El español y el suizo se enfrentarán por tercera vez en 2017.
Cayo Vizcaíno acoge este domingo un nuevo capítulo de la rivalidad más romántica que ha acogido el tenis en su historia. En este arranque de temporada
Nadal y Federer se han enfrentado más veces que en los dos últimos cursos y es por ello que el sabor de la
refrescada mística que les citaba en pos de los grandes títulos hace más de un lustro impregna esta final del Masters 1.000 de Miami. "Esta ha sido la primera vez en que he ganado a Rafa tres veces seguidas y espero que haya una cuarta victoria consecutiva", declaraba un helvético que ha de recuperarse del denodado esfuerzo que realizó para llegar a este peldaño.
No obstante, el del Basilea necesitó un
triple tie-break ante Kyrgios para tratar de ampliar la particular racha mencionada. El cansancio y la diferente intensidad aplicada por ambos en las semifinales son los aspectos que decantan las previsiones en favor del manacorí. Tiene ante sí el balear, por tanto, la oportunidad de
revertir la inercia que comenzó en la final de Australia, cuando el estiloso tenista centroeuropeo ganó por suizo ganó por 6-4, 3-6, 6-1, 6-3 y 3-6 en un épico partido, y que prosiguió en los octavos de final en Indian Wells (6-2 y 6-3).
Este combate contiene, además, un significado especial, ya que hay un precedente en esta cancha. La pista central de Crandon Park congregó a ambos en
2005 y en aquel evento Federer remontó a Nadal para adjudicarse el entorchado por otro magnífico 2-6, 6-7(4), 7-6(5), 6-3 y 6-1. Esta sería la primera de las opciones que ha disfrutado Rafael para alzar uno de los pocos trofeos que eluden su exquisito palmarés.
"Fue un partido épico y un punto de inflexión en mi carrera", recuerda Roger de aquel día. Ahora, con 35 años, se examina ante un púgil de 30 años que ha confesado a comienzos del campeonato que
"en Miami he perdido más de lo que debería". Y es que hay un halo de revancha rotundo en la atmósfera de esta jornada dominical.
Además, la conclusión gloriosa del torneo de Florida ha venido a nutrir la presente
reconciliación de estas dos leyendas con el deporte de la raqueta. Porque los dos se encuentran en este año congraciados en la salida de la travesía por el desierto que las lesiones y las derrotas cimentaron sobre sus respectivas convicciones. Wimbledom fue el último torneo que vio al suizo competir. Tras la hierba, decidió retirarse para centrarse en la rehabilitación (seis meses de baja) de la rodilla izquierda de la que fue operado en febrero de 2016. Nadal, por su parte, decidió contemporizar su ansia por regresar a la élite y recuperar del todo las molestias dolorosas que le causaba su muñeca izquierda.
La consistencia y regularidad ha sobrevenido en el ejercicio recién estrenado para devolver a estos dos colosos a la cima de los focos tenísticos. No muchos contaban con sendas resurrecciones, pero el sexto y sétimo del ranking ATP han hurtado el protagonismo a Djokovic, Murray y compañía.
Esta reproducción de los "
viejos tiempos", en palabras de Roger, subrayara la inesperada vigencia de aquella época en la que se enfrentaban con asiduidad, "
cada dos semanas y nunca teníamos suficiente" -según Nadal-. Sobre la pista se pondrán en el tapete la relación de victorias y derrotas (23-13 va ganando Rafael), el hecho de que el español no gane al helvético desde la semifinales del Abierto de Australia de 2014 y el excelente momento de forma que ha aumentado a 90 los títulos de Federer. Sin duda, no es imaginable un colofón mejor para la cita de Miami (tras la lesión de Raonic, la incomparecencia de Murray y
Nole y el bajón de rendimiento de Nishikori).