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Un primer freno al secesionismo

martes 25 de julio de 2017, 08:30h
El gobierno de Cataluña se ha embarcado en un camino a ninguna parte; a ninguna que no sea la cárcel de sus principales impulsores políticos. Han decidido convocar un referéndum no sustentado en la legalidad para buscar un objetivo expresamente prohibido por ella, la secesión de Cataluña. Un objetivo, además, que va en contra de la realidad histórica de España, un bien moral que es necesario preservar por el bien de todos. Legalmente, sólo hay una forma de plantear –que no necesariamente lograr- lo que pretenden: un cambio constitucional drástico que apruebe una constitución confederal, cuyo único ejemplo en derecho internacional comparado era la antigua constitución soviética; en todo caso, un cambio que exigiría su aprobación en referéndum de todos los ciudadanos españoles, no sólo los de una parte de España. Todo lo demás es un golpe de estado, más o menos edulcorado y camuflado.

La actitud desafiante de los nacionalistas contrasta con su pésima realidad. En cuanto el gobierno de la nación ha señalado que no va a financiar los medios para llevar a cabo la secesión, todo el proceso se tambalea. El Gobierno ha declarado que vigilará mes a mes que el dinero del FLA no se desvíe hacia los medios necesarios para conculcar la ley y atentar contra la unidad de España.

La situación a la que los nacionalistas han llevado a aquélla comunidad autónoma es desesperada. Para tapar su venal corrupción y su mala gestión han embarcado a una parte del país a un imposible intento de secesión. Y es imposible, entre otros motivos, porque ellos mismos son tan malos gestores que necesitan el dinero del resto del país para lograrlo. Según la opinión de Standard & Poor’s, Cataluña es la comunidad autónoma peor gestionada de todas. Lo cual es mucho decir, entre tanto despilfarro autonómico.

Es la primera decisión real que adopta el gobierno para frenar el desafío secesionista. Esperamos que no sea la única. Y que se tenga en cuenta que las urnas son sólo el último de los medios que el nacionalismo catalán ha puesto al servicio de ese objetivo, injusto e irreal. Y que sin su control, sectario, de la educación y de los medios de comunicación públicos, nunca se habría llegado a esta situación.
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