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SEMIFINALES

Roland Garros. Nadal arrolla a Thiem

Roland Garros. Nadal arrolla a Thiem y buscará su décima | 6-3, 6-4 y 6-0

viernes 09 de junio de 2017, 20:14h
Actualizado el: 10 de junio de 2017, 13:53h
Se medirá a Wawrinka, que se impuso a Murray. Por M. Jones

"Es fantástico que hablen bien de mí, pero sirve de poco si no respondo en la pista", advertía Rafael Nadal tras clasificarse a las semfinales de Roland Garros 2017. La retirada de su rival, el lesionado Pablo Carreño, le facilitó el acceso al asegurarse más descanso que el disfrutado por el obstáculo que se le atravesaba este viernes, Dominic Thiem. El austríaco, que tiene 23 años y es séptimo del mundo, arrolló a Novak Djokovic (7-6, 6-3 y 6-0) para llegar a esta jornada y refrendar lo que el tenista español ha declarado sobre él: "Está llamado a ganar un grande". En efecto, la rivalidad entre el balear y el jefe de la nueva generación de jugadores está convirtiéndose en un clásico moderno, y es que la segunda semifinal del Grand Slam parisino no era sino el capítulo más pomoso de su cúmulo de enfrentamientos que han entrelazado en este curso.

"Soy consciente de que he jugado bien todo el torneo. Hasta que se ha retirado Pablo estaba jugando muy bien. No me puedo quejar de nada, estoy haciendo un torneo muy bueno, todos los partidos muy bien", analizaba en la previa un Nadal que se ha presentado en este escalón habiendo decido sólo 22 juegos (y ningún set), en el que es el mejor registro de todo su currículo en la Copa de los Mosqueteros. "Uno necesita esos partidos cuando tiene dudas o está jugando peor. En Australia llevaba meses sin jugar, una temporada sin grandes resultados, porque cuando empecé a tenerlos me lesioné la muñeca. Ese tipo de partido de referencia se necesita cuando vienes con sensación de dudas, de no jugar bien, entonces te puede dar un cambio en tu juego. Pero aquí no vengo con dudas, llevo meses jugando bien, sin partidos ni torneos malos", proclamó Rafael al serle comparado su recorrido en el Abierto de Australia y en este campeonato francés.

Y, antes de saltar a la pista y enfrentar el último peldaño antes de pugnar por su histórico décimo entorchado en la Philippe-Chatrier, el zurdo legendario rememoró el precedente más fresco ante Thiem, su eliminación en cuartos de final de Roma: "Golpea extremadamente fuerte la pelota, es un jugador potente que te deja pocas opciones. Contra él hay que jugar largo, obligarle a que juegue en posiciones incómodas. No tuve mi mejor día, pero él estuvo a un nivel muy alto. Me hizo jugar demasiado tiempo en posiciones incómodas". "En las finales de Barcelona y Madrid fui yo el que lo hice. Tengo que intentar hacerlo de nuevo aquí", sentenció el jugador en un diagnóstico que coincide con el de Carlos Moyá su mano derecha. El ganador en París en 1998 aseguró antes del combate que "vimos algunos ajustes que Thiem hizo para ese partido, lo cual es normal tras dos derrotas". "Eso nos da una idea de lo que nos puede esperar", comentó el entrenador que afirma ver a su pupilo en uno de los mejores niveles de su carrera. A pesar de haber cumplido ya 31 años y llevar en sus piernas más de 100 victorias en duelos a cinco sets y sobre tierra batida (hito completado el pasado sábado).

Toda vez que el maratoniano envite entre Stan Wawrinka y Andy Murray convirtió al suizo en finalista (podría salir 2 de la ATP) tras sudar para triunfar por 7-6, 6-3, 7-5, 6-7 y 1-6, los dos mejores del año en arcilla descorcharon su partido. Quizá el mejor duelo que pueda verse en al actualidad entre dos especialistas en esta superficie dio comienzo con un break por barba. Con 1-1, salvaría Nadal dos bolas de ruptura y terminaría por apuntarse el primer juego de servicio con un ace. Amortiguaría un 0-40 Thiem pero su irregularidad le entregaría al español otro break y un 3-1 y saque que, por el contrario, no reflejaba la iniciativa perpetua que la potencia le entregaba al austríaco. Cumplía Dominic su libreto de latigazo continuo, aunque en el arranque acumulaba más errores no forzados -producto de su agreviso estilo- que golpes ganadores. Y con el despertar de su servicio esquivaría Nadal otro par de bolas de ruptura y allanaría el set (4-1).

