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TRIBUNA

La casilla lingüística

lunes 19 de febrero de 2018, 20:18h
Actualizado el: 20/02/2018 13:04h

Hay un muchachote en la SER, un sedicente periodista, como decían los del Antiguo Régimen, que hace todas las mañanas un comentario “político” revestido de tanta grandilocuencia como vacuidad. Es un tipo de periodista autoinfatuado, que tiene su origen en los viejos plumillas del régimen franquista; su manera de hablar refleja un convencimiento ridículo, o peor, patético de su superioridad. Me provoca risa. Me lo imagino ante el micrófono con bigotillo y pelo engominado, perdonándole la vida a quien ose disentir de sus bobadas. Todas la mañanas aparenta hablar sobre lo divino y lo humano, pero siempre trata, por así decir, dos “temas”: “la maldad de los curas y la Iglesia Católica” y el “insoportable nacionalismo español”. Y, a veces, insulta, impostando la voz, a Trump y Putin… Ya digo, como los del Antiguo Régimen, le perdona la vida incluso a los gobernantes de la Casa Blanca sin importarle que ésta se ubique en Moscú o Washington.

A pesar de todo, me hace reír. Al chiquete le va la marcha del periodismo de tendencia. Es pesado con sus reiteraciones y tono falsamente moral. No pronuncia bien, tampoco es excesivamente gracioso, en fin, no tiene un don especial para la comunicación, pero yo lo oigo muy a menudo para que me recuerde “lo facha que son los españoles” y “la terrible presión que ejerce la Iglesia Católica” sobre las conciencias de los pueblos (sic) de España. Sí, según este ligero periodista, no existe un pueblo español, un ciudadano de España, sino pueblos de Iberia; por eso, insulta a quienes dicen España, españoles; quienes quieren que a sus hijos les eduquen en español o castellano, o sea quienes imploran una "casilla lingüística", este muchachote de la SER les insulta llamándoles "nacionalistas españoles". El ciudadano español, según este “radiofonista”, es un “nacionalista”, un salvaje al que tenemos que extinguir.

Este fatuo personaje, que me hace reír por no llorar, no puede admitir que exista la nación española, menos aún los españoles, porque desde la prehistoria, por decirlo con Bosch Gimpera y Anselmo Carretero (a los que seguramente no conoce, pero repite sus patrañas), “pueblos de diferente composición ya habían cristalizado antes de la romanización”. Para este periodista de PRISA, que es todo un portento entre la mala fe y el alma bella, entre el corazón duro y el alma con coraza, nada significa la España romana, visigótica, califal, de las dinastías de los Habsburgos y los Borbornes… Son meras “superestructuras” de los pueblos prehistóricos catalanes, gallegos, vascos, etcétera… Suena a sarcasmo, sí, pero todos los que insultan la nación española, a los españoles, defienden esa extraña doctrina de los separatistas y de la izquierda obtusa.

En fin, gracias a esta clase de necios, todo un arquetipo de periodista de esta década, puedo recordar que la política en España es trágica o no es. No merece la pena citarlos por su nombre, entre otros motivos, porque carecen de la conciencia trágica del payaso: “Hacernos reír de lo que es imposible reírse.” Sí, quien ridiculiza a unos padres, sencillamente, porque piden educar a sus hijos en español, no merece ser llamado malvado sino “hijo de la gran puta…”.

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