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RELATOS

Banana Yoshimoto: Lagartija

domingo 10 de diciembre de 2017, 16:45h
Banana Yoshimoto: Lagartija

Traducción de Gabriel Álvarez Martínez. Tusquets. Barcelona, 2017. 160 páginas. 17 €. Libro electrónico: 9,49 €.

Por José Pazó Espinosa

Lagartija es una reunión de cuentos que escribió Banana Yoshimoto en 1993, en la primera parte de su carrera, tras el enorme éxito de Kitchen, libro que en 1988 la catapultó al éxito. Yoshimoto forma parte de ese grupo de escritoras japonesas (Kaori Ekuni, Yoko Ogawa, Natsuo Kirino, Kazumi Yumoto entre otras) que, a la sombra de Haruki Murakami, han revolucionado las letras niponas contemporáneas. Hasta el punto de que, si alguien quiere saber hoy sobre la sensibilidad femenina, debe acercarse a la literatura japonesa, porque en ninguna otra literatura las mujeres tienen una presencia tan intensa y relevante.

Los personajes de Banana Yoshimoto son hombres y mujeres irremediablemente perdidos en sí mismos. Son entes a veces amorfos si se contraponen al modelo occidental, y curiosamente incalificables. Nada es absoluto en ellos: ni el amor, ni el género, ni el sexo. Sus únicas constantes son la extrema sensibilidad, y el continuo interés por comprender al otro y aceptarlo. El ser humano moderno japonés es alguien cuyo drama es la aceptación del otro, y la de uno mismo mediante ese proceso. Sea niño o adulto, mujer u hombre. La literatura japonesa es, por tanto, una literatura hiperpsicológica, pero en la que los elementos mentales tienen siempre una representación sensitiva y a menudo simbólica.

Es una literatura para seres exquisitos, porque la sensibilidad está en sus páginas a flor de piel, a flor de ojo, a flor de papila gustativa. El otro día, leía en un artículo de biología que las vieiras tienen todo el cerco de su concha inferior cubierto de pequeños tentáculos que registran la temperatura y el movimiento, y decenas de diminutos ojos que ven en todas direcciones. Y esa sería una buena metáfora de lo que es un personaje de Banana Yoshimoto y por extensión de un japonés actual: un ser en continuo estado de evaluación de su entorno más cercano.

En el primer cuento, “Recién casados”, alguien dice al protagonista en el metro: “No hace falta que vuelvas a bajarte nunca más en la estación donde vives. Depende de ti”. Esta frase condensa y anticipa gran parte de las epifanías de los personajes de estos cuentos. Seres atrapados en sus rutinas, pero siempre esperando un cambio que, en el fondo, debe salir de ellos. Y también anticipa el placer del redescubrimiento del entorno gracias a ese cambio. Los personajes llegan a buenos términos con la vida y con su vida gracias a pequeñas rebeliones o a la aceptación de los mensajes, reales o fantásticos, que les llegan.

En “Soñando con kimchi”, un bello y complejo cuento, la protagonista dice tras relatar su vida de pareja: “El día ha tocado a su fin. Cuando me despierte mañana, habrá un sol cegador y surgirá un nuevo yo”. Porque de la soledad que da la conciencia y de las sucesivas capas que crea la hipersensibilidad nace esa necesidad intrínsecamente literaria de los personajes de Banana Yoshimoto de renacer cada día.

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