La histórica victoria de Inés Arrimadas en las elecciones catalanas, el espectacular aumento de la intención de voto de Ciudadanos en todas las encuestas y, en especial, el desprecio de Rajoy a los compromisos con Rivera en el pacto de investidura ha dejado al Gobierno sin apoyos en el Congreso de los Diputados.
El cambio de actitud de Ciudadanos al anunciar que apoyará la propuesta del PSOE para reformar la Ley de Seguridad Ciudadana, a lo que siempre se había opuesto, ha encendido todas las alarmas en el Gobierno. Pues, la pinza del partido naranja con el PSOE y Podemos para acorralar al Gobierno podría extenderse a otras iniciativas parlamentarias. De momento, Albert Rivera también se ha mostrado dispuesto a modificar el reglamento del importe de las pensiones al exigir que su aumento sea equivalente al IPC. Y tampoco descarta apoyar las proposiciones de ley del PSOE para derogar la Reforma Laboral y la Prisión Permanente Revisable.
El empeño de Rajoy en cumplir los cuatro años de Legislatura empieza a desvanecerse. La aprobación de los Presupuestos Generales está en el aire por el distanciamiento de Ciudadanos y la negativa del PNV al acuerdo mientras el artículo 155 esté vigente en Cataluña. Y, como ha anunciado el Gobierno, tiene intención de mantenerlo mientras no haya un presidente de la Generalidad legítimo, lo que, según todos los indicios, puede tardar una eternidad.
El Gobierno está solo y acorralado al perder el apoyo de Ciudadanos. Aún tiene herramientas para prolongar la Legislatura si prorroga los Presupuestos y veta las iniciativas de la oposición en el Congreso si implican un aumento del gasto público, como sería la derogación de la Reforma Laboral o, incluso, la propuesta socialista sobre las pensiones. Pero la situación política sería insostenible. No se puede gobernar poniendo parches.
Rajoy tiene que reaccionar si quiere salvar su Gobierno y evitar el desmoronamiento del partido. Primero, está obligado a cumplir todos y cada uno de los puntos del pacto de investidura con Ciudadanos en lugar de despreciar y atacar al partido de Rivera so pena de perder su único apoyo para gobernar. Tiene que aparcar la soberbia y asumir que cuenta con una escuálida mayoría parlamentaria. No le queda más remedio que pactarlo todo y ceder para llegar a acuerdos con los partidos de la Oposición. En otro caso, por mucho que se empeñe en enrocarse en La Moncloa, se verá obligado a disolver las Cortes, lo que supondría un terremoto político en España, al menos hasta que se resuelva la crisis catalana.