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FINALES DE LA NBA

NBA. Warriors contra Cavaliers: la final de finales, al fin, ya llegó

viernes 26 de mayo de 2017, 04:41h
Actualizado el: 27 de mayo de 2017, 03:30h
El equipo de Lebron James terminó eliminando a los Celtics para medirse a Golden State en una final histórica.

El baloncesto mundial ya tiene la tinta lista para escribir una de sus páginas legendarias. La madrugada de este viernes ha certificado lo augurado desde comienzos de curso, allá por octubre: Golden State Warriors y Cleveland Cavaliers se van a enfrentar por tercera vez consecutiva en pos del anillo. Nunca antes en la historia de la liga estadounidense se dio esa circunstancia. Ni en la era de los pioneros, ni en el intervalo glorioso de los Celtics de Bill Russell, ni con la enjabonada rivalidad Bird-Magic ni con el monopolio de los Bulls de Jordan se había vivido una serie de Finales encadenadas con los mismos protagonistas por tercera temporada encadenada. Y, después de los precedentes, a título por trinchera y con el regusto delicioso del desenlace de 2016, el aficionado ya saliba, impaciente ante una de las cumbres que ha conocido este deporte.

Y es que el contexto que envuelve al evento es tan importante y entraña tanto contenido que hasta relativiza el resultado final. Porque el capítulo que va a ejercer de epílogo del ejercicio 2016-17 (a partir del 1 de junio, en Oakland) corona unos playoffs de paladar sensacional. Cuesta recordar una post-temporada que rebose tantas imágenes icónicas como el puñado de semanas que han transcurrido entre abril y el presente mayo. Del crepúsculo de la pugna entre Russell Westbrook y James Harden en primera ronda, (los dos gallos que pelearán por el MVP del año con una red de récords apelotonada en sus mochilas estadísticas), la epopeya contra la muerte dibujada por Isaiah Thomas tras el inesperado fallecimiento de su hermana (que le valió actuaciones indescriptibles ante Bulls y Wizards), el tapón sobre la bocina y resurrección de Manu Ginóbili para propulsar a San Antonio (quizá en su último baile profesional) y hasta el triple barrido ejecutado por los Warriors de camino a la cima en la que han esperado a King James y sus huestes.


Este último punto refuerza el listón a priori del acontecimiento venidero. Ningún equipo había aterrizado en las Finales de la NBA acumulando un 12-0 en playoffs. No hay precedentes tampoco en lo relativo a la diferencia de puntos que el ganador ha mantenido con respecto al perdedor en el trasiego de rondas. Stephen Curry, Kevin Durant, Klay Thompson, Draymond Green y compañía han endosado, de promedio, un inédito +16,3 en diferencia de puntos. Después de firmar el emblemático 73-9 de la regular season del pasado curso, los de San Francisco han aflojado la exigencia mental de cara al cierre de temporada para llegar mejor física y psicológicamente a la recta final. Más frescos y no tan erosionados. Han aprendido la lección: la pujanza abrasiva por superar la marca utópica de los Bulls del 96 les pasó factura en el fuelle y lo pagaron dando a Cleveland su primer título en deportes estadounidenses en cinco décadas. Ahora, con otro diseño de esfuerzo y reparto de descansos acumulan 27 victorias en los 28 últimos partidos.

Atravesaron a los Trailblazers del dúo magnético Lillard-McCollum, a la granítica defensa de Utah y a unos Spurs definitivamente mermados por la lesión de Parker y, sobre todo, por la de Kawhi Leonard (tercer candidato a MVP y aspirante a Mejor Defensor del Año). Ganaron 4-0 cada serie, rematando el crimen siempre fuera de casa -ganaron por 39 a los Spurs, en el mayor déficit sufrido en playoffs por la dinástica franquicia de El Álamo-. Se alzaron como la mejor defensa, cediendo sólo 99,1 puntos (esa arista eficiente de la que no se habla tanto por lo hiperbólico de su gama ofensiva) y anotaron 118,3 puntos de media (con los últimos cuartos de quinteto titular en el banquillo) para la segunda mejor marca de la Liga en playoff. Sólo se les entrecruza en el horizonte de su trayectoria ilógica el 15-1 que sellaron los Lakers de Kobe y Shaq en 2001. Pero, cuidado, el equipo más anotador en esa misma fase es el púgil del que quieren vengarse, los Cavaliers (119,4 puntos anotados de promedio).

