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POR LIBRE

Roger Torrent, si lo sé no vengo

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 25 de febrero de 2018, 20:07h

El 17 de enero, Roger Torrent no cabía en sí de gozo. Después de dos legislaturas en el gallinero del Hemiciclo, iba a ser nombrado presidente del Parlamento catalán. Enfundado en un traje azul marino bien entallado, con la corbata estrecha de los jóvenes progresistas sobre una almidonada camisa blanca, con la espesa barba esculpida por un barbero virtuoso, se encaramó al púlpito para tocar el cielo.

No se lo podía creer. Apenas dos semanas antes, su admirado Junqueras se lo susurró desde Estremera: “Forcadell no se atreve, tiene miedo de volver a la cárcel. Es tu oportunidad”. Y allí estaba, henchido, relamiéndose de placer desde la atalaya, mientras los diputados depositaban su voto del que saldría proclamado como la máxima autoridad del Parlament. Era su día.

El hasta entonces desconocido alcalde de Sarriá de Ter pronunció un discurso para contentar a sus compañeros de viaje separatista al recordar los “8 escaños vacíos”, en especial al “candidato Puigdemont” y “poner fin al 155”, pero eludió provocar al juez Llanera al proponer “coser la sociedad catalana”. Entre aplausos, bajó a la tierra y descubrió la realidad.

Y la realidad es cruel con el pobre Torrent que se encuentra, sin comerlo ni beberlo, en el ojo del huracán separatista. Un mes largo después de encaramarse a la poltrona parlamentaria, no ha hecho más que recibir reprimendas y pescozones de sus compañeros de filas. Tuvo que peregrinar a Bruselas, donde Puigdemont le dio una colleja, que todavía le escuece, porque o el president era él o iban a unas nuevas elecciones. Junqueras le gritó desde la cárcel que había que acabar con el prófugo belga y se llevó una somanta de palos de JxCat y la CUP por aplazar la sesión de investidura a distancia. Elsa Artadi le persigue por los pasillos con sus propuestas delirantes para nombrar “al legítimo presidente de la Generalidad”. Forcadell, guasona ella, le cuenta el frío que se pasa en la cárcel. El sueño de vivir encaramado cuatro años en el púlpito del Parlament empieza a desvanecerse.

Si habla de “presos políticos” en el Colegio de Abogados de Barcelona, la cúpula judicial catalana le deja con la palabra en la boca en un desplante sin precedentes. Si propone llegar a un acuerdo entre los partidos separatistas para proponer un candidato sin causas judiciales pendientes, le tiran a la cara el pelucón de Puigdemont. Si quiere lucir tipo ante el Rey en el Congreso de Móviles de Barcelona, Colau le insulta y le espanta.

El pobre Torrent ya ha bajado del cielo y se encuentra en medio de un avispero. Pensaba que su función consistía en lucirse de cóctel en cóctel hablando del independentismo, del que es un furibundo defensor. Pero nunca creyó que tendría que decidir entre la guadaña de los segadors y los barrotes de Estremera. Él solo quería lucir su terno en la mesa del Parlament, pasear en coche oficial por la Diagonal, pronunciar discursos poéticos y cobrar un pastón por vivir mullido en los palcos del poder. “Si lo sé no vengo”, dicen que ha dicho. “Cuán largo me lo fiáis”, le han contestado.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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