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Entrevista

César P. de Tudela: "La cumbre que más me ha costado escalar es la del miedo"

sábado 28 de junio de 2008, 00:43h
¿Cómo le fue en su última expedición al Everest?
Realmente solo estuve viendo la gran montaña desde Nepal. No se podía pasar al Tíbet y decidí que dejaría el reto de tratar de llegar a la cima para la primavera próxima, tal como estaban las circunstancias. Me entrené, paseé por la montaña y vigilé el comportamiento de mi corazón.

Llegar al Everest ha costado la muerte de muchos alpinistas. ¿No tiene miedo, teniendo en cuenta que ha sufrido ya dos infartos?
Sí. Se que mi decisión es peligrosa, pero es un “mandato del alma”. ¿Cómo podría negarme?

¿No cree que ya está al límite de su cronología?
Debo de estar cerca, pero quiero aprovechar estos años en los que puedo correr, saltar, esquiar, volar, escalar... y pensar que la vida sigue intacta para los que persiguen los “anhelos”... La gente se hace mayor enseguida, pero yo me rebelo contra las leyes biológicas con la fuerza del espíritu.

¿Qué pasa por su cabeza en situaciones limites?
Son una reacción frenética ante el peligro inminente. Acorazas el cuerpo preparándote para el golpe, los pensamientos se aceleran... Hay una descarga enorme de adrenalina que va amortiguar el dolor físico... Se pide a Dios ayuda...


¿Cómo sale airoso el ser humano en éstas situaciones?
Es cuestión de suerte. Yo creo que sigo vivo por ayuda de Dios fundamentalmente y un poco de mí mismo, ya que no puedo entregar mi cuerpo teniendo todavía tanto que hacer en esta vida...

Por desgracia Iñaki Ochoa de Olza no corrió la misma suerte en el Annapurna...
Efectivamente. Ochoa de Olza hacía un alpinismo muy arriesgado. Cuando le sobrevino el coma, ya tenía posiblemente el edema cerebral hacia días, junto a la situación del normal deterioro físico por frío, por falta de alimentación, por cansancio; todo ello junto a un posible edema pulmonar también. No tenía remedio, no llevaba oxígeno, que siempre despreciaba, no tenía ningún fármaco adecuado... Cuando le sobrevino el desmayo, Ochoa ya estaba en coma y nadie podía salvarle... Ochoa sabía nadar pero no guardar la ropa...

Hoy está de moda para mucha gente, incluidas las de poder económico, escalar el Himalaya ¿Qué le parece esta nueva clase de turismo?
Pues como bien dice es una nueva clase de turismo, aunque he de añadir que es un turismo muy incómodo, muy duro y también peligroso y caro. Los que pueden pagarlo son gente que tiene grandes posibilidades económicas (o confían en las subvenciones del Estado, que ahora son frecuentes en determinadas regiones españolas, quizás excesivamente, sin devolver nada a cambio -yo creo que siempre hay que devolver más de lo que recibes-). Y además es preciso tener mucho tiempo, ya que en el Himalaya todo es muy lento. En cualquier caso el alpinismo se puede practicar de forma extraordinaria fuera del Himalaya, aunque la moda esté sólo en los “ochomiles”, que hoy día ya no son ni mucho menos “lo más”.

¿Cuáles son los peligros derivados del altitud?
La falta de oxígeno puede producir edemas que siempre son mortales si no se desciende, junto al frío que congela, el cansancio extremo, el deterioro del organismo, etc, sin hablar de las tormentas o de otros peligros (caídas, avalanchas...).

¿Cómo es posible que los alpinistas vivan durante semanas a gran altura, haciendo grandes esfuerzos físicos, teniendo cifras de oxígeno en sangre inferiores a las de los pacientes ingresados en la UCI, a quienes hay que conectar a un respirador?
Es así ciertamente. La gran ilusión, la fuerza de espíritu. Los alpinistas son gente en muchos sentidos admirables y también muy arriesgados. Es posible que tengan un concepto de la vida distinto a la de todos. Sobre todo saben sufrir. Aunque entre los alpinistas también existen muchas familias.



¿Es cierto que el corazón se llega a parar en algunas ocasiones?
El mío va muy justo y deseo que de momento no se pare; pero creo que es cierto que en la altitud, a veces entre pulsación y pulsación pasa una eternidad...

¿Cuál es el sentido que hay detrás de las expediciones que ha realizado a lo largo de su vida?
Conocerme, ser el que quise ser, curiosidad geográfica, reto, superarme a mí mismo, irme para desear volver, ir tras el hondo secreto de nosotros mismos, huidas, reencuentros...

¿Cuál es la cumbre que mas le ha costado escalar?
La cumbre que más me ha costado escalar es la del miedo. Me costó mucho decidirme a escalar la pared norte del Eiger, en 1969, cuando allí morían de agotamiento o caían los mejores alpinistas del mundo. Me costó ir al Piz Badile, en 1967 y a la pared del Lavaredo, esos precipicios verticales... Me costó mucho ser valiente y escalar la pared invernal del Naranjo en 1973, cuando los que la intentaban habían muerto... Ahora me está costando mucho la decisión de volver al Everest, que ya es más sencillo. Y esto me preocupa.

Después de 50 años de buscar la verdad en las montañas habrá creado su propia filosofía de la vida. ¿Podrá decirnos a que conclusiones ha llegado?
La montaña me ha inspirado la investigación del “por qué” y creo que soy uno de los estudiosos de estos temas, para mí fundamentales. El “por qué” del alpinismo es el mismo “por qué” de la vida. Aunque no nos demos cuenta y nos disfracemos de ateos y materialistas, todos somos en el fondo algo idealistas, y en muchas circunstancias, a pesar de nuestras múltiples debilidades y miserias, creo que subyace el idealismo, que también es trascendentalismo. Es nuestra última justificación. Para ello todos deberíamos leer menos novelas y estudiar más a los poetas metafísicos y a los esencialistas del idealismo alemán. Es decir “más gimnasia y menos perder el tiempo”.



¿Tanto entusiasmo vital le ha generado enemigos?
Sí. Hay gentes rencorosas que envidian el éxito de otras.

¿Para cuando la próxima aventura?
Siempre estamos en la aventura. La semana pasada subí con 30 compañeros míos del Colegio de Abogados a Peña Ubiña. Fue una aventura pequeña, pero no exenta de riesgo. Cuando vi que estábamos todos en la cima, pensé que el descenso sería peligroso, pero lo planeamos bien y salió bien. Ahora me voy a Sierra Nevada. Si el viento es favorable quiero hacer algún pequeño vuelo, y eso es también a veces una aventura incierta. Me iré al Fuji-Jama y al Kitadake en agosto y en otoño querría prepararme en la altura y es posible que intente una cima del Sijian chino. La vida es la que es una aventura.
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