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DESDE ULTRAMAR

Hong Kong: 20 años sin Britania

jueves 29 de junio de 2017, 20:06h

El 1 de julio de 1997 cesó la soberanía británica sobre la totalidad de Hong Kong. No únicamente sobre los arrendados por 99 años como Nuevos Territorios, cedidos por China bajo la grosera presión diplomática de 1898, sino abarcando el todo: o sea lo de 1898 y lo antes conquistado en definitiva además en 1842 y 1860, después de las Guerras del Opio, desencadenadas luego de recibir la reina Victoria una carta de un alto funcionario del trono de jade, considerada insultante por acusar a la soberana de propiciar el tráfico del afamado estupefaciente.

Que aquella expugnación fuera considerada apenas como una minúscula adquisición a su poderoso imperio por la reina Victoria, no impidió ni fue óbice para que denominara como Victoria a su capital, homenajeándola. Una de tantas cosas así nombradas por todo el orbe. Y Hong Kong terminó siendo crucial para la Gran Bretaña por serle posible detentar con él sus lejanas posesiones de Extremo Oriente, metiendo un pie en la saqueable, desmembrable y decadente China –tan lejanamente sumisa y débil en la actualidad– siendo su puerta de entrada, como que hasta Julio Verne hizo transitar por él a su afamado viajero Phileas Fogg en su sagaz e inaudita vuelta al mundo en ¡solo 80 días!

Espacio estratégico en su diminuta extensión, conviviendo las culturas china y británica al amparo de los gobernadores coloniales haciendo su labor administrativa en un marco de autonomía permeándolo todo Londres, fue invadido en la Segunda Guerra Mundial y acabó potenciando un capitalismo formidable, una maquiladora reconocible y un centro financiero de talla mundial, cuyo auge y pujanza eran loables y sus rascacielos trazaron su horizonte al amparo de la Union Jack, paulatinamente arriada conforme se acercaba la fecha determinada en los acuerdos de 1984, resultado de conversaciones secretas que hoy se sabe, intentaban preservar la soberanía británica y que la “Dama de hierro” no pudo ya sostener. Thatcher pudo ganar en Malvinas, pero fue derrotada en Hong Kong.

Anomalía colonial, exoticidad de Oriente, denunciado su status en Naciones Unidas por China desde 1971, aquélla emprendió la tarea desafiante de exigir la devolución completa, ante la nula actitud británica de hacer sus maletas. Fue preciso un manotazo. Toco al último gobernador británico, sir Christopher Patten, conducir el proceso de devolución y traspaso de soberanía negociado sin los hongkoneses, finiquitando una soberanía que parecía eterna sin serlo. Claro, bajo condiciones tales como preservar por medio siglo más las libertades económicas y políticas, pero mediatizadas, bajo el modelo: “un país, dos sistemas” –preservando el inglés, el capitalismo acotado y ciertos derechos políticos–. China las ha respetado apenas, socavándolas. Y cumplimos ya veinte años desde que a los británicos “los” retiraron. Eso sí, con la frente en alto enviando al mismísimo Príncipe de Gales a arriar su última bandera, que cuando fue descolgada ya el retador reloj de cuenta regresiva instalado por China a las puertas de la colonia, había marcado y atestiguado el retiro tardo y escalonado de sellos, emblemas, membretes, símbolos coloniales, incluyendo desmontar el cuadro de la reina Isabel II del consistorio hongkonés (una foto indeleble), estrenando bandera sustituyendo al cuco dragoncito cobijado por el confalón britano. China se ha encargado de efectuar la propaganda suficiente para destacar que se está mejor ahora que durante el periodo colonial británico. Mismo cuento que con Macao.

La recuperación de Hong Kong es parte de ese proceso reivindicador de la República Popular de China, consistente de retrotraer extensiones consideradas como propias de la “Gran Madre China”, tal y como son Macao, Tíbet, Taiwán y en un descuido, las Coreas. Y Hong Kong. Al tiempo a saber cuántos recuperará, retendrá y obtendrá, mientras se consolida como la primera potencia mundial si los Estados Unidos no la detienen, parándole los pies.

