www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

AL PASO

Lutero en perspectiva

martes 09 de mayo de 2017, 18:28h

Como constitucionalista no puedo compartir la visión paternalista kantiana de la cuestión religiosa considerándola un rasgo de ingenuidad o infantilismo intelectual. Al contrario, se trata de un asunto capital: así la afirmación del Estado, sin el que no hay constitucionalismo, es imposible sin la emancipación de lo político de lo religioso, que solo se produce en la modernidad. Sin duda, la idea de Constitución busca proteger del poder público una esfera de la autonomía, tanto en un plano individual como social, y se construye como ampliación de la libertad religiosa. Por otra parte, el constitucionalismo de nuestro tiempo se afirma sobre la base de la dignidad humana, cuyas raíces religiosas son obvias, y considera la libertad religiosa como primera libertad pública, en un sentido histórico evidentemente, pero también como modelo, desde un punto de vista conceptual y tipológico, de los demás derechos. Francisco Rubio, hablando de la regla de la mayoría como principio de decisión de los órganos colegiados en la democracia, la relacionaba con el conciliarismo, y el maestro señalaba su procedencia, “como tantas otras categorías jurídicas y jurídico-políticas del mundo eclesiástico”.

Estas razones avalan el interés con que sigo la reflexión, que está teniendo lugar en distintos espacios de la conmemoración de los quinientos años de la Reforma- por ejemplo el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales albergó recientemente una excelente sesión a propósito, diseñada por Joaquín Abellán-, aceptando como momento de su inicio, la fijación de las 95 tesis contra las indulgencias en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg el 31 de Octubre de 1517. Lo que haré en la columna de hoy es comentar las tres o cuatro cuestiones que suscita una reseña del Times Literary Supplement de Charlotte Methuen que se ocupa de las novedades bibliográficas sobre Lutero y la Reforma aparecidas en inglés y alemán; pero antes querría referirme a la valoración general del proceso de la Reforma que llevan a cabo dos importantes autores españoles, esto es, Jaime Vicens Vives y Enrique Tierno. Me llama la atención en el caso del historiador catalán, que se basa en una sólida bibliografía, la preocupación por emitir un juicio desde la ortodoxia religiosa, que no sé si responde a una genuina preocupación teológica o es debida al temor a la censura, pues ha de tenerse en cuenta que, aunque la edición de la Historia General Moderna que yo manejo es de 1973, la primera edición databa de 1942.

Las cuatro o cinco agudísimas páginas que Enrique Tierno dedica a la Reforma en sus Acotaciones a la Historia de la cultura occidental en la Edad Moderna, remarcan, de un lado, la contribución de Lutero a la afirmación de la conciencia individual, prescindiendo en la esfera religiosa de la dependencia de la Iglesia; y, de otra parte, la aportación a la esfera de la actividad mundana de la voluntad individual, produciéndose la desdivinización del mundo. Pero lo que me llama la atención es la facilidad con la que Tierno relega a la condición de variable dependiente el movimiento espiritual y cultural, a mi juicio verdaderamente liberador, de la Reforma. “No parece que sea una buena hipótesis de trabajo buscar para el aumento racional y vital de libertad en el renacimiento una fuente teológica. La libertad, prosigue Tierno, aumentó con el desarrollo del mercado, la mayor productividad y consumo y la ruptura de las instituciones feudales, cuya base económica era distinta. Los teólogos reflejan hechos, y el principio que daba sentido a estos hechos se comenzó a llamar libertad”.

La reseña del TLS que da cuenta de las más importantes aportaciones conmemorativas de la Reforma plantea tres o cuatro cuestiones importantes. La primera resalta el prisma individual del proceso, volviendo sobre los rasgos personales del fundador. Según Lyndal Ropper, Martin Luther,renegade and prophet, nos dice la recensionista, Lutero es un hombre enfadado: un renegado y un rebelde que cuando era joven estudiante rechazó los planes de su padre para él, rompió reglas y holló convenciones. Un hombre que se consideraba un profeta en la tradición del Viejo Testamento. Nada de particular, por tanto, que especialmente después de la persecución y aislamiento a la que Lutero fue sometido, éste abogase por una iglesia en algunos aspectos menos tolerante que la que había atacado. Aportaciones como esta solo pueden tener un significado limitado, pues deben ser completadas haciendo referencia a los medios a través de los cuales se propagó la doctrina protestante y también a las fuentes intelectuales del luteranismo. Este es el propósito de la obra de Volker Leppin, Die fremde Reformation, que subraya las raíces de la teología de Lutero en el misticismo medieval alemán. De hecho su principal afirmación de que el ser humano es totalmente dependiente de la gracia de Dios, no es una tesis propiamente original sino que parte de las fuentes místicas germanas señaladas.

Mayor interés tiene el estudio del contexto que explicaría la propagación de las tesis renovadoras. En el libro de Leppin, sin duda, encontramos algunas claves interesantes de lo que podríamos llamar la altivez y la corrupción romana en los reinados de los Papas médicis y farnesios del tiempo de Lutero.

La contribución más relevante según Charlotte Methuen parece constituirla el libro de Thomas Kaufman, Erlöste und Verdammte-Eine Geshichte der Reformation. que lleva a cabo la consideración analítica de “un impresionante spectrum de literatura”, donde, en primer término, se da cuenta del escenario político de la Reforma. Se trata de una poliarquía de diversas estructuras de poder con gobiernos seculares, o en manos de obispos, teóricamente bajo el control de un emperador sin protagonismo internacional firme, que era elegido por siete de dichos gobernantes. El emperador disponía de 65 ciudades imperiales. Panorama complicado además por las tensiones entre el Sacro Imperio Romano y el Papado. En segundo lugar, por lo que hace al clima intelectual fermentado en las universidades, hay que señalar que los descubrimientos geográficos y científicos, ponían en cuestión los cimientos de la cosmovisión aristotélica. En esta situación la cuestión de la venta de las indulgencias, incrementó un sentimiento de incomodidad y malestar, que dio poderosa resonancia al mensaje de Lutero.

La recensión se refiere, en fin, a algunos libros más, reflejando la pluralidad, geográfica obviamente pero también intelectual, de la Reforma, o tratando cuestiones singulares, como sucede en el reader editado por Diarmaid MacCullochs, All Things Made New, que sin demérito de examinar temas como la Inquisición y el concilio de Trento, Calvino, o las ideas protestantes sobre los ángeles o la Virgen María, se centra en la reforma inglesa, refiriéndose a las reinas tudores o las traducciones inglesas de la Biblia.

Estas aproximaciones bibliográficas quizás permiten un acercamiento a la Reforma que consiga una objetividad y una exhaustividad de perspectivas con significado modélico en el estudio de la historia. A lo mejor de la consideración sosegada del pasado podemos obtener algo de tranquilidad para nuestra agitada época. Y haya lugar para la esperanza: si algo bueno se sacó de los tiempos caóticos de la Reforma, tras la guerra de las religiones y la lucha sin piedad por la imposición de la ortodoxia que conllevó, una cosecha parecida hemos de aguardar, después de todo, de nuestra angustiosa circunstancia presente.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.