Cada año a finales del verano comienzan las temporadas de ciclones tropicales en los Océanos
Los fenómenos meteorológicos violentos, como huracanes y tifones, suelen azotar las áreas tropicales de nuestro planeta por estas fechas. 'Harvey', que ha dejado al menos cinco fallecidos en Texas, o 'Hato', que ha provocado la muerte de 16 personas en China, han sido los ejemplos más recientes. Pero, ¿qué son y por qué se producen con tanta regularidad este tipo de fenómenos a estas alturas del año?
En realidad, tanto huracanes como tifones, obedecen a un mismo fenómeno meteorológico: el ciclón tropical, un sistema tormentoso que se origina en áreas marinas intertropicales de bajas presiones en las que el aire caliente se condensa (pasa a estado líquido) a gran velocidad gracias al calor aportado por el sol.
En función del área geográfica donde se originen los ciclones (Pacífico, Atlántico o Índico), éstos recibirán el nombre de 'huracán', 'tifón' o 'ciclón'. La época predilecta para la formación de estas peligrosas tormentas es hacia finales del verano, cuando la temperatura de las aguas es más cálida.

En función de su virulencia, los ciclones tropicales pueden clasificarse en siete categorías mediante la escala de Saffir-Simpson (desarrollada en 1969 por el ingeniero civil Herbert Saffir y el director del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, Bob Simpson.): dos iniciales, la depresión tropical y la tormenta tropical (previas o posteriores al huracán), y cinco categorías propiamente dichas, que clasifican la fuerza del ciclón, basándose fundamentalmente en la velocidad del viento.
A las dos primeras categorías se adscriben los huracanes más débiles. Aquellos cuyos vientos oscilan entre 119 y 177 km/h; pueden generar mareas de entre 1,2 y 2,4 metros y comportan presiones de entre 965 y 994 milibares. Pueden ocasionar daños en ventanas, tejados y puertas, afectan a la vegetación, y generar inundaciones moderadas en poblaciones portuarias.
Entre estos se encuentran el huracán 'Alex', que afectó a Centroamérica en el año 2010, ocasionando la muerte de 34 personas y numerosos daños materiales; el huracán 'Diana', que dejó 139 fallecidos y 143 millones de dólares de pérdidas en 1990, también en Centroamérica; o el huracán 'Erin', que azotó la costa de Florida en 1995, generando pérdidas por valor de 947 millones de dólares y causando 13 muertes.
Además del incremento en la velocidad del viento (que puede alcanzar más de 200 km/h), la principal característica de los huracanes de tercera categoría es que pueden percutir con virulencia tierra adentro, algo que no sucede en los dos primeros casos. Así sucedió cuando el huracán 'Isidoro' tocó tierra el 22 de septiembre del 2002. Durante 35 horas “barrió” los estados de Yucatán y Campeche, afectando a toda la península de Yucatán y el Sureste de México, con vientos máximos sostenidos de 205 km/h.

Mayor impacto tendría 'Sandy', el peor huracán que ha golpeado Estados Unidos, tras el Katrina. En 2011, después de asolar varios países caribeños, como Bahamas, Bermudas, Cuba o Jamaica, 'Sandy' alcanzó la costa este norteamericana con un colosal diámetro de 1.800 kilómetros (el mayor registrado). 24 estados orientales resultaron afectados, con marejadas ciclónicas y vientos de hasta 180 km/h. El balance final sería de 219 fallecidos y de 30.000 a 60.000 millones de dólares en daños materiales.
Pero cuando un ciclón golpea zonas menos desarrolladas los efectos pueden ser mucho más devastadores. Ese es el dudoso honor que ostenta el ciclón 'Bhola', considerado el ciclón más mortífero de la historia moderna. En 1970 sacudió Bangladés e India, dejando a su paso medio millón de muertos y ocasionando daños materiales que ascendieron a casi medio billón de dólares.
La ira de Odín: categorías cuatro y cinco
Los huracanes de categoría cuatro son los segundos más potentes en la clasificación de Saffir-Simpson. Con vientos de hasta 249 km/h e inundaciones de 5,5 metros son capaces de provocar grandes catástrofes, arrasando todo lo que se interponga en su camino. Provocan daños generalizados en estructuras protectoras, desplome de tejados en edificios pequeños, alta erosión de bancales y playas o inundaciones en terrenos interiores.
'Paulina' fue uno de los más devastadores y la ciudad de Acapulco puede dar buena fe de ello. Cuando el ciclón tocó tierra el 9 de octubre de 1997 el puerto de Acapulco quedó automáticamente destruido. A los vientos, con rachas de 240 km/h se añadieron las copiosísimas precipitaciones que cayeron sobre la ciudad mexicana (411.2 mm acumulados en menos de 24 horas). Con unas pérdidas de alrededor de 10.000 millones de dólares, 200.000 personas quedarían sin hogar, resultando muertas unas 400.
En la categoría cinco se encuentran los ciclones más violentos, poderosos y terribles que se desatan en la Tierra. Con vientos que superan los 300 km/h, inundaciones de hasta diez metros y lluvias torrenciales, estos superciclones son capaces de mover edificios como si fueran mantequilla, arrancar árboles de cuajo o inundar inmensas zonas interiores en poco tiempo.

El huracán 'Mitch' fue uno de los ciclones más poderosos y devastadores vistos por el hombre. Mitch pasó por América Central del 22 de octubre al 5 de noviembre en la temporada de huracanes en el Atlántico de 1998. Debido a su movimiento lento, 'Mitch' dejó precipitaciones récord en países como Guatemala o Nicaragua ¡de hasta 1.900 mm! Unas 18.000 personas perdieron la vida y los daños materiales fueron enormes.
Aunque no es el huracán más potente que ha golpeado Estados Unidos ('Labour Day' y 'Camille' le superan), el 'Katrina', es considerado como el mayor desastre natural en la historia del país. El 23 de agosto de 2005 el huracán se formó sobre las Bahamas y cruzó el sur de Florida como un huracán de categoría 1 moderado, causando algunas muertes e inundaciones antes de fortalecerse rápidamente en el golfo de México. Tras haber alcanzado la categoría 5, la tormenta se debilitó antes de tocar tierra por segunda vez como un huracán de categoría 3 el 29 de agosto en el sudeste de Luisiana.
El Katrina devastó las costas del golfo desde Florida a Texas debido a su intensificación. El mayor número de muertes se registró en Nueva Orleans, que quedó inundada porque su sistema de diques falló, colapsándose muchos de ellos varias horas después de que el huracán hubiese continuado tierra adentro. El 80 % de la ciudad quedó anegado, manteniéndose así durante semanas. Sin embargo, los daños materiales más importantes se produjeron en áreas costeras, como la inundación en cuestión de horas de todas las ciudades litorales de Misisipi, el arrastre de numerosos barcos y casinos flotantes a tierra firme, lo que provocó su choque con edificios, alcanzando las olas distancias de 10 a 19 km desde la costa. 1836 personas perecieron. Los daños materiales superaron los 100.000 millones de dólares.
