o inmoral del ser humano que hay detrás del futbolista, como si sintieran una deuda irresoluta para con la felicidad que les brindó en los ochenta, una década especialmente punzante para el sur italiano, heroína mediante) explicó, en una entrevista, su relación con las drogas, que inició en Barcelona y definió como "el error más grande" que ha cometido en su vida. "La droga mata", proclamó en prime time al tiempo que aseguraba llevar más de una década "limpio". El caso es que el ex jugador del Argentinos Juniors, Boca y Sevilla aterrizó en Italia para reconciliarse con la sociedad: arregló sus ancestrales problemas con el fisco (de manera sui géneris), se reunió con un hijo no reconocido hasta hace poco y aceptó la propuesta del presidente de la S.S.C.C. Napoli para acompañar al equipo en su visita al Bernabéu y luego ya veremos si asume ser el representante de la entidad al estilo de Raúl con La Liga o Emilio Butragueño en el Real Madrid.
Lo cierto es que su estancia en el hotel Eurostars Mirasierra Suite madrileño ha venido a manchar la inercia positiva que parecía abrazar el ciudadano que fue cortejado por el coro de los cientos de hinchas napolitanos que hicieron guardia en torno a su hotel. Lo que comenzó como un acomodo plácido -a las 15:00 del lunes-, con visita al spa y gimnasio de las instalaciones hoteleras, desembocó, como llevado por la pasión que le persigue desde que regresó a su patria chica napolitana, en un harakiri público que refrescó los fantasmas que siempre han asomado para derrumbar lo excelso y verdadero de la Iglesia Maradoniana: su desagradable relación con la prensa y su tendencia a la violencia.
Todavía se recuerda cómo el genio del fútbol mundial -en palabras del uruguayo Víctor Hugo Morales, tras narrar el mejor gol de la historia de los Mundiales y en plena vendetta socio-deportiva por el conflicto de las Malvinas- echó a escopetazos (de aire comprimido) a la prensa que circundaba la verja de su quinta de Moreno, en 1994. Algo menos rememorado es la ruptura de un vaso en la cabeza de una mujer que discutía con su hija Gianina en la Polinesia, en 2006. Y más memorable es el lamentable suceso, grabado por su actual novia, Rocío Oliva, cuando el ex jugador le golpeaba e increpaba presuntamente por mirar su teléfono móvil. Este último acontecimiento entronca lo ocurrido en una de las zonas más distinguidas de la capital española.

El atracón de furia se descorchó, a pesar de caminar guarecido por un denso corrillo de guardaespaldas, cuando el periodista Ángel García le preguntó cómo veía el partido del Nápoles en la previa al duelo. Maradona salía de cenar con su pareja y, en el día mundial de la radio, ofreció a la Cope un documento tan único como despreciable: golpeó al periodista al entender que éste había violentado la intimidad de su familia y le profirió las siguientes amenazas que aclaraban la ausencia del codazo recibido por el reportero. "Golpe no te di. Si yo te pego a vos no te queda la nariz. Yo lo que quiero es comer tranquilo y vos no tenés habitación en el hotel para estar aquí. Tengo el derecho de hablar con mi familia y vos tenés un micrófono, querido (...) Acuérdate que si yo te pego mano a mano te estropeo", manifestó, airado, el Diego. Así concluyó el primer día, lunes, de su regreso a España.
Sin embargo, esta escaramuza quedó en nada ante la escalada del pelaje agresivo que cultiva y florece en el centrocampista que inspiró a las estrellas del presente. En la noche del martes al miércoles restalló una pelea con su pareja en la habitación del hotel. La Policía Nacional y efectivos sanitarios del Summa se desplazaron al lugar a las 8:30, alertados por una "fuerte discusión". Las pesquisas médicas no registraron daños ni lesiones en ninguno de los componentes del brete. Y la ausencia de denuncia provocó el abandono de los efectivos policiales. "Estoy pasando por un gran momento, que la cuenten como quieran...", se jactaba del desenlace del indeseable acontecimiento en su red social en Facebook.
Allí publicó el siguiente texto, horas antes de tener que acudir a la comida oficial de directivas con los mandatarios del Real Madrid: "Quiero decirle a todos que me encuentro en Madrid, disfrutando de mi familia, y esperando el partido del Napoli, por la Champions. Mi abogado Matías Morla se comunicó con las autoridades españolas. No hay ninguna denuncia y nadie le supo explicar el motivo de este show mediático".
La volcánica estancia en nuestro país del mejor futbolista que haya pisado un césped (asunción subjetiva) finalizó con un acceso trompicado a su transporte, acompañado por Florentino Pérez (del estado de El Pelusa tras el ágape sólo ha trascendido la mueca jocosa efectuada por Butragueño en la despedida de ambas comitivas), su llegada a deshora a su escaño en el palco de Chamartín y la arenga que le brindó a los jugadores napolitanos en el descanso del duelo. Y tras todo lo relatado volvió a su rutina, sea cual sea. De lo que no queda duda es de lo anacrónico (o romántico) del amor incondicional que le profesan sus fieles. De Laurentiis, presidente del club que detiene cualquier entrenamiento de la primera plantilla para que el técnico y los jugadores charlen y se fotografíen con Maradona, anunció la intención de su entidad de convertirle en embajador. Parece que el mandatario está más alineado (o alienado) con los coros que todavía le dedican los tifossi que con la imagen dejada en Madrid o la dudosa capacidad para gestionar grupos que le ha negado el ansiado rol de entrenador. "Chi ama non dimentica" (quien ama no olvida) reza en una de las eternas pancartas que cuelgan en San Paolo.