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NOVELA

Micheil Heyns: La mecanógrafa de Henry James

domingo 14 de enero de 2018, 18:23h
Micheil Heyns: La mecanógrafa de Henry James

Traducción de Magdalena Palmer. Gatopardo. Barcelona. 2017. 380 páginas. 21,95 €. Libro electrónico: 9,49 €.

Por Daniel González Irala

Theodora Bosanquet (1880-1961, en el libro, Frieda Wroth), mecanógrafa de Henry James, es el personaje protagónico en el que se basa este escritor sudafricano para armar una novela biográfica no solo sobre gran parte de la familia James, sino sobre la Inglaterra de principios del siglo XX. De hecho, es posible más lo segundo que lo primero, ya que Heyns sitúa la acción entre 1906 y 1909, llegándose a corroborar por otras fuentes que los dolores en la mano de Henry se diagnosticaron allá por 1894; el porqué de esos casi diez años de diferencia entre el diagnóstico de este mal y el paso por la vida del afamado novelista de este personaje frágil, culto y en apariencia anodino, esta dama que admira pero a la que parecen vedados otro tipo de sentimientos, resulta ser uno de los muchos misterios que como elemento de esa continua historia de fantasmas que forma parte de la leyenda, quedan recónditamente guardados en la memoria.

Son muchas las virtudes de este texto que nos llega a través de Gatopardo, una editorial que va cobrando cierta visibilidad, y una de ellas es estar escrito desde algo más que un voluntarioso intento de contar a través de un narrador complejo, en este caso no identificado de una manera que parece contagiada del autor al que se homenajea, un ser que a su vez vive en una especie de nebulosa intensa que oculta un carácter a veces cruel pero siempre muy sensitivo, apartado en su retiro de East Sussex, la hospedería Lamb House y, sobre todo, un hombre familiar en tanto en cuanto son igualmente importantes para la narración su hermano, el profesor y psicólogo William James, su hermana Alice fallecida a los 44 años, así como la sobrina e hija de William, Peggy, a través de la que Frieda consigue ser médium en un proceso que partiendo de la escritura automática tan lejana a las intenciones de Henry, se ve incitada a buscar la gloria que Alice nunca tuvo.

El nudo de la narración parte de un cruce de correspondencias entre la escritora Edith Wharton (afincada en París y conocida por su novela La edad de la inocencia) y Henry, así como del periodista del Times, Fullerton con Wroth, siendo estas últimas cartas relegadas desde siempre al olvido anecdótico por parte del novelista de Las bostonianas o Los embajadores. Vemos con menudencia de detalles como el gran escritor que abriría las puertas a la modernidad, fue un redomado cotilla, capaz mediante esos detalles de construir más de un doliente sarcasmo.

El tema de la hipnosis a través de las articulaciones o dedos de Frieda aparece varias veces referido, algunas con una intensidad estremecedora: “Le fascinó el extraño y ciego propósito de la mano, que se movía como si fuese algo independiente de su dueño”. Lo que en el fondo quizás sugiriera una atracción sexual de Henry por su trabajadora totalmente ilícita y pecaminosa, en tanto en cuanto busca declaradamente desde el principio para el puesto a un personaje cuya principal virtud sea la estulticia.

Debemos decir además que Heyns ha construido a una Frieda bien parecida a la institutriz de Otra vuelta de tuerca no solo por lo ya comentado, sino porque es un personaje letraherido pues confiesa no haber escrito novela alguna debido al clasismo imperante en la época, lo que la convierte en un ser más poderoso de lo que pudiéramos pensar, en tanto en cuanto pasa por indefenso.

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