“El dinero es mejor que la pobreza, aun cuando sólo sea por razones financieras”. Woody Allen
El otro día nos contó un compañero de trabajo que su padre había tenido un grave problema de salud y que estaba en la UCI. Me salió decirle lo típico: “siempre andamos preocupados por tonterías y nos olvidamos de las cosas importantes”. A lo que mi compañero respondió: "
menos mal que están todas esas chorradas para preocuparse, si no, no podríamos vivir”. Interesante forma de verlo.
Estuve varios días dándole vueltas a este giro. Pensé que parecía una opción muy práctica eso de no estar pensando todo el día en ‘lo importante’ para no sufrir tanto, que por otra parte, entiendo yo que ‘lo importante’ se refiere, principalmente, a la falta de salud, ya que no se usa esa frase tan alegremente, a no ser que nos encontremos en una situación extrema, como en un hospital o en un velatorio, por ejemplo. A priori, parece que es una buena opción distraerse y preocuparse por cosas intranscendentes, pero lo curioso del asunto es que uno puede llegar a sufrir prácticamente igual tanto si le embargan la casa como si le comunican una enfermedad seria o, peor aún, si un hijo suspende, si se nos rompe el móvil, si nos quitan la cartera, si perdemos un vuelo o si se nos ensucia una camisa mientras comemos. Si el sufrimiento se pudiera medir en una escala del 1 al 10, siendo el 10 el dolor extremo
, ¿ustedes creen que cuando les multan o les dan gato por liebre, sufren un ‘1’ o un ‘2’? Entiendo que el asunto es subjetivo y muy relativo, y, enfermedad y problemas extremos aparte, lo que es importante para unos no lo es para otros, ya que no todos sufrimos igual por las mismas cosas, pero… qué casualidad que en sociedades parecidas la temática de sufrimiento sea muy similar.
Según el barómetro del CIS del pasado mes de Febrero, a la pregunta: “de los problemas que existen en España actualmente, ¿cuál es el problema que a Ud., personalmente, le afecta más?”, los resultados (en porcentajes) fueron los siguientes: el paro (28.4%), los problemas de índole económica (13.1%), la corrupción y el fraude (6%), la educación (4.2%), la sanidad (3.9%) , las pensiones (5.8%), los/as políticos/as en general (3.7%), la calidad del empleo (3.7%), los problemas de índole social (2.5%), las preocupaciones y situaciones personales (2.4%), la subida del IVA (1.1%). [Ninguno (5.3%), No Sabe (7.5%) y No Contesta (2.7%), sumaron el 15.5%]. Resultados que me llevan a la segunda parte de la exposición.
Hace poco, otro amigo soltó esta frase que hemos escuchado tantas veces: “el dinero mueve el mundo”, a lo que uno respondería de primeras, y sin pensar demasiado, que sí, que es cierto y que no hay ninguna duda. Pero en realidad hay algo perverso en estas dos presunciones relacionadas entre sí, ya que no es cierto que preocuparse por tonterías, principalmente relacionadas con lo material, no nos haga sufrir, como tampoco es cierto que el dinero ‘mueva el mundo’. Ni mucho menos, aunque sí podría afirmar sin lugar a dudas que “el dinero crea mucho sufrimiento en el mundo y que no es tan importante, en el fondo”. En el mundo occidental puede que la adoración al becerro de oro se nos haya ido tanto de las manos que los problemas asociados a la escasez de dinero o, mejor dicho, a su abundancia, ocupen la mayor parte de nuestras preocupaciones y llenen el depósito de nuestro sufrimiento. Según la encuesta del CIS, podríamos decir entonces que en España “el dinero y sus derivados es, con diferencia, lo que más nos hace sufrir” y deducir que “el resto, en realidad, son cosas sin mayor importancia”. Está claro que nadie respondería a la pregunta “¿cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España?” con respuestas como: la falta de amor, el egoísmo, la avaricia, la soledad, la mentira, el estrés, la enfermedad, la injusticia, los problemas de hacerse viejo, la falta de sensibilidad o el destino de la humanidad, pero creo que la deformación en nuestra escala de prioridades y valores es tan evidente como las frases que nos delatan.
Nunca podría insinuar por un momento que las personas del tercer mundo no sufran, porque sufren mucho, muchísimo, pero estoy convencido de que, para muchos de ellos, hay cosas infinitamente más importantes que el dinero y de que el depósito de su felicidad se llena más fácilmente de amor, de compañerismo, de generosidad y de sensibilidad que el nuestro. En este sentido, me gustaría que fuéramos más tercermundistas y en un sentido más amplio, quizás los subdesarrollados no sean ellos, sino nosotros.
"En la riqueza, muchos amigos. En la pobreza, ni siquiera parientes." Proverbio Japonés