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ORIENT EXPRESS

Aquellos días de octubre

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 19 de noviembre de 2017, 19:17h

La Asociación de Estudios de Axiología ha tenido la amabilidad de invitarme al III Foro Liberal, que se va a celebrar los próximos días 22 y 23 de este mes en el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid, para valorar el 1º de octubre en Cataluña. Yo no suelo escribir sobre los actos a los que me invitan, pero creo que, en esta ocasión, la actualidad de la convocatoria lo merece.

En efecto, urge ya un análisis que supere la actualidad y nos muestre qué han significado esa jornada de octubre y -si queremos verla en toda su extensión- las anteriores y posteriores a la consumación de esa ruptura del orden constitucional.

Por lo pronto, creo que ha sido la prueba de que el separatismo catalán no tiene límites. De no haber habido una aplicación del 155 -todo lo débil que se quiera, por otro lado- se hubiese desatado un proceso imparable. Las noticias que vamos conociendo acerca de los planes del Govern cesado son contradictorias e inquietantes. Sabían que económicamente una Cataluña independiente sería insostenible, pero estaban dispuestos a dotarla de una fuerza armada, la compra de cuyo equipamiento pudo bloquear el Estado en diciembre del año pasado.

Conviene recordar, a este respecto, la violencia de aquellos días: el hostigamiento a la Policía Nacional y la Guardia Civil, la movilización de los jóvenes de Arrán, las concentraciones frente a las dependencias públicas en las que se estaban realizando investigaciones por orden judicial. La prudencia exige ser cauto con las valoraciones así que baste señalar que debe esclarecerse el papel de los Mossos d´Esquadra en esos días.

El 1º de octubre produjo, además, cierto desánimo entre los constitucionalistas. El Gobierno sufría una campaña de desinformación y propaganda orquestada desde los medios nacionalistas y sus aliados. Las mentiras de los separatistas -sobre todo las fotografías manipuladas y los vídeos victimistas- estaban dañando la imagen exterior de España. Pese a todos los esfuerzos, las imágenes de los líderes nacionalistas votando en una consulta ilegal que el Estado había tratado de impedir eran devastadoras para Mariano Rajoy. La “narración” de un pueblo que quiere votar frente a un gobierno represor -la frivolidad y la superficialidad son dos signos de nuestro tiempo- parecía más poderosa que la verdad de los hechos. Nunca se vio tan a las claras el poder de la mentira en las sociedades contemporáneas. Muchos tuvieron miedo. Las empresas aceleraron su salida de Cataluña. Los separatistas seguían teniendo la iniciativa política como venía ocurriendo desde los años 80.

Duró dos días.

La tarde del 3 de octubre, su Majestad el Rey dio un discurso televisado que cambió por completo el panorama. Felipe VI llevó a las palabras lo que millones de españoles venían pensando desde hacía años:

Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno.

Con sus decisiones han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. Un Estado al que, precisamente, esas autoridades representan en Cataluña.

Han quebrantado los principios democráticos de todo Estado de Derecho y han socavado la armonía y la convivencia en la propia sociedad catalana, llegando ─desgraciadamente─ a dividirla. Hoy la sociedad catalana está fracturada y enfrentada.

Esas autoridades han menospreciado los afectos y los sentimientos de solidaridad que han unido y unirán al conjunto de los españoles; y con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y de toda España.

En definitiva, todo ello ha supuesto la culminación de un inaceptable intento de apropiación de las instituciones históricas de Cataluña. Esas autoridades, de una manera clara y rotunda, se han situado totalmente al margen del derecho y de la democracia. Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional, que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común.

Hacía muchos años que nadie hablaba con tanta claridad en España. Hacía mucho tiempo que nadie rompía la espiral de la corrección política, el temor a la reacción y el miedo a la verdad como hizo aquella tarde el Rey Felipe VI.

Esto dio al constitucionalismo -una forma de llamar a esa inmensa mayoría de españoles, entre ellos millones de catalanes, que se oponen al nacionalismo- el aire que necesitaba para hacer frente a lo que adquiría el cariz de un golpe de Estado.

Se convocaron manifestaciones en Barcelona, Madrid y muchas ciudades del resto de España. Millones de banderas rojigualdas comenzaron a ondear en los balcones y las ventanas de fachadas donde antes solo se veía la “estelada” -la bandera de la izquierda separatista- o la “senyera”, la bandera de todos los catalanes que los nacionalistas han venido secuestrando durante años. Los millones de ciudadanos que durante años habían estado callados o silenciados rompían a hablar y a pedir que se aplicase la ley, que los responsables fuesen a prisión y que se restableciese el orden en Cataluña.

Fue un movimiento inspirado por el Rey, pero no dirigido por los políticos sino protagonizado por la sociedad civil (Sociedad Civil Catalana y la Fundación Para la Defensa de la Nación Española, entre otras organizaciones). Las redes sociales sirvieron para movilizar a la ciudadanía en defensa de una Constitución que los separatistas habían violentado. Pocas veces tiene uno la oportunidad de ver a la nación -el sujeto constituyente del art. 2 de la Carta Magna- puesta en pie para hacer frente a un desafío.

Entonces comenzaron a subirse al carro muchos políticos que hasta entonces vacilaban entre el apaciguamiento y la contención. A punto de ser desbordados por una movilización de españoles que están descubriendo que ya no los necesitan tanto como pensaban.

Sin el 3 de octubre, la comprensión profunda del día 1 queda algo deslucida. Sin la frustración del primer día de octubre, no se comprende bien el impulso del día 3 y las jornadas posteriores.

De todo esto espero poder hablar el próximo día 23 de noviembre a las 19:00 en el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid en el marco del III Foro Liberal, que comenzará el día 22 y al que me ha invitado la Asociación de Estudios de Axiología.

Allí nos vemos.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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