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NOVELA

Karl Ove Knausgård: Tiene que llover

domingo 31 de diciembre de 2017, 13:35h
Karl Ove Knausgård: Tiene que llover

Traducción de Kirsti Baggethum y Asunción Lorenzo. Anagrama. Barcelona, 2017. 691 pág. 25,90 €. Libro electrónico: 18,04 €. Quinto volumen, que puede leerse de manera independiente, de la monumental autobiografía novelada del escritor noruego, en donde realiza una despiadada introspección y un inclemente ajuste de cuentas del mundo, de los otros y, sobre todo, de sí mismo. Por Inmaculada Lergo

A la vida de cualquier joven que se plantea su presente y su futuro le falta mucho por llover; pero a Karl Ove Knausgård (Oslo,1968), a su complejo mundo interior e impulsivo comportamiento –descontrolado a ratos y controlado otros muchos en una lucha tremendamente dolorosa para él– y a su obsesión por ser escritor, un buen escritor, no le faltó un torrente de tales lluvias, ciclónicas o mansas, pero continuas, como las que caen cotidianamente en la noruega Bergen, donde se desarrolla la mayor parte de Tiene que llover, quinto de los seis volúmenes del «análisis inmisericorde» al que se somete el autor en una autobiografía que –como ya conocen los lectores– titula, coqueteando con la provocación, Mi lucha; y que podría resumirse con una de sus propias frases, en este caso de Un hombre enamorado: «La vida que vivía no era la mía propia. Intentaba convertirla en mi vida, esa era la lucha que libraba». Una afirmación que podríamos haber firmado muchos, pero que en Knausgård se convierte en una enfermiza obsesión que le hace bordear la locura en el periodo vital al que corresponde este tomo, su vida en Bergen entre 1988 y 2002, de los diecinueve a los treinta y pocos años; a los que –y esto es lo fundamental de la novela– corresponde su formación como escritor y también el desarrollo de su personalidad. Son años en los que todo es desmesurado y obsesivo: la literatura, el alcohol, los sentimientos, el amor... E igualmente excesivo es el juicio sobre sí mismo, las salidas de tono, las gamberradas y, sobre todo, su remordimiento después. Y llamativa (especialmente en este volumen) la desnudez con que se muestra y muestra a los demás, sean familia, amigos, compañeros, o incluso aquellos a los que ha de cuidar cuando trabaja en una institución para discapacitados o en el psiquiátrico.

Su lucha más despiadada es consigo mismo; se siente falso, distinto, débil, solitario, traidor, inferior… un monstruo. Se repiten estos juicios de forma machaconamente incisiva y sin piedad: «Me odiaba a mí mismo y a todo mi ser». Y son más dolorosos para él cuando se refieren a su vocación de escritor, leitmotiv de la novela. La sensación de fracaso continua, incluso cuando alcanza la fama con su primera novela, no le da respiro: «Había una pared de cristal entre mi persona y la literatura: la veía, pero estaba separado de ella». Lo cual lo bloquea delante de los demás, que habrían de darse cuenta de que «yo era un don nadie que en el fondo no sabía escribir, porque no tenía nada que decir, […] y por eso intentaba colarme en el mundo literario a cualquier precio. No alguien que creaba algo, alguien que escribía y publicaba, sino un parásito, alguien que escribía como los demás, un segundón».

Cuando nos sentamos a leer un libro, lo que nos atrapará de él es el sentirnos, de una forma u otra, por afinidad o por rechazo, identificados, y ese diálogo –que solo una buena obra provoca– es el que nos mantiene pegado a sus páginas. Si Knausgård se ha subido, como he oído en alguna ocasión, a una corriente que aprovecha el hartazgo de lo políticamente correcto para mostrar una verdad sin tapujos ni veladuras, y ello ha contribuido en cierta medida a su fama, no sé determinar hasta qué punto podría ser así. Es evidente que para el lector será una liberación leer de un escritor afamado opiniones que están socialmente contenidas en pro del respeto y la buena convivencia, pero no es este –desde luego– el mérito de la obra del escritor noruego (no debe ser fácil, por otro lado, afrontar el riesgo de mostrar de forma tan falta de hipocresías a familiares, amigos y personas con las que has compartido, compartes, y has de compartir la vida). Su peculiar forma de contar, mezcla de la minuciosidad propia de Proust, de la prosa descarnada a lo Flaubert, o de la forma de narrar a lo Faulkner, es plenamente original, y novedosa. Lo provocador que hay en ella –aunque parezca paradójico–, se consigue sin estridencias formales, está escrito con la limpieza del corte de un bisturí. Y nos atrapa no tanto por lo que dice –por muy chirriante que sea, no dejan de ser experiencias que de una u otra forma todos hemos tenido– sino por cómo lo dice, que es lo que define y distingue aquello que es Literatura de lo que no lo es. Esto solamente se consigue con buena técnica narrativa o poética, solo lo logra esa difícil mezcla de expresar a través de la forma adecuada.

«Entretejer lo interior con lo exterior» es lo que consigue Karl Ove de una manera inmejorable, de forma que «lo más sencillo de lo sencillo, lo más obvio de lo obvio ya no era sencillo y obvio, sino que aparecía como el misterio que en realidad era». Así es la obra de Karl Ove Knausgård, y así es este –sin ninguna duda– magnífico –el adjetivo no es importado– libro.

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