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Ensayo

Julio Camba: Crónicas parlamentarias

domingo 24 de diciembre de 2017, 16:43h
Julio Camba: Crónicas parlamentarias

Edición de José Miguel González Soriano. Prólogo de David Gistau. Espuela de Plata. Sevilla, 2017. 256 páginas. 17,90 €.

Por Manuel García

Espuela de Plata acaba de publicar las Crónicas parlamentarias de Julio Camba. Con un breve prólogo de David Gistau, la obra cuenta con una cuidada edición y un estudio introductorio de José Miguel González Soriano, crítico que ya ha publicado en esta editorial una selección de cuentos de Luis Bello (Una mina de oro en la puerta del sol), además de Constantinopla del propio Camba y que es experto en la literatura de la llamada Edad de Plata. El libro recoge las crónicas y artículos parlamentarios que escribiera Julio Camba entre 1907 y 1909, primero desde la tribuna de prensa del Congreso para España Nueva y luego para El Mundo, ya como corresponsal en París, y otros periódicos. Completan la edición otros textos sobre Camba de estos dos años.

Julio Camba cultiva un estilo periodístico inaugurado por Azorín, y continuado después por otros cronistas parlamentarios como Wenceslao Fernández Flórez o Luis Carandell, consistente en el humor fino de tipo inglés y, sobre todo, en fijarse más en la anécdota significativa que en el plúmbeo contenido de los discursos. Así, dice de la palabrería vana de un diputado: “Hacía ya una hora que hablaba y a las cinco estaba todavía en el año 54. Tomé nota y me fui de la tribuna […] y yo no he querido esperarme 53 años para oírlo”. O cuando justifica irónicamente la compra de votos: “La tarea de comprar votos es una tarea perfectamente benéfica […] Cuando hay tantos diputados radicales que solicitan votos y no los pagan, admiremos a aquellos que los abonan en el acto”. O cuando escribe del voto de los muertos: “Yo le aseguro a usted que si en las actas de los ministeriales hay algunos votos verdaderos y dignos de respeto, son los votos de los muertos”. O cuando habla de un ministro de Fomento: “La cantería vale más que la elocuencia y prefiero un ministro que haga casas, a otro que haga discursos”.

Este humorismo ingenioso muestra el espíritu ácrata y provocador de Camba, que se consideraba “anarko-aristocrático”, y tiene un alcance más profundo: sin duda la deformación de la realidad de aquella España oligárquica le llevó a “esperpentizar” (permítaseme el término) a los diputados, para dar una visión ciertamente escéptica y bastante “objetiva” de la vida parlamentaria.

En estas crónicas Camba nos da una visión clara de lo que fueron los convulsos años 1907-1909, en donde no faltó el intento de magnicidio de Mateo Morral o la rebelión de la Semana Trágica de Barcelona, con continuas alusiones a la corrupción generalizada con la compra de votos, la utilización del voto de los muertos, etc. La lectura de aquella convulsión política, sin duda, sirve al lector para entender mucho mejor la crispada vida parlamentaria y autonómica de la España de hoy.

Se advierte en estas medias columnas de Camba una leve evolución ideológica, desde la mentalidad anarquista de los primeros artículos hasta la incomprensión mostrada por las manifestaciones francesas contra el fusilamiento de Francisco Ferrer. Especialmente premonitorio (de la Semana Trágica) es el artículo que dedica a Galdós: “Aquí lo que hace falta es una revolución formidable”, pone en boca de Galdós. O “el sufragio universal es una cosa de viejo podrida, y para purificarla, sería menester una revolución”, dice en otro artículo. El Camba de estas crónicas todavía estaba muy cercano al anarquismo, del que ya se estaba quitando, para ir asentándose en un espíritu más liberal (el “pacífico egoísmo conservador”), como ya hiciera Azorín.

La edición de José Miguel González Soriano es muy rigurosa: la selección de artículos da unidad al libro, pues abarcan los dos años del Gobierno de Maura, desde la constitución de las Cortes hasta su destitución por el rey, debido al escándalo del fusilamiento de Ferrer; la introducción y las notas explican perfectamente todos los acontecimientos históricos mencionados y sitúan perfectamente a Camba en su época y en su generación literaria, sin el aburrimiento pero con el rigor de las ediciones filológicas. Y, por último, se agradece el cuidadoso trabajo de diseño y maquetación, a que nos tiene acostumbrados Espuela de Plata, tendente a una lectura clara y placentera, e inspirado en la línea de los mejores libros de literatura del XX que se publicaron en la Edad de Plata.

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