"Detalles". Real Madrid y Bayern han reducido a la jurisdicción de los detalles la conclusión de su cruce en los cuartos de final de la presente Liga de Campeones. Se conocen tanto, se temen lo suficiente y se ven tan equilibrados que los discursos públicos antes del trascendental duelo de este miércoles se han desarrollado con la tensión y la prudencia que han pautado ambos clubes horas antes de jugarse el sino de sus temporadas. Qué lejos queda aquella rivalidad verbalizada y explícita, caliente, de los embates entre los españoles de Raúl y los teutones de Kahn, en los 90 y dos mil. Y en qué rincón de la retina se guarece ese "van a arder hasta los árboles" que espetó Rummenigge antes de que los merengues arrasaran el Allianz Arena (0-4), de camino a la Décima. De hecho, el orgulloso dirigente alemán se ha limitado a señalar que "el gran favorito es el Real Madrid. Pero todavía no se ha jugado más que la primera mitad de los cuartos de final". Quizás la era de Guardiola -en la que los clubes españoles le apearon de la final de forma encadenada- ha amainado el hedonismo del emblema bávaro.
El caso es que tanto Zidane como Ancelotti han asegurado que no van a modificar su actitud predispuesta a llevar la iniciativa. Aunque los locales partan en ventaja y opten a hacer historia repitiendo entorchado en la etapa de la Champions League y los visitantes sepan de su endeblez cuando pierden al pelota. "Tenemos que hacer un gran partido, estar muy fuertes como siempre e intentar ganar. No vamos a especular, ni pensar que hubo un partido de ida. Ahora es la vuelta y sabemos la dificultad que vamos a tener, porque el Bayern no cambia de jugar en casa o fuera. Lo van a poner difícil hasta el final y vamos a tener que jugar muy bien", avanzó el preparador galo en Valdebebas. Y, horas después y en el recinto en el que se decretará la batalla, su homólogo italiano, y mentor, recalcó que "nosotros vamos a intentar jugar como hacemos todo el año". "No pensamos en el resultado porque creo que en la ida hubo 60 minutos en los que hicimos buen fútbol, tuvimos el control de juego, pero cometimos algunos errores que impidieron que hiciésemos un partido perfecto. Ahora hay que hacerlo durante noventa minutos, no cometer errores. Jugar con coraje, con intensidad y mostrar la calidad que tiene el equipo", sintetizó en una expresión que dibuja una contraposición de paletas ofensivas. Un duelo alegre y espectacular. Pero ese paisaje no favorece a los locales.
"Es cierto que el Real Madrid marca en todos los partidos, pero también encaja en casi todos", diagnosticó Carletto, ofreciendo la clave de la fórmula de la eliminatoria. Un total de 54 partidos lleva anotando al menos una diana el conjunto de Chamartín. Esa cifra, mareante, es paradigmática de una forma de ver el fútbol, pero no ha de nublar la estrategia a abordar. Porque esa lupa no es la que se ajusta estrictamente a este Madrid y porque la lesión de Bale merma buena parte de la nutrición de esa estadística, ya que un alto porcentaje del sustento de tal monto de citas ha llegado desde el vértigo y no desde el juego combinativo y en estático. El Bayern, si cumple la amenaza, anhelará amasar más pelota que los españoles para, con Lewandowski en el área, acertar en una mayor cantidad que el tino exhibido en aquellos 60 minutos previos a la expulsión de Javi Martínez en Munich. Por tanto, Zizou debe escrutar soluciones, argucias, para sobrevivir al pentagrama de batalla por la posesión y el mando del duelo pronosticado.
La baja del galés obliga al míster que alzó la Undécima a elegir entre el cierre ordenado y el contragolpe (en esta variante Lucas Vázquez gana enteros) o la búsqueda del protagonismo valiente y el remangarse en pos de ganar el centro del campo (Isco se yergue necesario). El caso es que parece ineludible el 4-4-2, ese sistema en el que más equilibrio y consistencia localiza el vigente campeón de Europa. Precisamente esos conceptos serán determinantes, ya que los dos combatientes sufren a la espalda si pierden al pelota y han de replegar con celeridad. Y el dibujo que mejor arma y ajusta la necesaria cohesión entre líneas madrileña debería sembrar el terreno para calmar el tempo acelerado pretendido por los visitantes, alternar fases de presión y achique o, llegados al punto, defender con la pelota. A falta de la puesta a punto de Modric, la claridad de Kroos, el regreso de Marcelo y Carvajal a los laterales y la inclusión del reluciente astro de El Molinón, James o Asensio miman esa posibilidad ante una medular potente, que habrá estudiado la confección de una superioridad numérica en ese sector como arma principal en su hoja de ruta.
