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CRÓNICA RELIGIOSA

Lolo, nuestro maestro

Lolo, nuestro maestro
domingo 05 de noviembre de 2017, 11:19h
El pasado viernes, día 3, celebramos la festividad del Beato Manuel Lozano Garrido, nuestro querido LOLO, periodista y maestro de todos nosotros, que supo, a pesar de su ceguera y de estar postrado en una silla de ruedas, transmitirnos con sus trabajos una sensibilidad y fortaleza imposibles de simular, que le permitían escalar el cielo abriéndose paso en esa maraña de dificultades que debía sortear día tras día.

Nació en Linares, Jaén, España, el 9 de agosto de 1920. Era el quinto de siete hermanos. Sus padres Agustín y Lucía se preocuparon de que recibiera educación con los PP. Escolapios, y su vocación al amor con mayúsculas estuvo marcada desde el principio. A los once años se afilió a la Acción Católica incrementándose sus afanes espirituales y apostólicos que discurrieron en una época difícil de la historia española, tiempos convulsos para quienes mostraban abiertamente su filiación católica.

Pasó penurias en el frente durante la guerra civil en la que estuvo destinado en Motril, Granada, y tras la contienda de nuevo sirvió como soldado en Madrid. En esa época tenía tatuado el dolor en su organismo, y sería su fiel compañero de viaje durante toda su vida. Pero hay formas de encarar el dolor. Cuando lo reconocía como una «vocación», la «de enfermo», y aludiendo a su profesión declaraba: «inválido», lo hacía con toda naturalidad, sin dejarse atrapar por el cúmulo de limitaciones que fueron llegando a su vida. No hubo quejas ni lamentos. Sí una meridiana claridad que anclada en su libertad espiritual le permitía relatar su día a día. Ahí está como muestra «Las estrellas se ven de noche». Se comprende el atosigante dolor que debía sufrir al irse mermando tan seriamente su salud. Hubo un instante en que ya no pudo escribir con la mano derecha y puso el coraje de aprender a hacerlo con la izquierda. Antes de que la parálisis atenazara por completo sus manos, ataba el lápiz a sus dedos. Finalmente comenzó a dictar sus obras en un magnetófono: se había fugado la luz de sus ojos. Solamente estas pinceladas de su vida ponen de manifiesto la talla humana y espiritual de este hijo de Dios que se negó a recluirse en ese silencio y oscuridad estériles que le brindaba la enfermedad. «…Ya sé que el dolor sin más, aséptico, desnudo, con la arista como fin, no tiene cabida en el dulce paraíso del Amor. Ser santo, y paciente, y amante, y loco de Cruz es vivir la magia de las adivinaciones, el milagro de las transmutaciones…», había escrito.

Obtuvo numerosos premios con sus obras que abarcaron distintos géneros: ensayo, novela, diarios, textos de espiritualidad, casi un millar de artículos de prensa… Escritos en el espacio y mismo escenario de siempre, del que apenas salió, mientras la parálisis le invadía. «Ya, Señor, puedo concluir; pero antes desearía pedirte que esta idea de tu encarnación en el dolor me la dejes quieta, inmóvil, imborrable, como en esos cortes de las películas rancias en que un hombre, se nos queda para rato con el vaso en el aire, a dos dedos de los labios»…

Este profeta de esperanzas, de contagiosa alegría, murió el 3 de noviembre de 1971. Fue beatificado en su ciudad natal el 12 de junio de 2010. Una ceremonia emociónate en la que estuvimos muchos periodistas españoles que emocionados acogimos a LOLO como nuestro patrón y ejemplo de vida.

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