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DESDE ULTRAMAR

Veranito: de museos por Ciudad de México

jueves 10 de agosto de 2017, 17:27h

Llega el estío lluvioso y cálido y tradicionalmente dejo a usted una entrega anual de cuánto nos ofrece el verano en la capital mexicana. Su oferta museística, que es muy amplia todo el año, suele ser particularmente grata en esta época.

España, si cabe decirlo, está presente con una interesantísima muestra en el marmóreo Palacio de Bellas Artes, en un cara a cara entre Picasso y Diego Rivera. Los cuadros provienen del museo Picasso de París y de coleccionistas privados. Uno de ellos fue un regalo del mexicano al español, conservado por la familia de aquel. La mezcla extraordinaria de cubismo me intrigó y comprobé que el Rivera cubista fue magnífico, mejor que el de los monotes posteriores. No debió apartarse de esa senda. Tiene el mérito la expo de permitirse fotografiarla y el incluir muchos ejemplares de Picasso, cosa que se agradece por su importancia y calidad. Su traza es estupenda. Para mí no ha sido sorpresivo el Rivera cubista, pues había visto tres cuadros suyos de formato pequeño colocados en la biblioteca del Museo Dolores Olmedo, sin posibilidad de fotografiarlos. Son magníficos, resultando formidable contemplar tal faceta del marido de Frida Kalho.

Si bien el Museo Nacional de Antropología cerró una asombrosa y colosal exposición dedicada al escudo nacional –con la excelente museografía que lo destaca desde hace ya varios años– que conjuntaba valiosa información y una memorabilia vastísima pocas veces acopiada, ahora nos obsequia una sensacional dedicada al mundo maya. Un esfuerzo por contar lo más reciente descubierto de este pueblo avanzado mesoamericano. Destaco desde una sandalia y la estela que marca el inicio de su calendario (3114 a.c.), a una reina y objetos nunca antes expuestos como un Chac-Mool articulado. Jade, inscripciones y labrados la redondean.

Propincuo a, el Museo de Arte Moderno recapitula a Rufino Tamayo exhibiendo obras elocuentes del artista mexicano de talla mundial. Es una gran oportunidad de acercarse a él comprobando su vanguardismo basado en tonificadores colores avivados. Claves en el arte mexicano, algunos de ellos son evanescentes. Tonalidades efusivas como se atestigua en otra presentación montada allí mismo que reúne artistas locales secuenciando la creatividad nacional. Del Dr. Atl a Frida Kalho, pasando por Anguiano, Mérida, Coronel, Siqueiros y otras firmas que dieron un poderoso lustre a la pintura mexicana en la centuria próxima pasada.

Los Estados Unidos acuden al Museo Jumex, con Andy Warhol. Una extensa exhibición mostrando la más ilustrativa, insípida, sencilla y monótona visión de un creador tan kitsch y tan simplón basado en el estrellato hollywoodense y el escándalo, con un oportunismo que le funcionó al artista y lo dotó de su estilo inconfundible, sin mayores pretensiones y eso es lo que vimos. Así, hubo latas y estampas monocromáticas secuenciadas en serie por doquier. A mí me gustó y no esperaba otra cosa. ¡Es Warhol! Lo que es y da para lo que sabemos que da, como un icono del siglo XX en el movimiento pop. Por traerlo, vale.

Otro estadounidense, Stanley Kubrick, aterrizó en la Cineteca Nacional, permitiendo acercarme a la producción de un renegado del American Way of Life –inscrito en el mismo peculiar equipo que integran Emerson, Isadora Duncan o Josephine Baker– y tan contrario a Warhol. Sus afamadas e identificables películas nos aportan personajes, secuencias, frases y emociones inolvidables. Las hayas visto o no, siempre aparecen. Ha sido un gran recuento acompañado de carteles, vestuario, utilería de la más reconocible y hasta de futuristas objetos (vgr. 2001: Una odisea del espacio) como trajes espaciales o la puerta que rompía el protagonista de “El resplandor”, testimonios de “La naranja mecánica” o las máscaras de “Ojos bien cerrados” (Eyes Wide Shut) que protagonizara Tom Cruise. ¡Fue un grandioso repaso! entretenido y muy loable.

