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NOVELA

Miquel Molina: La sonámbula

domingo 04 de marzo de 2018, 19:45h
Miquel Molina: La sonámbula

Destino. Barcelona, 2018. 256 páginas. 18,50 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Cora Cuenca Navarrete

Andar en sueños, ni más, ni menos. Etimológicamente, las palabras latinas somnus y ambulare se dan de la mano para abrir de forma automática la puerta a las cábalas que se articulan en torno a este enigmático hábito nocturno. Predomina además en el imaginario colectivo la idea de que los misterios comienzan cuando se pone el sol, y las estrellas y demás cuerpos celestes pasan a presidir el firmamento. Así, La sonámbula imaginada por Miquel Molina supone un punto de confluencia entre lo real y lo astral, como si el grácil cuerpo de la heroína, Marta/Ginebra, canalizara la energía del Universo.

Se da al lector la oportunidad de asistir como espectador a la vida de la inusual criatura que es la protagonista, y de conocer sus impresiones y pareceres ante lo surrealista de las situaciones a las que su paradójica realidad la somete. En La sonámbula se dan encuentro numerosos relatos míticos de sobra conocidos por el gran público, desde una adaptación al siglo XXI del triángulo amoroso de los legendarios Arturo, Ginebra y Lancelot, a una recuperación de la figura del (en este caso, de la) voyeur al más puro estilo hitchcockiano. Porque, aunque sin pierna rota, Marta está deprimida, y en su depresión proyecta su baja laboral como un oscuro túnel al que fue fácil entrar, pero del que cada vez se hace más difícil salir. Marta, la bailarina rehabilitada en profesora de danza tras una lesión, se ve dominada por la abulia y el desencanto vital hasta que la muerte llama a su puerta.

O más bien a la del piso de abajo. Las constelaciones, -y la muerte de su anciana vecina-, la llevarán a un enredo peligroso con Fidel, un hombre repleto de oscuridad, pero, como ella, amante de la luminosidad de las estrellas. En la obra, la tecnología jugará un rol esencial y ambivalente, pues al mismo tiempo que permite observar los anillos de Saturno, simboliza una puerta de acceso a la perversión del ser humano. Y mientras Marta y dos de sus exparejas, amigos e íntimos confidentes, luchan por desvelar el turbio misterio que envuelve la figura de Fidel, la “bailarina cuántica” que es Ginebra se evade de la realidad en sus digresiones y en sus viajes al pasado, a un potencial futuro o a dimensiones lejanas repartidas por el vasto universo.

La sonámbula es un ejercicio sumamente interesante, ya que reconocemos la esencia de una mujer en la firma de un hombre. Miquel Molina se encarna con sorprendente facilidad en su compleja protagonista, a la vez que establece un contrapunto a través de Alfredo y Pau, exparejas de Marta. El barcelonés critica la hipocresía de los hombres que se autocongratulan por haber encontrado una “mujer auténtica” a la que poco después abandonan por no saber lidiar con la fuerza que dimana de ellas a todos los niveles. Porque, aunque no se lo crea, Marta se basta consigo misma y con su princesa Ginebra. Ella, que es a la vez una nihilista y una soñadora, un huracán y una frágil hoja que se deja mecer por el viento, descubrirá que la luz termina por ganar terreno a la oscuridad que inunda las cloacas de la realidad y de la mente. Y que, aunque nos encontremos en perpetua caída, nunca se pierde del todo la esperanza si levantamos la vista hacia las estrellas.

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