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EXPOSICIÓN

Una mirada a la danza moderna a través de siete figuras transgresoras

EL IMPARCIAL
jueves 22 de marzo de 2018, 14:11h
La bailarina del futuro. De Isadora Duncan a Joséphine Baker, exposición en el Espacio Fundación Telefónica.
Una mirada a la danza moderna a través de siete figuras transgresoras
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Siete mujeres bailarinas y coreógrafas del siglo XX creyeron en la necesidad de crear nuevas formas de expresión y de liberar el cuerpo femenino enfrentándose a las convenciones sociales y al rígido canon del ballet romántico. Isadora Duncan, Loïe Fuller, Joséphine Baker, Tórtola Valencia, Mary Wigman, Martha Graham y Doris Humphrey sentaron las bases de la danza moderna gracias a su creatividad, su revolucionaria puesta en escena y su estilo de vida transgresor.

El Espacio Fundación Telefónica presenta La bailarina del futuro. De Isadora Duncan a Joséphine Baker del 23 de marzo al 24 de junio de 2018, una exposición que reivindica el papel de estas mujeres pioneras y presenta la danza del cambio de siglo como una forma de arte nuevo.

La muestra, comisariada por María Santoyo y Miguel Ángel Delgado, ha contado para la elaboración de los contenidos con el asesoramiento de la doctora en Filosofía por la UCM y experta en teoría de la danza Ibis Albizu y con la participación de la bailarina de profesional Agnès López Río, que recrea a lo largo de la muestra los movimientos más conocidos de estas bailarinas a través de una experiencia audiovisual envolvente.

El primer ámbito introduce en el canon decimonónico y la estructura del ballet clásico, aspectos ambos que transgredieron estas bailarinas de primera generación. Diferentes corsés y prendas de interior, procedentes del Museo del Traje de Madrid, ayudan a entender la rigidez y el dominio del cuerpo femenino al que se sometían las bailarinas. Además, un audiovisual nos adentra en los cinco movimientos básicos del ballet a través de la recreación de la kinesfera o espacio físico que ocupa el cuerpo en su máxima extensión cuando está estático.

Isadora Duncan fue la pionera en y cuestionar el ballet clásico y la inspiradora del resto de protagonistas de la muestra. Un mito que impulsó la posterior formulación de la danza como un lenguaje específico de vanguardia. Duncan contrapuso un movimiento sinuoso, fluido, orgánico y libre a la estructura geométrica del ballet y rechazó así la verticalidad y el encorsetamiento.



El tercer ámbito está dedicado a tres representantes del ambiente libre de la escena popular: Loïe Fuller, Tórtola Valencia y Joséphine Baker. Bailarinas de enorme popularidad en su época, que sacudieron clichés y rompieron tabúes sexuales con bailes como el cabaré o el charleston, y que llegaron a influir en los ambientes más académicos.

La alemana Mary Wigman protagoniza esta sección que analiza la relación entre la bailarina y coreógrafa con el expresionismo alemán y la máscara, símbolo de los temores de la sociedad europea de entreguerras. Wigman creía en una danza total sin ataduras, en la que daba protagonismo además a la fuerza del movimiento de las manos y a la presencia del suelo. También dada su estrecha vinculación con el movimiento expresionista alemán “Die Brücke” era fácil ver en sus montajes la influencia entre las artes escénicas y la danza, sobre todo, en el diseño de vestuario, coreografías o escenografías.

La protagonista del siguiente espacio es Martha Graham, creadora de un lenguaje coreográfico autónomo, capaz de comunicar toda pasión esencial y que sigue vigente en la educación de cualquier bailarín contemporáneo. Su método sitúa el centro del cuerpo en el plexo solar y está basado en la contracción y expansión del movimiento pélvico. Cada gesto de sus coreografías tiene un significado preciso que apela a las emociones, cargado de teatralidad, introspección y solemnidad.

Una gran instalación audiovisual, inspirada en la cita en la que denomina a los bailarines “atletas de Dios”, centra este espacio. Seis pantallas, que simulan un friso olímpico, recrean seis movimientos repetidos en secuencia que corresponden a seis pasiones: Alegría, Tristeza, Ira, Miedo, Amor y Deseo. Graham creía que la danza era el método idóneo para la expresión de los arquetipos, término acuñado por el psicoanalista Gustav Jung para aludir a imágenes y temas que forman parte del subconsciente de la humanidad y que sirven para alimentar las leyendas y mitos de las culturas. Graham fue la más intelectual y la que tuvo más influencia en la siguiente generación.

El último apartado está dedicado a la coreógrafa Doris Humphrey, revolucionaria por acabar con la verticalidad en la danza y por apostar por la gravidez y poner así en valor la atracción del cuerpo del bailarín hacia la tierra. Es la primera en romper con la estructura jerárquica y piramidal de la prima ballarina e imponer movimientos basados en la horizontalidad del grupo.

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