Tardaría seis juegos Thiem en apuntarse su primer punto de saque. El juego estaba más equilibrado que el marcador, con el austríaco padeciendo vaivenes y el español ejecutando con mayor estabilidad. Sólo una dejada y un revés cruzado resplandecían en el plan paciente del balear. El aspirante estaba cayendo en la anestesia del favorito y era presa de su hiperactividad en los peloteos. Las defensas de nueve veces ganador del torneo obligaban al oponente a jugar siempre una bola más y Dominic respondía con imprecisiones precipitadas. El 5-2 cayó con el primer juego en blanco de esta semifinal, y Nadal paladeaba el primer set. La imponente perla centroeuropea defendería su saque con solvencia pero regalaría el 6-3 definitivo al mostrar falta de consistencia en su golpeo. Un total de 44 minutos duraría el primer capítulo del intenso intercambio.

Alzaron ambos la intensidad en los primeros juegos de la segunda manga. Thiem aceleró y Nadal ajustó su defensa. Así, el austríaco superó un globo sublime de Rafael en el punto inaugural y el saque permitió al balear evitar dos bolas de break y un posible 0-2 en contra. El veterano construia un muro mental ante su inexperto constrincante, que comprobaba como no remataba las opciones de ruptura. Arrancó el español el valioso 1-1 cuando asomaba un vendaval del centroeuropeo y su despliegue sostenido e industrial le granjearía una nueva ruptura. La jerarquía del zurdo controlaba los chispazos de Dominic.

El aplomo de la leyenda del deporte nacional se estaba traduciendo en desespero para un austríaco sin soluciones, pues la defensa correosa del coloso le negaba el respiro. Sólo con 3-1 en contra se soltó para disfrutar con su juego y apretar el set. Había descendido el ritmo y las cotas tenísticas alcanzadas con anterioridad habían mutado hacia una densidad en la que el español se limitaba a reservar fuelle y afilar su raqueta en la defensa de su servicio. Esa senda le valdría para situarse con 2-0 en el global. Además, asistiría la tribuna en este intervalo al renacer del estándar de excelencia desarrollado por el manacorí en estas semanas. Se desplomaría el acierto en la determinación de un Thiem que empezó a multiplicar dejadas para cortar el ritmo del dominador del devenir. Dieciséis errores no forzados en el drive pesaban demasiado para el irregular y volcánico estilo del centroeuropeo y el 6-4 que corroboró el mando español casi sentenció el billete para la final. Con juego en blanco al saque.

La exigencia psicológica desplegada por el español y puede que el escenario concluyeron por desbordar a Thiem. La solidez de Rafael fue abrasiva (1 de 7 en amortización de opciones de ruptura para el austríaco) y el todavía aspirante cedió un break a las primeras de cambio del set definitivo. Se fue del partido el derrotado púgil antes de tiempo y los puntos y juegos cayeron del lado del mejor deportista español de todos los tiempos de forma fluida. Bloqueado y de brazos caídos, Dominic ya se supo víctima en el intermedio entre la segunda y la tercera manga. El graderío trató de inyectarle convicción, pero, desacompasado, no le entraba nada. Una doble falta coronó su crisis (32 errores no forzados) ante un Nadal sobrio pero impío. La distancia de sensaciones situó el duelo en 3-0 y saque para el jugador en ventaja, y el cierre del pedecer del sexto de la ATP no se haría esperar (6-0). Sólo dos horas y ocho minutos duraría su aflicción.

Cuesta encontrar un set tan decrépito de Thiem como este último en sus combates ante Nadal. Sea como fuere, el balear llega a la cita del domingo con más de dos horas más de descanso que Stan Wawrinka. El helvético tardó cuadro horas y media en remontar a Murray y arribar al evento central del calendarío tenístico de la tierra batida. Allí estará un Rafael hambriento y, sobre todo, sano.

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