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HA SIDO DONADO POR WILLIAM B. JORDAN

El Prado expone Retrato de Felipe III, uno de los escasos bocetos de Velázquez

Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
lunes 05 de junio de 2017, 15:06h
Actualizado el: 08 de junio de 2017, 20:09h
Fue pintado en 1627 para la composición de La expulsión de los moriscos.

Un retrato de Felipe III de 1627, que ha sido atribuido a Velázquez, cuelga desde este lunes en la antesala de la gran galería central del Museo del Prado. Se trata de un depósito realizado por William B. Jordan, descubridor de la obra y gran conocedor de la pintura española y de la corte de Madrid en la década de 1620.

El carácter “inédito” del lienzo, explica el museo, “permitirá arrojar luz sobre una de las obras capitales del comienzo de la etapa cortesana del pintor, La expulsión de los moriscos”, pues el retrato ahora donado fue realizado para esta composición.

Pero, ¿cómo fue hallado? William B. Jordan lo explica a este periódico: “Compré el cuadro en 1988 desde Texas en una subasta en Londres pese a que nunca lo había visto al natural. Durante estos 30 años, he vivido estudiándolo y creyendo que era lo que es, un Velázquez. Eventualmente lo mandé al Prado para saber si estaban de acuerdo conmigo”. Así fue.

Jordan cree que la obra, que adquirió repintada y desfigurada, logra contexto y sentido en el marco de la colección del museo. Lo corrobora Javier Portús, conservador jefe de pintura española (hasta 1700): “Tiene una importancia múltiple por su condición de boceto, ya que apenas quedan obras de Velázquez que puedan ser consideradas como tal, pues la mayoría de las que conservamos tienen un fin en sí mismo”.

Velázquez, explica Portús, "nunca conoció a Felipe III", así que tuvo que recurrir a retratos ajenos para incluir su efigie en La expulsión de los moriscos, "un cuadro fundamental en sus inicios como pintor cortesano que se perdió en 1734 y del que sólo quedan dos inscripciones y este boceto”.

La fecha en la que fue pintado, la década de los 20, también es de interés: “Es un periodo muy singular en la carrera de Velázquez como retratista cortesano. Los retratos del rey y su corte que hizo entre 1623 y su marcha a Italia en 1629 son distintos de los de la etapa sevillana y la posterior a Italia. Es una época muy caracterizada en la que emplea los tonos grises y la más austera desde el punto de vista cromático y compositivo. Se conocen pocas obras de esa etapa”.

Según el Prado, el boceto, que ha sido restaurado, “tiene significativas afinidades con los retratos reales que hizo Velázquez entre 1627 y 1629 como Felipe IV de pie: el uso de las sombras para modelar el encuentro del cabello y la piel, la organización expresiva del rostro a través de una trama de sutiles puntos de luz, el modelado de la boca y su entorno y el mentón con un ligero hundimiento”.

A este análisis se añaden matices técnicos como “el empleo de una imprimación oscura, una técnica parecida para encajar los perfiles de la figura y un tipo de lienzo similar a los de esta época”, explica el museo.

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