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TIRO CON ARCO

Sefarad

Dani Villagrasa Beltrán
domingo 31 de diciembre de 2017, 19:36h
Tregua navideña: tiempo de lecturas. En ‘Biblia, Corán, Tanaj. Tres lecturas sobre un mismo Dios’, Roberto Blatt compara las tres grandes religiones del libro: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Un párrafo de la introducción: “A diferencia del tiempo cíclico de las culturas paganas arcaicas, la nueva orientación mesiánica, teleológica, de las circunstancias del mundo, da lugar a la historia propiamente dicha, una ordenación lineal del tiempo (idealmente ascendente), que registra el relativo acercamiento o distanciamiento ético que separa a la comunidad humana de su presumible redención”. El periodismo, que es casi un paganismo, cree en lo cíclico y la sociedad le da la razón. Cada año repetimos los mismos rituales y cuando el nuevo año está a las vísperas volvemos, ya sin convicción, a los mismos buenos propósitos, conscientes de que los olvidaremos en cuanto avance enero. Ya no sabemos si viene el 2018 o el eterno retorno que predicó Zaratustra, con esa tozuda confirmación de nuestra esencia como sociedad, destilada con especial pureza durante estas fiestas. Para los que sí creen en la redención, sea religiosa o laica, la llegada del nuevo año puede ser angustiosa. Te puede pillar, por ejemplo, en la cárcel de Estremera, con la república a medio cocinar. O en Bruselas, pendiente de la conectividad wifi de las cafeterías. El proyecto hacia una tierra prometida y estelada en la que el caudal del Besós será leche y miel. Para no nombrarla, el poeta nacional de Cataluña, Salvador Espriú, llamaba a España Sefarad, el topónimo bíblico que tradicionalmente se ha identificado con la Península Ibérica -siempre, casi siempre, olvidamos Portugal-. Hay quien da ya por perdida a Cataluña, si después de todo lo que ha ocurrido, los separatistas, aunque por separado también entre sí, han conseguido los votos suficientes para volver a gobernar, no se sabe todavía cómo. Cuando les digo que conseguir poco más de la mitad de los escaños con un eje tan extraño, que es capaz de unir a la derecha identitaria de Puigdemont con la izquierda antisistema, tampoco me parece un triunfo, me devuelven una mirada sombría. Pobre inocente, piensan. ¿Llegaremos a olvidar Cataluña, como olvidamos Portugal tan a menudo, sacaremos de nuestro horizonte mental lo que muchos consideramos buena parte de lo que somos? Si llegara a ser así en algún momento, pobres de nosotros, pobres de ellos. El ‘procés’ está en vía muerta, sí, pero también perseverante como el primer día. De nada sirve pensar que no lograrán conseguir sus propósitos. ¿O es que alguna fe redentora ha llegado a dar lo que prometía?
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