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EXPOSICIÓN

Noventa obras de Zuloaga en el París de la Belle Époque

La Fundación Mapfre reúne además piezas de Picasso, Toulouse-Lautrec, Rodin o Bernard.

La Fundación Mapfre ha presentado este martes la exposición Zuloaga en el París de la Belle Époque, en la que ofrece una nueva visión del pintor, cuya obra, que en gran parte se desarrolla
en el París de cambio de siglo, se muestra en perfecta sintonía con el mundo moderno en el que se inscribe y excede los límites que la historiografía tradicional del arte ha establecido: una obra convencionalmente ligada a la generación del 98 y por lo tanto a la conocida como “España negra”.

La muestra está organizada en torno a varias secciones que ilustran los distintos aspectos de la aventura parisina del pintor: sus primeros años en la capital francesa, el contexto del París que le recibe; sus grandes amistades, como Émile Bernard y Auguste Rodin; el Zuloaga retratista; su faceta de coleccionista; y su regreso a las raíces españolas.

La primera sección se centra en la llegada del pintor a París, donde estudia en academias en las que que imparten lecciones dos de los artistas más influyentes de la ciudad, Henri Gervex y Eugène Carrière. Con ellos se inicia en la pintura au plein air y conoce a artistas como Maxime Dethomas, Jacques-Émile Blanche o Henri de Toulouse-Lautrec. De forma paralela, pasa temporadas en Sevilla y Alcalá de Guadaíra, donde realiza diversas composiciones de temática andaluza como Víspera de la corrida o Mujer de Alcalá de Guadaíra.

A partir de 1890, presenta sus obras en la galería Le Barc de Boutteville junto a los protagonistas del simbolismo como Paul Gauguin, Maurice Denis, Paul Sérusier o Émile Bernard. Influenciado por este ambiente, comienza a experimentar con la simplificación de las formas, aunque manteniendo siempre una paleta más sombría de lo habitual entre sus coetáneos.

Otras secciones muestran la amistad que el artista vasco comparte con el pintor Émile Bernard y con el escultor Aguste Rodin. A Bernard, le une la admiración por la tradición pictórica y por los maestros del pasado. Por su parte, la relación con Rodin nace de la profunda admiración que siente por la obra del escultor; ambos artistas intercambian obras y exponen de forma conjunta en diferentes ciudades europeas.

Zuloaga, al relacionarse con la élite social e intelectual de la capital francesa, también tiene un papel destacado como retratista de los protagonistas del París de la Belle Époque, como se observa en la sección El retrato moderno.En ésta destacan el retrato de la condesa de Noailles.

En la sección Una mirada a España se exponen piezas de la colección artística del propio pintor. Una colección que dedica especial atención a los pintores españoles que más admiraba: El Greco, Zurbarán o Goya.

La última sección, Vuelta a las raíces, destaca la relevancia que la experiencia parisina tiene en el regreso de Zuloaga a sus propias raíces.

La muestra, organizada con el apoyo excepcional del Musée d’Orsay, ha contado con más de 40 prestadores, entre instituciones y colecciones particulares, entre las que destacan la Fundación Zuloaga, Madrid, la Galleria Internazionale d’Arte Moderna di Ca’ Pesaro, Venecia; Museum of Fine Arts, Boston; Musée national Picasso, París; Musée Rodin, París; Museo de Bellas Artes de Bilbao; National Gallery of Art, Washington D.C.; The State Hermitage Museum, San Petersburgo o The State Pushkin Museum of Fine Arts, Moscú.

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