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ENSAYO

Jorge Urrutia: Política del acontecimiento literario. La cuestión del 98

domingo 06 de agosto de 2017, 18:25h
Jorge Urrutia: Política del acontecimiento literario. La cuestión del 98

Biblioteca Nueva. Madrid, 2017. 112 páginas. 12 €.

Por Francisco Estévez

Cómo leemos desde el presente y qué sustrato de época y de ideología deja cada generación sobre los pliegues de los libros es una de las más inquisitivas preguntas que vetea parte considerable de la obra crítica de Jorge Urrutia. En efecto, no cambian los hechos, sino el modo en que se interpretan, o de otro modo, no se modifican las palabras de una obra clásica, sino la mirada que depositamos en sus páginas. Muestra paradigmática en nuestra historia literaria puede ser la acuñación del término de la llamada “Generación del 98”. La manida metáfora adultera aún los libros de historia literaria incluso salpimienta hoy con igual furor que ayer la cultura toda en su eco doloroso. La cuestión del 98 es tema que ha vivido sus cuotas de intensidad (recordemos aquel Manifiesto contra la etiqueta del 98 propugnado por José-Carlos Mainer donde con acierto se ofrecía un término menos estrecho y equívoco, como aquel de “fin de siglo”). El presente ensayo no se detendrá en ahondar aquellas cuestiones, sino en aquilatar algunas de las más subrepticias interpretaciones ofrecidas sobre aquel marbete del 98.

El fuerte cuestionamiento ético entroncado a una renovación estética en aquel fin de siglo fue para los hombres del 98 un mayor desafío que la dichosa reflexión sobre la identidad nacional (tan normal en la Europa de entonces). En cualquier caso, aquellos jóvenes que se sintieron tan profundamente nuevos como modernos constituyen el más alto jalón de nuestra historia literaria reciente. Pero no se discutirá aquí la pertinencia del término “generación” ni su acuñamiento (fuera Gabriel Maura en 1908 o fuera José Ortega y Gasset quien primero lo pronunciara años antes de que popularizara el término Azorín en las páginas de ABC). Aquí se desvela como en los años anteriores a la Guerra Civil se impondrá la denominación del 98 no como concepto de catalogación literaria, sino para “justificar culturalmente un credo político”.

En efecto, a la zaga de Ernesto Giménez Caballero, que se sintió “nieto del 98”, Pedro Laín Entralgo, aquel que pocos años antes publicara Los valores morales del Nacionalsindicalismo (1941), opera en su La generación del 98 (1945) una torsión del Noventa y Ocho que gozó de un extraño y notable eco. Silenció autores, obras, significaciones en pos de ciertos intereses. Y no sorprenderá que Laín Entralgo afee a Pedro Salinas su escrito sobre el 98 al tratarlo meramente como un problema literario. Todo libro es un arma ideológica y aquí quedará bien expuesto a raíz de ese momento vertebral de nuestra cultura del Noventa y Ocho.

Por otro lado, fue tradición recoger la última lección magistral que dictaba el profesor universitario el día final de su periplo académico. El poco conocido género ha quedado arrumbado en una esquina ante la desidia lectora, la superficialidad de nuestro tiempo y ese desdoro permanente que sufre lo académico. Sin embargo, recibe bocanadas de aire nuevo que pudieran de algún modo revivir un necesario género. La presente lección del catedrático queda estructurada en tres bloques. Uno biográfico, otro teórico y, más allá, el ejemplo práctico demostrativo de la cuestión del 98. Aparte y como es preceptivo acompaña desglose de la caudalosa obra del semiótico, crítico, profesor y poeta Jorge Urrutia. Ya anotamos en su día aquí unas impresiones sobre esas deliciosas memorias ficcionales insertas en el relato poético en De una edad tal vez nunca vivida (2010).

Las sutilezas del pensamiento de Urrutia tentaron con anterioridad la sana polémica intelectual en una poco citada antología del XIX, Poesía española del siglo XIX (Cátedra, 1995). El contenido de aquel libro (su prólogo, la selección de autores y poemas), pero también desde su planteamiento, enseñaba a mirar a partir de una perspectiva novedosa toda la historia literaria del XIX. La recepción por parte de los especialistas de dicho siglo fue nula, todo lo cual es elocuente del estado de nuestras letras. Que una sagaz polémica no suscite siquiera atención y, más allá, reflexión es una tragedia en términos intelectuales, cruel fotografía de un estado cultural (en este agobiante presente la mirada al pasado cada vez más es de soslayo cuando no epidérmica). La presente lección sobre la cuestión del 98, aquella metáfora de uno de los momentos de mayor temperatura cultural de nuestro país debiera avivar un fértil debate cultural sobre cómo leemos y entendemos los fenómenos culturales. Ojalá así sea.

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