Lo cierto es que la coherencia entre lo pomposo de los registros y lo esteticista de su puesta en escena les convierte en un foco irrebatible de atracción hacia este deporte para cualquiera que cruce su mirada con una de sus posesiones. Pero, enfrente navegará el vigente campeón, ese bloque mejor afinado que nunca en cuanto a automatismos colectivos que está en punto de ebullición gracias a la resurrección que ha reforzado su cohesión y su compromiso tras su apnea de rendimiento padecida en los dos últimos meses de temporada regular -10 victorias y 14 derrotas entre marzo y abril-, a la afinación de Kyrie Irving y Kevin Love (24.6 puntos, 5.5 asistencias y la resolución de siempre en últimos cuartos el primero, y 17.3 puntos, 10.3 rebotes y un 47.9% desde la línea de tres el ex de los Timberwolves) y a una de las mejores versiones de la carrera de Lebron James. Y eso es mucho decir.

El héroe de Ohio, después de devolver sus talentos de South Beach a su estado natal y ganar para ellos, resplandece más dominador que en el lustro precedente. Su liderazgo en playoffs pasa por ser el segundo máximo anotador de la competencia (32.3 puntos) y promediar 8 rebotes, casi 7 asistencias (6.9), dos robos y un tapón por partido. Y, aquí yace la preocupación del cuerpo técnico liderado por Steve Kerr (que parece que llegará a las Finales ya que su lesión crónica de espalda le ha dado permiso): galopa sobre un inusitado 40.6% de puntería en el triple (Steph Curry, especialista sumo y con denominación de origen promedia un 43 por ciento). El Rey sigue avasallando en sus penetraciones -así, con factura de superioridad insultante, se ha comido a los juegos interiores de Indiana, Toronto y Boston- pero su inteligencia le ha llevado a erigirse en una amenaza exterior. Lo que le faltaba. Con una rotación de garantías en la que Kyle Korver y Deron Williams han sustituido a Matthew Dellavedova y a Mo Williams, la defensa del título no aparenta constituir una hazaña, a pesar de lo relatado sobre los Warriors. Ni mucho menos.

Sólo han perdido un partido en playoffs. La muesca que no les ha permitido disfrutar de los mismos días de descanso que los campeones de la Conferencia Oeste por tercer año consecutivo fue obra del orgullo de los Celtics. Con Isaiah Thomas fuera de lo que quedara de temporada por una lesión en al cadera demasiado forzada, el colectivo de Brad Stevens demostró la garra de siempre y el socialismo deportivo que practica como filososfía de juego para arrancar un triunfo del Quicken Loans Arena. Pusieron la eliminatoria con 2-1 y llegaron a ir ganando por 16 para devolver el cruce a Boston empatado, pero el rendimiento coral e industrial de los verdes fue secado por el Big Three de cuajo: entre James, Irving y Love sumarían 103 de los 112 puntos de Cleveland para dejar el pase a las Finales encarrilado. Y en la madrugada de este viernes se ha certificado. Un primer cuarto desenfrenado (27-43) les abonó el terreno para marcar territorio y ponerse en órbita, de camino al partido inaugural de la leyenda. El jueves próximo en el Oracle Arena y en el que Golden State tratará de empezar a cobrarse la venganza que se cobraron los Spurs ante los Heat de Wade y Lebron en 2014.

El relato baloncestístico pareciera dar carpetazo a los playoffs este viernes y descorchar, a partir de hoy mismo, otra cosa. Algo que pertenece a otra trama. A otra esfera. Es por ello que merece una mención especial quizá el último y único enfrentamiento de los hermanos Gasol en post-temporada -"Están jugando al nivel más alto que he visto en NBA", analizó Pau sobre los Warriors, y el mayor de los Gasol ha visto 16 años de NBA in situ-, posiblemente el último partido de Ginóbili ("Por favor, dime que lo que acabas de decir en español no es que te retiras", le imploró un periodista al argentino en su rueda de prensa posterior al 4-0 que le endosaron los Warriors de un Curry devuelto a la excelencia trascendental), el despegue de John Wall y Bradley Beal en el equipo capitalino, el florecimiento de una generación de jugadores que están alcanzando la madurez deportiva asumiendo el asalto al cielo como una realidad -hasta los 70 puntos de Booker resuenan a otra época debido a la intensidad de este mes y medio- y el retorno delicioso de la épica y el regreso odioso de la mala suerte al primer plano de la narración (concentrado en los Clippers). Sea como fuere, este deporte tomará altura en junio y recobrará la concepción de la realidad el día 28 del mismo mes, en la gala que premiará a los mejores y establecerá el colofón a otra temporada y playoffs que no han evidenciado otra cosa que admiración y perdón ante cualquier reglamento demasiado rígido o error arbitral de la mejor liga de baloncesto conocida.

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