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ENTREVISTA

María Velasco (Malditos Compañía): "Hablar de transgresión me da miedo"

jueves 08 de febrero de 2018, 09:43h
María Velasco, autora de 'Escenas de caza', el nuevo montaje de Malditos Compañía
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María Velasco, autora de 'Escenas de caza', el nuevo montaje de Malditos Compañía (Foto: Juan Pablo Tejedor Ansón)

Malditos Compañía lleva a escena en el Teatro Pavón Kamikaze su nuevo montaje, Escenas de caza, escrito por María Velasco e inspirado en la obra de teatro Escenas de caza en la Baja Baviera, de Martin Sperr, y la versión cinematográfica de 1969 de Pieter Fleischmann. Entre el 6 y el 18 de febrero, la compañía tratará de reeditar el éxito cosechado por Danzad Malditos, premiada con el Max al espectáculo revelación.

Hace tres años cautivaron con el montaje de Danzad Malditos. ¿Escenas de caza debe ahora consolidarles?

Después de Danzad Malditos la compañía se renovó con bajas e incorporaciones, como la mía. Es cierto que después de una obra que ha tenido éxito de crítica y público existe miedo y prevención ante el siguiente proyecto porque te preguntas si te va a consolidar o si te va a granjear peores críticas. Al final cada obra, o así debería ser, es una primera vez; pierdes de nuevo la virginidad. Hay que asumir el riesgo e intentar resetearse del éxito y de las críticas. Hay que luchar por la obra y por lo que quiere contar, entendiendo que eso es la consecuencia pero que no es el centro de tu trabajo.

¿Cómo trabaja la compañía? ¿La idea del texto parte necesariamente del autor?

Hacemos un trabajo muy grupal y abierto a la exploración. Aunque hay momentos para la soledad y la creación convencional, lo cierto es que no llevamos a cabo un trabajo de autoría a la vieja usanza en el sentido de encerrarse a escribir en el escritorio. Si hemos tardado tres años en presentar un nuevo trabajo ha sido porque no hemos dejado de trabajar para mejorar a través de un taller y un laboratorio en los que buscamos y buscamos en equipo. No trabajamos de forma jerárquica. Hacemos un cajón de sastre sobre la puesta en escena, coreografías o improvisaciones de los actores. Después de ese primer contacto, yo hago el trabajo de autoría para dar forma a todo.

El discurso de la película que han adaptado está muy vivo: el acoso, la rumorología, el ataque al diferente, la marginalidad… ¿La actualidad les ha llevado a ella o formaba parte de sus fuentes de referencia?

Es cierto que hay referentes y fuentes que se recuperan por varios grupos y compañías, y no es que caigamos en casos de plagio ni telepatía. Hay algo en el ambiente que te lleva a recuperar esas referencias. Creo que es el caso. Ahora se está estrenando El ángel exterminador de Blanca Portillo. La película de Buñuel y la película de Fleischmann tienen mucho en común: representan un cine muy libre, tanto por la herencia surrealista de Buñuel como por el nuevo cine alemán muy vanguardista. Algo estamos mamando en el ambiente para que ahora estemos recuperemos estas películas y no otras.

Un Agnus Dei de Zurbarán de grandes dimensiones preside la escenografía de la obra. ¿Por qué han recurrido a esa obra?

Es una metáfora y diría que un ‘súpersigno’ dentro de la obra. A mí hasta me preocupaba que estuviera ahí tan presente. Además de ser un cordero sacrificial, que tiene mucho que ver con el argumento de la obra, tiene un ojo abierto que nos mira, que increpa al público. El montaje, como la película, tiene una vocación más política que social. Habla de cómo la masa tiende a acarralar a lo que no quiere normativizarse, a lo que se mueve en la periferia. También hay una vocación artística por ejemplo en el tenebrismo del cuadro y la naturaleza muerta, que tiene que ver con la plástica que pone en juego habitualmente Alessio Meloni, encargado del espacio escénico.

En la forma de trabajar de la compañía se perciben muchas referencias artísticas, y no sólo de Zurbarán...

Sí, creo que se percibe que no solo somos gente de teatro. Nos gusta pasear por los museos, el propio Alessio viene del mundo del arte. Yo misma busqué referencias a la caza en el arte flamenco y a las naturalezas muertas en el arte contemporáneo.

Se distinguen no sólo por hacer teatro, sino también por aunar esta disciplina con la danza, la performance o la música. Pero, ¿qué es el teatro-danza?

El teatro danza supone un diálogo entre las dos artes en el que está muy parcelado a qué arte pertenece cada cosa. Se puede distinguir. Alberto Velasco y yo estamos vinculados a la danza. Él es también coreógrafo y yo trabajo mucho en proyectos de danza porque me interesa todo lo periférico del teatro.

Su compañía ha sido descrita como transgresora o rompedora, pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de transgresión?

A mí hablar de transgresión me da miedo porque creo que el fundamento del arte es precisamente la transgresión desde tiempos inmemoriales. Diría que en España han llegado las cosas con cuentagotas. Es ahora cuando empezamos a ver planteamientos que no parten de un trabajo de mesa o de una dirección de actores convencional. Pero tampoco sé si eso es transgresión. Hay que estar abiertos a que hay muchas formas de hacer teatro, no hay una unívoca.

Escenas de caza fue estrenada en Valladolid en noviembre del año pasado. ¿Qué cambia estrenarla ahora en un espacio como el Pavón Kamikaze?

La arquitectura tiene una gran influencia en los montajes porque es parte del espacio escénico. Cada teatro hay que habitarlo y ocuparlo, y cada casa genera su propia atmósfera. En Valladolid, el público es mucho más limpio. Allí venía mucha gente abonada al teatro que no sabe muy bien qué viene a ver y que se llevan una sorpresa, tanto agradable como desagradable. Tiene la magia del primer encuentro. Ese contacto con ese tipo de público ingenuo, con toda la carga positiva que eso tiene, es muy importante porque sé que en Madrid y en un teatro como el Kamikaze el público forma parte de la profesión, del propio gueto teatral. Este tipo de público valora más el virtuosismo o la técnica, que quizá no tienen tanto que ver con la emoción o la fiesta.

¿Qué opina de las reivindicaciones de la industria cinematográfica sobre la igualdad de género? ¿Percibe esa desigualdad en el teatro?

Mi opinión es controvertida. Igual que no creo en lo normativo tampoco en lo mononormativo ni en lo heteronomartivo. No creo en los discursos normativos de género. Creo en una transgenericidad. Creo que el género biológico es lo de menos. Hay tantas gentes como personas.

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