Acaba de presentarse la programación de la presente edición del Festival de Edimburgo, que tendrá lugar del 4 al 28 de agosto, volcada una vez más en los espectáculos culturales de diferentes categorías por encima de convicciones políticas o nacionalistas.
Desde que en 1947 Rudolf Bing creará el famoso y longevo festival con la sana intención de “olvidar” los horrores de la Segunda Guerra Mundial, la cita de cada verano ha ido incorporando a la música clásica y el teatro, pilares sobre los que se fundó, toda una serie de espectáculos culturales que van más allá de las tres semanas de agosto y, sobre todo, salen a las calles o llenan nuevos escenarios. Así, la intención de sus fundadores de hacer una fiesta de las artes, para que se convirtiera en un lugar donde el alma humana pudiera florecer en todo su esplendor (“a platform for the flowering of the human spirit”) tras el enfrentamiento bélico, ha seguido moviendo a un festival al que, por otra parte, los años no le han hecho envejecer, sino todo lo contrario. Con ese mismo espíritu, Fergus Linehan, su director, declaraba en la rueda de prensa para la presentación del programa de este año que: “En nuestro 70 aniversario, es más importante que nunca que celebremos los valores fundadores del Festival internacional y que, a través de una celebración compartida, de la excelencia artística y el intercambio cultural, ofrezcamos una plataforma para el florecimiento del espíritu humano”.
La sombra del Brexit, sin embargo, marcará la celebración del aniversario. No admitirlo sería un error, a pesar de que el lema “Show must go on” obligue a superar cualquier tipo de obstáculo, gracias al espíritu creativo de quienes viven por y para el arte. El propio Linehan, lejos de echar balones fuera, reconoció que el Brexit le preocupaba. Para el director de esta fiesta de las artes: “muchos discursos (de los partidarios del Brexit) constituyen un ataque directo contra los valores” del Festival. Unos valores, “íntimamente vinculados a Europa”. “No podemos extirparnos de ella”, añadía, “Vamos a tener, por ejemplo, una orquesta inglesa interpretando a Bach. No es que esto me parezca algo imponente, pero existe y se logró con mucha lucha”. Por otra parte, Escocia votó de forma clara en contra del Brexit - su capital lo hizo por una rotunda mayoría de 75% en el referéndum del 23 de junio – y a nadie se le ha olvidado tampoco que la campaña que precedió al referéndum de independencia de Escocia advertía del error de dejar Gran Bretaña, porque ello supondría tener que salir de la Unión Europea. Y eso, los escoceses no lo querían. Como luce el cártel de la célebre repostería Maxime en Edimburgo: “Proud to be European”, es decir, “Orgullosos de ser europeos”.
Linehan, irlandés de cuna, ha revelado en una entrevista sus propios temores: “Aunque Edimburgo se haya convertido en un destino un 20 por ciento más barato para los americanos y europeos, en cuanto a los aspectos prácticos del funcionamiento del Festival todo son problemas. Yo mismo, que soy irlandés y tengo un contrato hasta el 2019, estoy bajo la amenaza de no poder seguir viviendo aquí y de haber perdido todos mis derechos como ciudadano europeo. Si a partir de ahora tengo que pedir un visado, mi familia ya no estará cubierta en la Seguridad Social ni mis hijos tendrán derecho a una educación gratuita”. Por lo que se refiere al funcionamiento del propio Festival, los problemas saltan a la vista: “Remplazar a un cantante en el último momento va a suponer muchos más trámites. Los que ya fueron contratados han perdido un 20% de su cachet y los que sean contratados en un futuro no querrán ni oír hablar de cobrar en libras”. Por ello, el Festival ha querido remarcar la universalidad del arte y su apertura hacia el mundo a través de varias obras de producción escocesa que basan sus raíces en la civilización europea. Es su forma de revelarse.
Por lo que se refiere a la ópera, se han programado grandes títulos: Boheme con Irina Lungu y Giorgio Berrugi en los roles principales dirigidos por Noseda y dirección de escena de Alex Ollé, y Macbeth, también dirigida por Noseda, con Anna Pirozzi como Lady y Dalibor Jenis en el rol protagonista, ambas producciones con los cuerpos estables del Regio de Turín. Los aficionados wagnerianos podrán disfrutar de Walküre en versión concierto con Sir Brien Terfel en Wotan y Christine Goerke en Brünnhilde, dirección de Sir Andrew Davis, y los amantes de Monteverdi están de enhorabuena. Porque en el 450 aniversario de su nacimiento, Edimburgo rinde homenaje al compositor italiano con L’Orfeo, Il ritorno d’Ulise in patria y L’incoronazione di Poppea en días consecutivos con los English Baroque Soloists y John Eliot Gardiner a la batuta. Habrá también actuaciones de solistas como René Pape, Joshua Bell, Christian Tetzlaff, Mikhail Pletnev o Mitsuko Uchida, entre otros, y conciertos de grandes orquestas como la Cinncinati Symphony Orchestra, la Mariinsky, Filarmónica della Scala, Bergen Philharmonic Orchestra o la Royal Scottish. Y Pablo Heras-Casado tendrá un protagonismo especial, ya que será el encargado de dirigir la apertura del Festival, con la Scottish Chamber Orchestra que interpretará la Sinfonía 94 de Haydn y el Lobgesang de Mendelssohn.