La roja al ex jugador del Athletic desdibujaría la dinámica estadística de un partido que concluiría con 49 a 51% en posesión y 11 a 22 tiros, todo ello con victoria merengue. Con la duda de si Hummels y Boateng regresarán al once a tiempo, el campeón de la Bundesliga examinará la solidez en retaguardia de los locales. Lo hará con su tradicional 4-2-3-1, con un 4-4-2 más racional o con un ambicioso 4-3-3. En todos los casos, Xabi Alonso será el ancla, Thiago y Vidal subirán y bajarán y el campo estará bien abierto, con Robben y Ribery (y con las flechas Douglas Costa y Kingsley Koman esperando turno para dañar). Los carrileros, Lahm y Alaba, se sumarán al ejercicio de monopolio del esférico que espera poner en práctica la delegación alemana. Por ello, la urgencia de sumar el compromiso solidario y en fase defensiva de todas y cada una de las piezas merengues parece absoluta. Este miércoles nadie tiene permiso para tomarse un descanso en la presión o pecar de desconcentración. El riesgo tras imprecisión o en desajustes que sean aprovechados por las superioridades laterales o los pasillos interiores es hiperbólico. Acuérdense de los "detalles".
Xabi Alonso, que se despedirá de la que fue su casa como futbolista profesional, añadió luz al ajedrez, esclareciendo una apreciación que los dos gigantes podrían afirmar el uno del otro: "Temo muchas cosas del Real Madrid. Nos conocemos muy bien pero por mucho que los conozcas y por mucha sensación buena que tengas jugando ante ellos, cuando controlas el partido y te sientes en ventaja, ellos con muy poco te hacen daño. Es difícil controlarlos. Ojalá tengamos ese acierto y la suerte de que ellos no tengan un día acertado y podamos marcar dos goles". La mentalidad sugerida por las palabras del escuadrón de Concha Espina susurran la preponderancia de anotar para complicar la papeleta al Bayern. Pero competir sobre un pulso a ver quién golea más (como el registrado en Liga ante el Sporting o el superado por el Barça, in extremis, ante la Real Sociedad) sería minusvalorar el carácter jerárquico de un aristócrata que ha aterrizado en la capital española trasladando la apariencia del cordero. De segundón que aspira a una remontada uniformada casi de utopía.
Necesitará el Madrid, en cualquier caso, la mejor versión de Benzema y de Casemiro. La astucia y derroche en la circulación creativa y en el cierre coordinado de Modric, Kroos e Isco (si juega). Porque ese "jugar bien" expresado por Zidane no sólo contiene lo colorido. El Milan de Sacchi "jugaba bien" y no es comparable, ni por asomo, a la factura estética del tiqui-taca de Guardiola. Es más, el Madrid de Mourinho que heredó Ancelotti "jugaba bien", pero en muy pocos partidos importantes ganaba en posesión o en ocasiones. Su éxito y veneno eran el achique coordinado y esforzado de todos y el mordisco en transición. "No asegura nada lo que pasó, tenemos que hacer otro gran partido y trataremos de hacer nuestro juego", proclamó el mito de la Novena. En efecto, habrán sus jugadores de implementar su libreto. Ese que alterna soliloquios con el balón y encierros que concluyen en picotazos en vuelo. Lo que ha de trabajar, sobre todas las cosas, es evitar otro de los epígrafes que viajan en su mochila: las lagunas de intensidad y las desatenciones que desequilibran al colectivo. Esos fantasmas, que también amordazan al sistema visitante, aparecerán en el cuadrilátero. La incógnita es descifrar en qué proporción se reparte su abrasivo chispazo.
Queda expuesto para degustar, por tanto, un clásico del Viejo Continente que es el duelo más elevado de esta fase. Se promete ritmo, cuerpeo, baile y emoción. Exquisitez, sudor, capacidad de sufrimiento y respeto táctico. Madrid y Bayern, que tienen en su mano el trofeo de la regularidad de España y Alemania, han llevado a sus amplias plantillas -quizá las dos mejores junto con la de la Juventus- a este abril volcánico. Y la cima de ese esfuerzo casi agónico se presenta incierta. El 1-2 sólo cobrará vigencia y peso si las concesiones del repliegue madrileño se reducen y la exigencia de creatividad se alza a ratios absurdos. Porque el tanteo de empacho goleador, sin Bale y lo que representa en la lógica de juego de su vestuario, no reconforta. Y es que, al final, de entre esos "detalles" decisivos (penalti fallado por Vidal y exhibición de Neuer) emerge el pelaje escurridizo de los locales como distinción del duelo entre estructuras y concepciones del juego reflejos. Si los de Zidane muestran su versión más depurada de mezcla de estilos, empastando siempre el físico y el compromiso de su oponente, el camino hacia las semifinales se desbroza. La unidireccionalidad de un conjunto alemán obligado a remontar es un as a poner sobre la mesa.