¡Japón siempre es taquillero! El Museo Franz Mayer acoge una atractiva cantidad de arte japonés, Iroha, conmemorando la primera migración Enomoto. La reunión de artículos de distintos siglos, incluso del reciente, exhibe la continuidad del ingenio y del refinamiento japoneses en diversas manifestaciones, volviéndola exquisita y atrayente. Incluye obras de autores mexicano-japoneses y de la embajada nipona. Concentra excelsa, soberbias armaduras de samuráis de distintas épocas. Te quedas boquiabierto ante el realce y la delicadeza de todo ello. Y la experiencia de ver una fascinante reproducción del mítico libro Genji Mogonatari, ricamente ilustrada. La oportunidad resulta imperdible.

El Museo Nacional de las Culturas del Mundo mira hacia Perú. Titulada “Qhapaq, un recorrido por los Andes”, trata de una sencilla apuesta para familiarizarnos con la zona, ilustrándonos lo mismo con osamentas de animales prehistóricos que deambularon por allí, que igual orientándonos sobre la evolución de los pueblos de la región, en su vida diaria y en su cosmogonía. Cuencos, vasijas, ollas labradas nos dan cuenta de todo ello. La ocasión permite valorar la riqueza y el misticismo de una gran cultura como la incaica y de otras menores del suelo peruano.

El Museo Nacional de San Carlos se decantó por la fotografía. Con la lente del italiano Massimo Litri nos conduce por los Museos Vaticanos en reproducciones de gran formato. La luz que envuelve al visitante, la nitidez, la textura nos sumergen en cada toma, mientras nos deleitan la pupila el derroche, la donosura, la prodigalidad pontificia para rescatar y preservar obras de la Roma clásica, al tiempo que desplegaba su poderío arquitectónico cuajado de mármoles y esculturas o con prominentes tiaras papales rematando escudos, símbolo de la soberanía terrenal de los romanos pontífices. En paralelo la galería recupera para su colección permanente telas hace tiempo retiradas o prestadas. Me ha encantado ver de nuevo un peculiar lienzo, una joya: “Felipe II como rey de Portugal”, magistral en los dorados, muy raro y desconocido en la Península.

En la otrora Pinacoteca Virreinal, ahora convertida en el Laboratorio Alameda, el neerlandés Theo Jansen muestra sus inusitadas figuras de movilidad eólica a base de articulaciones. Tuve la ocasión de ver desplazarse a una de ellas y es realmente sorprendente. En tanto, el Palacio de Iturbide –que nos mostró la primavera pasada el magnificente pincel del novohispano Villalpando– ahora monta “Pinxit Mexici. Pintando México 1700-1790” que aglutina en sus trazos ideas dieciochescas, reclamantes, originales y rompedoras de las vigentes en el Viejo Mundo, que osadas y nada obsecuentes revelan la velada protesta social que ya se fraguaba en las colonias españolas. Los virreinatos americanos fueron efervescentes aún antes de las reformas borbónicas y acaso fueron su semillero y no solo sus receptores. Y el despliegue pictórico novohispano es inconmesurablemente rico y las propuestas muy atrevidas.

Por último y aprovechando que el año que trascurre se marca el centenario de la constitución mexicana de 1917, en el Palacio Nacional se aborda el tema con una elaborada conjunción de reflexiones en torno a su articulado, mostrando así la evolución de México durante un siglo, pormenorizando el desarrollo nacional.

Así es que la Ciudad de México va de plácemes. Sus varios museos no decepcionan, para fortuna de todos. Anímense a visitarlos y a visitarnos.

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