El gol de Farfán en el primer tiempo allanó el camino de los latinoamericanos. Por Diego García
El Nacional de Lima se engalanó como en las mejores ocasiones. Los allí presentes querían poder presumir de haber vivido, in situ, un hito histórico para el fútbol y la nación peruana. El regreso a un Mundial 36 años después lo merecía. Así, el coliseo capitalino, ardoroso, contempló cómo se redondeó la guinda del proyecto construido por el seleccionador Ricardo Gareca. La mezcla de veteranía y nueva hornada, ya confirmada, que tanto había brillado en la Copa América, se quitó el fantasma de la exclusividad de la eficacia en torneos cortos y llegó a la respeca con la oportunidad de sellar el billete para Rusia en casa y ante Nueva Zelanda. Dejando a Chile en la cuneta.
La superioridad técnica de los americanos era notoria. Lo fue en la ida, aunque en tal encuentro dominó el físico y la tensión de la cita terminó por empujar a los representantes de Perú hacia preponderar la no exposición por delante del riesgo de llevar la iniciativa y buscar el gol. De cara a los últimos 90 minutos no cabía la especulación y el técnico argentino apostó por acumular todo el talento posible en el césped. Advíncula volvió -triunfal- al lateral diestro para constituir una amenaza per se. Edison Florez bajó al mediocentro para crear y conectar con Farfán -que abandonaba la posición de punta-, Polo y el necesario Cueva. Por delante figuraba el escurridizo Ruidíaz.
En la trinchera de enfrente yacía la zaga de cinco peones de los All Whites. El seleccionador Anthony Hudson buscó reproducir el esquema y la trama del duelo precedente, con tres zagueros morfológicamente descontextualizados para la práctica del fútbol. Reid, el capitán de 191 centímetros, gobernaba una retaguardia que sufriría si los locales raseaban el cuero. Thomas y Barbarousses eran los únicos talentosos del conjunto visitante, que metió en escena a Toiloma como todoterreno capaz de sacar de la cueva a los suyos y lanzar contragolpes a base de potencia anatómica. En resumen, viajaron hasta la costa peruana para defender y jugar con la paciencia de los rivales, favoritos.
Se desataría desde el arranque un ejercicio de presión y monopolio del cuero asfixiante por parte de Perú. Con Trauco y Advíncula como extremos, se jugaría la primera media hora en cancha de los neozelandeses, sin interrupciones. Pero le costaría a los americanos dar continuidad al ritmo disparatado que pretendían, pues el juego entre líneas no les terminó de ser asiduo. Sin embargo, su técnica e intensidad iban a desbordar a la notable maniobra de rigor táctico y competitividad de los contrincantes espigados.
Advíncula señalaría el camino en el segundo minuto. Recibió un cambio de juego y, en su primera incorporación, descerrajó un zurdazo que se estrelló en el larguero. La declaración de intenciones había resultado rotunda. A partir de ese punto Nueva Zelanda se recluyó y se conformó con achicar, imposibilitada para enlazar dos pases seguidos e incomodar al contraataque. Así, con la pelota pintada de blanquirrojo se desarrollaría un asedio que multiplicaría los centros laterales a falta de mayor claridad. Aunque sin rematadores entre tantos centímetros.
Le costó arrancar a su principal creador, Cristian Cueva. Fallón, perdió un par de controles sencillos para la jerarquía que le llevó a jugar a Brasil y se enredó en protestas al árbitro y faltas hasta que sintonizó con el evento. De sus botas nacería el gol peruano que generaría un terremoto a lo largo y ancho del país. Se había topado el cuadro de Gareca con los límites de no disponer del excelente Paolo Guerrero, esto es: le buscaban en largo, como en tantas ocasiones, pero el delantero referencial de turno no bajaba esos balones. Por ende, la única manera de dañar al muro -nunca mejor dicho- oponente era en transición, con los envíos laterales aumentando la confianza de Reid y compañía. Por el conducto del vuelo, en el 28, Cueva sentó a Reid, aglutinó la atención y esperó para ceder, con delicadeza, al cañonazo de Farfán que colocó el 1-0.
Hasta esa altura el dominio peruano sólo había desembocado en dos de tiros sin atino de Polo y Ruidíaz. Y a los visitantes les había bastado con negarse a jugar al fútbol en fase ofensiva. Algo más urgidos por la tesitura, los pupilos de Hudson amagarían con subir líneas y presionar para ganar algo de peso en el encuentro, ya en desventaja, pero sus limitaciones en el cortejo de la pelota rápido les devolvería a su realidad. Entonces, Perú se sumó al devenir generalizado contaminado por faltas y el envite se dirigiría al descanso con otro puñado de chispazos favorecidos por el crecimiento de los espacios en la mediapunta local. Cueva y Farfán lo aprovecharían y Trauco descorchó la que pudo ser la sentencia: sacó un zurdazo desde larga distancia que el meta Marinovic sólo pudo dejar muerto. La Foquita cazó el rechace pero el guardameta salvó a los suyos -minuto 40-.
