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TRIBUNA

Del enfrentamiento al chanchullo

lunes 09 de octubre de 2017, 20:16h

Rajoy está ganando. Javier Arenas, casi el segundo en la escala jerárquica del PP, caminaba detrás de los que llevaban la pancarta en la gran manifestación del domingo en Barcelona. Ahí está la imagen del poder. Ahí está sintetizado el futuro que nos espera a los españoles. Ahí está condensada la política de los próximos meses y quizá años. Reconozcamos lo obvio: el jefe del PP está en el Gobierno y ocupa con la sagacidad de la vulpeja todos los espacios políticos de la sociedad española, incluido el espacio del Jefe del Estado o ¿todavía alguien cree que detrás del discurso del rey no están los militares, es decir, la Ministra de Defensa del gobierno de Mariano Rajoy? Este político está demostrando con creces por qué es el primero ante un vulgar Sánchez, un despistado Rivera -¿o quizá no tan distraído?- y los otros acompañantes del Parlamento que prefiero no citar. Rajoy será, pues, el primero en “interpretar” ese magno acontecimiento del pueblo pidiendo prisión para Puigdemont. Lo utilizará, dicen los revoltosos de las emisoras de radio, pro domo sua. Obvio. Eso no merece comentario. Es lo que lleva haciendo desde hace décadas.

Lo decisivo es que Rajoy está detentando con rigor el poder. Sus movimientos son serenos, tranquilos y seguros. Sí, tiene mucho miedo, siempre lo ha tenido, por eso habla poco y actúa mucho. Se equivocan los gritones que lo acusan de vago. Sus acciones son múltiples para llegar a una elemental conclusión: es mejor un mal acuerdo que la guerra civil. Cualquier cosa es aceptable menos perder el poder. La suerte está echada. No seamos profetas de la desgracia. Para que no entremos en un enfrentamiento civil entre españoles, Rajoy llegará a un “chanchullo” con los dirigentes de un fuerte movimiento nacionalista, basado en una terrible ideología cuyos promotores intelectuales se identifican totalmente con su obra destructiva, y si no relean la entrevista de Roures en El Mundo, o si lo prefieren revisen las declaraciones de un independentista (sic) de apellido ilustre y padre franquista, Borja de Riquer, en El Español: “El discurso del rey fue una gran decepción. No actuó como un hábil jefe de Estado. Podría haber combinado una parte de lo que dijo con la necesidad de una negociación y de un ´hablemos` político. Por otro lado, dio un apoyo total a la política represiva del Gobierno. No hizo ni una sola referencia a las víctimas de esa brutalidad del 1-O.” Jaume Roures, el mayor productor de imágenes falsas de España, y Borja de Riquer, un supuesto “historiador” del gran Cambó, son solo dos ejemplos de identificación entre el ideólogo y su obra destructiva. Son personajes románticos, sí, solo están en comunicación con los poderes originales de la Tierra, de su tierra, de su patria chica… El resto no existe.

Pero, a lo que íbamos, la vulpeja le saca ventaja, de momento, a los terroríficos leones del secesionismo en un aspecto determinante del Proceso criminal que comenzó hace 17 años o antes. Se refiere al comportamiento emocional de la población: la gente, incluida una parte de los secesionistas, están cansada, algunos han tirado la toalla, porque tienen que ensayar e imponer todos los días y a todas las horas una patraña o mentira a una sociedad que, a pesar de todo, quiere estar unida y vivir en paz; los catalanes, reitero, incluidos una gran parte de los separatistas, quieren reconciliarse con sus vecinos, sus amigos, sus hermanos y el resto de familia. El psicoanálisis político conoce bien las limitaciones de quienes exigen a una sociedad que se sacrifique por un “futuro mejor”… Entre el humanismo y el terror no caben negociaciones. O sea, por muy fanatizado que esté el independentismo catalán, parece que lo sucedido en las últimas semanas, especialmente la fuga de empresas de ese territorio, podría hacerle entrar en razón. Esa ventaja emocional será decisiva para Rajoy.

Seamos, pues, precisos en el análisis político. No nos engañemos con películas y cuentos de la vieja para interpretar lo que está pasando. El discurso del rey, las manifestaciones masivas de ciudadanos por la unidad de España, la reacción de los empresarios de origen catalán instalando sus empresas fuera de Cataluña, el control del Gobierno de España de las cuentas públicas de la Autonomía de Cataluña, el mantenimiento de las fuerzas del orden público, Policía Nacional y Guardia Civil, en Cataluña y, por supuesto, el funcionamiento del Estado de Derecho (Tribunal Constitucional, Tribunal Supremo, Audiencia Nacional y Tribunales Ordinarios de Justicia, etcétera) serán, entre otros, factores decisivos para que Rajoy le tuerza el brazo a Puigdemont y, seguramente, a los demócratas radicales que aspiramos, desde hace más de treinta años, a construir una nación democrática que se llama España. Aunque no descarto alguna medida seria y sensata para democratizar, es decir, nacionalizar de verdad este país, creo que la casta política dominante, con Rajoy de gran chamán, se conforma con meter en la cárcel a Trapero, desmontar el cuerpo de Mozos de Escuadra y él, el Jefe del Gobierno de España, seguir pasando por un tipo medroso, sí, pero que resuelve problemas.

En fin, creo que la vulpeja le ganará al león. Quizá la victoria de Rajoy llegue a ser tan rotunda que se permitirá el lujo de mostrarse generoso, casi liberal, con los sediciosos de la Generalidad (ni siquiera se les acusará de rebeldía puesto que no ha habido ni un muerto a lo largo del Proceso secesionista). Por desgracia, la desnacionalización entera de España es tan honda que seguirá jugando a favor del menos inepto de los políticos españoles y contra los demócratas radicales, es decir, contra aquellos que pensamos que, en España, como dijo el filósofo, todo lo grande o es obra el pueblo o no se hace.

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