Para mi sorpresa, muchos mexicanos han franqueado por Hong Kong. He pedido opiniones sobre aquella lejana región y generosos, me han externado su sentir.

Norberto Gaona, periodista de negocios y tecnología y director de contenidos, me ha expresado: “Llegué a Hong Kong en diciembre de 2000 -tres años después de haberse convertido en una región administrativa especial (SAR), invitado por Huawei a un evento mundial de telecomunicaciones. Al paso pude ver altos edificios que parecían estar hechos con piezas de Lego: en Hong Kong no hay espacio para crecer horizontalmente, así que lo ha hecho verticalmente. Después un nativo me dijo que los departamentos son tan pequeños, que cuando una persona despierta y se estira puede saludar de mano al vecino. Noté diversidad cultural y racial, la gran actividad económica, el penetrante olor a comida, los templos budistas, las calles saturadas de anuncios luminosos, el tráfico y la prostitución. Fuimos a Shenzhen, y fue necesario cruzar la línea divisoria entre Hong Kong y Shenzhen, que estaba fuertemente resguardada por el ejército y cercada con mallas de alambre y púas. ¿Cómo se puede cruzar una frontera dentro de un país? El gobierno tenía un gran control sobre quién puede cruzarla, aunque tuviera nacionalidad china. Un habitante de Shenzhen necesitaba un permiso temporal para entrar a Hong Kong y regresar al término de su vigencia. Mi impresión final fue que existe un crecimiento económico exponencial, innovación, tradición y gama cultural. China es un país socialista que se ha beneficiado del capitalismo".

El ingeniero Horacio Rodríguez, quien vivió en Pekín y frecuentó Hong Kong entre 2005 y 2008, me ha contado que: “Siguen viendo extraño los chinos a Hong Kong, pues si lo visitas necesitarás visa para entrar de nuevo a territorio chino, pese a ser ciudadano de ese país. Hablar allí de política no era adecuado. Me parecía que Hong Kong reunía lo mejor de las dos culturas: lo cálido de los chinos y lo cortés y educado polite de los ingleses. La gente hace colas, educadamente, limpio, fue la primera vez que pude sentarme en la acera para esperar a algún amigo. En China nunca me senté en el piso por asco a la suciedad. En China la gente es como sin modales, en Hong Kong no, todo es civilizado. El metro ¡por Dios! una maravilla. Para mí conocer la parte cultural era lo más importante”.

Tere Cigarroa, una exalumna, profesionista del medio del retail y viajera, me manifestó: “La bella Hong Kong conecta con la grandiosa China. Es donde se hacen los grandes negocios. Es mucho más occidentalizado que China, pero conservando lo que es el Oriente y sus tradiciones. Cuenta con contrastes marcados en todos lados. Cada vez que vengo aquí o a China lo encuentro diferente. Crecen y evolucionan enormemente. Lo único que no me gusta de aquí y de China son el olor y los modales. El idioma inglés es latente, es el segundo idioma. Aquí y en todo el Oriente. Los negocios obligan a que así sea. Lo hablan feíto, pero con acento british. Preguntando sobre su futuro, alguien me expresó que cree que las cosas han ido mejor y mejorarán más, atribuyéndolo a que China está creciendo tanto en los negocios y al impulso que damos las personas de negocios que acudimos aquí a cerrar tratos y a su cercanía con Shenzhen y Cantón, ciudades totalmente industriales y en franco crecimiento. Ahí está el corazón de todo”.

Así pues, tras de dos décadas, Hong Kong perdura en el modelo implantado desde 1997, sigue siendo un actor internacional allí donde ya era miembro y un actor relevante, pero bajo la égida y la custodia chinas. No sabemos si China existirá como la conocemos, pues sus asignaturas pendientes la acosan. Lo que sí es seguro es que en la lejanía parece que el periodo británico se ha diluido rápidamente. Quedará para el recuerdo de quienes conocimos almanaques que enlistaban las posesiones británicas y en ellas numeraban Hong Kong, como territorio de la Corona. Y en tanto damos cuenta de las protestas suscitadas a menudo desde la excolonia, que advierten que China incumple o vulnera frecuentemente los acuerdos de la declaración conjunta sino-británica de 1984.

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