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ORIENT EXPRESS

La presencia española en el norte de África

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 07 de mayo de 2017, 19:43h

La reciente publicación de “La guerra de Marruecos (1907-1927). Historia completa de una guerra olvidada” me brinda la ocasión de actualidad para escribir acerca del africanismo español”. Se trata de un libro interesantísimo. Una de sus mayores virtudes es la visión de conjunto de las campañas militares de España en Marruecos. Esto enriquece la perspectiva que uno tendría si se centrase solo, por ejemplo, en la Segunda Guerra del Rif (1909) o el conflicto con El Mizzian. El general Fontenla -cuya hoja de servicios incluye las operaciones contra las agresiones del Frente Polisario, la Marcha Verde, y la misión española en Bosnia-Herzegovina- despliega una admirable capacidad de divulgar la historia militar. Desde el conocimiento del autor sobre cuestiones como el terreno o las limitaciones del armamento -la profundidad del campo de tiro, por ejemplo, como factor que limita el uso de la artillería- el lector aprende a ver la guerra en toda su complejidad organizativa sin perder ni ritmo ni rigor académico. Así, uno asiste al desfile admirable, dramático y heroico de los protagonistas de veinte años que cambiaron la historia de España.

En efecto, sin la Guerra de África (1907-1927) es imposible comprender el final de la Restauración, la Dictadura de Primo de Rivera, la II República y la Guerra Civil Española. Las guerras libradas para la defensa de lo que se llamaban las plazas de soberanía española -Ceuta, Melilla y las llamadas “plazas menores”- así como la acción española en el Protectorado fueron ganando creciente importancia desde el siglo XVIII (guerra de 1774-1780) hasta su auge a comienzos del siglo XX. Por desgracia, es, sin embargo, un aspecto de nuestra historia poco estudiado en la secundaria y ausente casi por completo del discurso público. Por supuesto, hay excepciones. Tanto en Ceuta como en Melilla la historia local adquiere una dimensión de importancia nacional y el viajero que visite ambas ciudades aprenderá muchísimo de España. Además de viajar a otros destinos, los jóvenes peninsulares tendrían que visitar más a menudo las dos ciudades españolas en el continente africano.

Así, sin la dimensión africana, la propia realidad nacional de España queda incompleta. Uno puede ver el Estrecho de Gibraltar y el Mar de Alborán como una barrera, pero históricamente han sido más bien un puente por el que han cruzado ejércitos, diplomáticos, sabios y comerciantes. Ya el testamento de Isabel la Católica ordenaba a sus sucesores “que no cesen de la conquista de África”. Desde Donoso Cortés y Cánovas del Castillo hasta los grandes africanistas religiosos como el P. Lerchundi o militares como Cándido Lobera, la acción exterior de España y su presencia cultural al otro lado del Estrecho han revestido una importancia indudable para comprender la España moderna y contemporánea. Afortunadamente, los estudios históricos sobre la presencia española en el norte de África gozan de buena salud. Si el año pasado Luis Togores, biógrafo del general Millán Astray, publicaba una magnífica “Historia de la Legión española”, el general Fontenla ha venido ahora a enriquecer la producción académica con esta monografía valiosísima.

Por supuesto, no todo fueron guerras. En realidad, la acción de España en el Protectorado tuvo una dimensión educativa, sanitaria, cultural y, en general, de desarrollo humano que, por desgracia, hoy parece olvidada. Una lectura detenida de las grandes publicaciones que se ocupaban de los asuntos africanos -por ejemplo, la “Revista de Tropas Coloniales”- revelará que algunos de aquellos soldados, funcionarios y religiosos conocían y apreciaban Marruecos. Gracias a ellos, disponemos de abundante y detallada información sobre la vida en las cabilas y los aduares del Protectorado.

Deberíamos hablar y escribir más sobre la presencia española en el norte de África, que atesora páginas memorables. Uno podría recordar el Tánger internacional cuyo esplendor y decadencia evocó Ángel Vázquez Molina en “La vida perra de Juanita Narboni” con sus frases intercaladas en haquetía y su nostalgia. Ramon J. Sender y Arturo Barea escribieron obras memorables sobre la dureza y la crueldad de la Guerra de África, pero habría que rescatar “La bandera”, de Pierre Mac Orlan, y que arroja sobre la Legión y el conflicto una mirada muy distinta.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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