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NOVELA

Delphine de Vigan: Basada en hechos reales

domingo 13 de agosto de 2017, 18:55h
Delphine de Vigan: Basada en hechos reales

Traducción de Javier Albiñana. Anagrama. Barcelona, 2016. 344 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Carmen R. Santos

Cuando la francesa Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) publicó Nada se opone a la noche no era una principianta en las lides literarias. Ya había dado a la imprenta varias novelas, la primera, Días sin hambre, aparecida bajo el seudónimo de Lou Delvig. Su debut era una dura exploración sobre la anorexia, en la que ya se jugaba con la táctica de la autoficción, elemento no nuevo -en España, sin ir más lejos, hay egregios ejemplos en Unamuno o Azorín-, se ha instalado con fuerza en las letras de los últimos años, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. En Días sin hambre, el recurso al seudónimo y el decir que había sido así por razones familiares alimentaba la idea. Idea que explosiona plenamente en Nada se opone a la noche, que se convirtió en un inesperado best seller y lanzó a su autora a una proyección mediática internacional.

El centro de Nada se opone a la noche, que obtuvo numerosos premios, era el suicidio de su madre, aquejada de transtorno bipolar. O mejor, debe precisarse, la investigación en torno a esa muerte, la necesidad de comprenderla, o cuando menos, explicarla, que implica, inevitablemente, el rastreo de la vida de quien tomó tan drástica decisión. Delphine de Vigan, con su descarnada indagación en los demonios familiares, se internó en el camino que emparenta la literatura con un ejercicio catártico y logró que miles y miles de lectores se sintieran concernidos. El clamoroso éxito tuvo, sin embargo, un precio: el bloqueo.

En ese punto del dique seco comienza Basada en hechos reales: “Pocos meses después de que apareciera mi última novela, dejé de escribir. Durante tres años, no escribí una sola línea”. Y ello, nos aclara la narradora, no solo en un sentido literario, sino literal, pues no podía escribir ni siquiera una inocente postal de vacaciones. Todo cuanto tenía que ver con la escritura le producía malestar y pánico. La narradora de Basada en hechos reales -su título ya es toda una declaración, que no supone, naturalmente, su veracidad-, se parece mucho a la propia Delphine de Vigan y a sus circunstancias, en esta historia servida aquí en un envoltorio de thriller psicológico, formato que De Vigan maneja con indudable pericia, consiguiendo sumergirnos en una absorbente lectura.

Basada en hechos reales se articula en torno a la relación de su protagonista y narradora, llamada precisamente Delphine, con L, una misteriosa y encantadora mujer que ejerce de negra literaria al servicio de famosos que quieren escribir y publicar sus memorias, dedicación muy bien elegida para su personaje por Delphine de Vigan, en consonancia con la intriga. Los destinos de Delphine y L. se cruzan por azar, o quizá ese azar no fuera tal. Lo que está claro es que, confiesa Delphine, “L. entró en mi vida y la desquició profunda, lenta, firme, insidiosamente”. Y más aún: “Ahora que expongo esos hechos, reconstruidos más o menos en el orden en que se desarrollaron, cobro conciencia de que aparece, como escrito con tinta simpática, una especie de trama cuyos calados permiten entrever la lenta y segura progresión de L., reforzando día a día su influencia sobre mí. Como cabe imaginar, escribo esta historia a la luz de lo que esa relación llegó a suponer y de los quebrantos que causó. Sé el terror en que me sumió y la violencia en que concluye”.

Otra vez la autoficción y la catarsis. Aunque esto es lo de menos. La propuesta de la autora gala nos zambulle de hoz y coz en asuntos que, por supuesto, no son nuevos, pero siempre provocan tanta fascinación como desasosiego. Así, el tema del doble y la vampirización, el robo de la personalidad y la propia vida por alguien que se presenta de manera amistosa, lo que hace la situación, si cabe, más siniestra. La novela se divide en tres partes -“Seducción”, “Depresión” y “Traición”-, cada una encabezada por una cita tomada de Misery y La mitad oscura, de Stephen King. Pero no solo la huella del rey del terror, quizá éste incluso en menor medida, se aprecia en Basada en hechos reales. Nombres como el de Edgar A. Poe, o Patricia Highsmith, o películas como Persona, de Ingmar Bergman, o Eva al desnudo, de Joseph L. Mankiewicz resuenan aquí. El turbio universo de la vampirización es ancho pero no ajeno.

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