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LA TECNOLOGÍA SE ADENTRA EN EL ESTUDIO DE LA EVOLUCIÓN

Descubren que toda la humanidad forma parte de la misma familia

Descubren que toda la humanidad forma parte de la misma familia
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(Foto: Pixabay)
sábado 03 de marzo de 2018, 08:29h
Un grupo de científicos utiliza 86 millones de perfiles de Internet para reconstruir un árbol genealógico que conecta a 13 millones de personas.

A lo largo de los años, la comunidad de Internet ha ido configurando una pléyade de sitios web en los que sus usuarios colaboran: Wikipedia, quizás sea el ejemplo más claro. 'La enciclopedia libre' hecha por y para el internauta. Los foros, como Reddit, Forocoches o 4Chan (donde nació Anonymous), se han convertido en los lugares de debate profundo (o no) del mundo digital. Las redes sociales, como Twitter, Facebook o Instagram, ofrecen información actualizada segundo a segundo. Luego están las páginas más especializadas con un objetivo concreto, hacia el que caminan todos sus usuarios mediante la cooperación...

Ese es el caso de Geni.com, uno de los sitios web de genealogía colaborativa más grandes del mundo, gracias al que la Ciencia acaba de realizar un hallazgo sorprendente. El objetivo de esta web es ayudar al usuario a elaborar su árbol genealógico, utilizando las herramientas para descubrir más sobre sus antepasados, y quizá también sobre ellos mismos. De momento, más de 117 millones de personas han participado en la iniciativa...

Pero lo mejor es que Geni.com no se limita a almacenar árboles genealógicos, sino que los compara. Cuando la web encuentra alguna coincidencia, por ejemplo entre dos ascendientes comunes, brinda la oportunidad a los usuarios de unir ambas líneas, lo que da lugar a un árbol más vigoroso, de raíces sólidas y densas ramificaciones.Este árbol genealógico extraído del nuevo y enorme conjunto de datos muestra siete generaciones que abarcan a 6.000 individuos, con los matrimonios marcados en rojo. (Fuente: Columbia University)

Geni.com constituye un ejemplo perfecto de lo mucho que está consiguiendo la comunidad internauta, gracias a esa filosofía colaboracionista tan propia de nuestro tiempo. Prueba de ello, es que ha sido la plataforma escogida por un equipo internacional de científicos, comandados por Yaniv Erlich [del New York Genome Center y profesor de Informática y Biología Computacional en Cambridge (EE UU)] para llevar a cabo una importante investigación genealógica que ha logrado descubrir mucho sobre los lazos que nos unen.

Gracias a los datos obtenidos de esta página web, (se han utilizado unos 86 millones de perfiles) los investigadores han logrado recrear un inmenso árbol genealógico que conecta hasta a 13 millones de personas (en su mayoría norteamericanas y europeas) y se retrotrae 11 generaciones al pasado, entre los años 1650 y 2000; un viaje de casi cinco centurias y un hito "emocionante para la ciencia ciudadana", comenta Melinda Mills, demógrafa de la Universidad de Oxford.

Un árbol genealógico no deja de ser un gráfico en el que se representan las relaciones entre personas a lo largo del tiempo, con sus ascendientes y descendientes. Decía Bulwer-Lytton que "mientras haya libros no existe el pasado". Desde el punto de vista genealógico esa es una verdad incontestable. Los documentos son todo a lo que se puede agarrar un genealogista. De poco vale aquí la difusa tradición oral. Las pruebas documentales son para un genealogista lo que el ADN para un genetista.

Conscientes de ello, los autores del estudio, que esta semana se publica en Science, buscaron formas alternativas de contrastar la ingente maraña de información que manejaban. En una de ellas, por ejemplo, cotejaron varias decenas de miles de perfiles con los registros de defunción del estado norteamericano de Vermont entre los años 1985 y 2000. Obtuvieron unas 80.000 coincidencias y, según indican, la concordancia entre el registro digital y el analógico fue cuasi-perfecta.

Más allá de conseguir unir genealógicamente a tantas personas (lo cual ya supone un rotundo éxito), el equipo de Elrich, obtuvo jugosa información adicional sobre el modus vivendi de nuestros ancestros.

Descubrieron, por ejemplo, que antes de 1850, las bodas entre primos lejanos (terceros o cuartos) estaban a la orden del día. Esto se entiende mejor si se tiene en cuenta un segundo hallazgo: las personas nacidas antes del siglo XIX solían casarse con gente que vivía en un radio de tan sólo 8 km. Esa cifra aumentaría a 18 km, en 1850, y a más de 100 km, ya en 1950. Según la hipótesis de los autores, cambiar las normas sociales, en lugar de aumentar la movilidad puede haber llevado a las personas a rechazar a parientes cercanos como parejas matrimoniales.

Por otro lado, el estudio también reveló que las mujeres europeas y norteamericanas han emigrado más que los hombres en los últimos 300 años, pero cuando los hombres emigraron, viajaron significativamente más lejos en promedio. "Una posible explicación es que los hombres tienden a permanecer en su ciudad natal debido a las mejores oportunidades económicas: tal vez una tienda que heredaron o unas tierras", explica Erlich.

Mientras los genetistas siguen buscando el origen del ser humano indagando en su propio interior, los genealogistas continúan mirando hacia fuera, ensanchando las raíces que sostienen nuestro árbol vital. Según los autores de la investigación, haría falta retrotraerse 65 generaciones para dar con nuestro antepasado común. Quién sabe, quizás en un futuro demos por fin con la semilla que dio lugar al árbol. No deja de ser curioso que Internet, el paradigma de esa modernidad líquida baumanesca que conecta a la humanidad hoy en día, haya servido para reconstruir las raíces que nos unieron hace 500 años.

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