Sin embargo, en la última acción peligrosa del primer acto -minuto 44-, Nueva Zelanda remarcó sus aptitudes y Reid rozó el empate con un cabezazo después de un saque de esquina. Su testarazo no encontró palos ante el silencio de la tribuna. Era el primer y único tiro de los visitantes, entre otras cosas por el buen trabajo antiaéreo del valioso Renato Tapia y de los centrales Ramos y Rodríguez. La atención en la vigilancia de estos nombres abortó cualquier salida vertical y en largo de los obligados a remontar. Y de camino a vestuarios Hudson pensó que había que dejar de contemporizar y cambiar el rictus.
En la reanudación salió al verde su mejor atacante, el delantero que juega en la Premier Chris Wood. Este 9 de raza sentó a Toiloma para añadir soluciones al desahogo por la vía del pelotazo que le había sido negado a su equipo. Y el cambio tardó un minuto en aportar frutos: una asistencia del recién entrado ofreció a Ryan Thomas un remate desde dentro del área que no inquietó al aburrido Gallese por poco. Parecería en ese tramo de dudas que Perú adoptó su versión granítica, esa que desesperó a Messi en Argentina -empataron a cero en La Bombonera-, cediendo metros y afilando el colmillo para rematar a la contra. Y, también, defendiendo con el cuero. Le saldría la jugada a la perfección a Gareca.
Nueva Zelanda sólo llegaría a provocar un córner en una salida temeraria de Gallese que Wood no supo amortizar -minuto 61-. Por el camino avisó Farfán con un latigazo desde la frontal y el central Christian Ramos llevó al paroxismo a su patria. Cuevas, sin parangón en cuanto a calidad en su camarín, firmó su segunda asistencia lanzando un córner que granjeó un lío a la defensa visitante y concluyó con remate a las mallas y a quemarropa del zaguero -minuto 64-. El premio al vestuario peruano se acercaba.
Los seleccionadores activaron sus modificaciones pertinentes mientras que el enfrentamiento seguía amordazado por las faltas e imprecisiones. Gareca pretendió ganar consistencia y guardar la cosecha, retirando a Polo y a Ruidíaz por el regateador Carrillo y el mediocentro destructor Yotún; Hudson, por su parte, quemó las naves dando entrada al chileno Rojas y a Brockie. Deshizo su zaga de cinco obreros y se jugó el todo por el todo, aunque su asedio no contemplaría más varianres que el bombeo de balones. Rodríguez emergería, acompañado por Ramos, Tapia y el otrora titular Yotún, para nuetralizar el anhelo de un bloque neozelandés impotente para remontar -Wood marraría un mano a mano con Gallese en el 90, sin llegar a chutar-. Sólo engordarían su registro de córners. No el de remates.
Y a falta de un cuarto de hora y con 2-0, aparentaba más veneno el contragolpe intermitente peruano, con Carrillo mucho más fresco que los vaciados Cuevas y Farfán -compañeros del tridente provisional-. No perdería el sitio táctico el sistema local y, por si acaso, Gareca selló el resultado ejecutando otra vuelta de llave a su propio cerrojo: sustituyó a Cueva por otro destructor, Zela, y la falta de pericia y lucidez en los metros finales de los visitantes zanjarían una eliminatoria que llegó viva a Lima más como anécdota que como retrato de la relación de fuerzas. Los kiwis volverían a casa sin un disparo a portería en tres intentos (y un 40% de posesión). El Nacional se volvió una celebración única, tan alegre y emotiva como las lágrimas derramadas por La Foquita después de la primera diana. Ahora, a la espera de un milagro que libere al imperial Guerrero, está por delante el paladeo de la merecida gloria en Rusia. El último y más elitista examen al crecimiento del balompié del país andino.
- Ficha técnica:
2. Perú: Pedro Gallese; Luis Advíncula, Christian Ramos, Alberto Rodríguez, Miguel Trauco; Andy Polo (m.73, André Carrillo), Renato Tapia, Christian Cueva (m.86 Adrián Zela), Édison Flores; Jefferson Farfán y Raúl Ruidíaz (m.66, Yoshimar Yotún).
0. Nueva Zelanda: Stefan Marinovic; Kip Colvey, Michael Boxall, Winston Reid, Andrew Durante (m.77, Jeremy Brockie), Deklan Wynne; Clayton Lewis (m.59, Marco Rojas), Michael McGlinchey, Bill Tuiloma (m.46, Chris Wood), Ryan Thomas; y Kostas Barbarouses.
Goles: 1-0, m.28: Jefferson Farfán. 2-0, m.65: Christian Ramos.
Árbitro: el francés Clément Turpin amonestó a Thomas (m.19), Flores (m.22), Ramos, (m.75) y Gallese (m.80)
Incidencias: partido de vuelta de la repesca intercontinental para el Mundial, disputado en el Estadio Nacional de Lima, ante unos 40.000 espectadores.