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TRIBUNA

Democracia y política en España

sábado 24 de marzo de 2018, 20:00h

Resulta un misterio llegar a saber, de forma concluyente, la razón de la existencia y el fin del hombre. Nadie ha podido descifrar con rotundidad tal interrogante eterno, a pesar de que muchos lo han intentado; si bien es cierto que hay algo irrefutable como es la evolución favorable de la humanidad en su conjunto y del hombre como ser singular en el universo conocido. Nadie pone en duda las tesis de la evolución del hombre desde su origen a la actualidad. Voy a indicar aquí, a vuela pluma, una serie de indicios que confirman lo dicho. Es preciso, ante todo, hacer hincapié en los puntos esenciales que conforman el ser humano como único y distinto de todos los demás seres. El ser humano ha sido calificado como un animal racional, político y religioso. A todos esos epítetos voy a referirme brevemente, con mayor intensidad en unos aspectos que en otros. El hombre es un ser racional que ha evolucionad a lo largo de la historia con los avances del pensamiento y de la ciencia. Es un animal político de naturaleza sociable, lo que se acredita desde la convivencia tribal hacia las formas de organización políticas más complejas con sus distintas variantes, pasando por las monarquías, repúblicas, oligarquías, etc., hasta llegar a los sistemas democráticos liberales. Su carácter como hombre religioso proviene desde la época de los mitos para darse el mismo una explicación al más allá frente a la muerte; desde las teorías de diversas divinidades (politeísmo) hasta la religión monoteísta de un Ente superior y creador de todas las cosas y del propio hombre. Las religiones monoteístas han sido a lo largo de la historia las más intolerantes y cruentas unas contra otras, dividiendo a la humanidad en conflictos no sólo de ideas sino incluso bélicos, produciendo divisiones entre grupos de la misma fe o de distintas religiones. Pues bien, de todo ello conviene quedarse con lo mejor y fundamental en el progreso del hombre y de la humanidad en su conjunto. Para empezar, es preciso descartar las ideas de religión que, en lugar de fomentar la paz entre los hombres, han fomentado la división y el odio de unos contra otros con matanzas de millones de personas. No resulta creíble que si existe un Dios todopoderoso, bondadoso, piadoso, etc., pueda luego restringirse la posesión de ese Dios Supremo a la instancia e interés de un grupo, como ha hecho la religión judía, declarándose como pueblo escogido a través de un dios personal y exclusivo; lo mismo que han hecho otras culturas y civilizaciones que se han alzado con el nombre de su dios contra el resto de la humanidad. Si Dios existe, como creador de toda la humanidad, no puede ser un dios elitista y puesto a disposición de una tribu o grupo de la humanidad, sea el pueblo que sea, ni a disposición de una sola religión (cristiana, islámica, judía, etc.). El imperio romano en su esplendor era una sociedad más práctica, pues respetaba en su organización política las creencias de todos los pueblos a los que dominó y las divinidades que estimaran como posibles en sus oraciones, hasta que el cristianismo consiguió que Constantino lo proclamara como la religión oficial del imperio, confundiéndose a partir de entonces la política del estado con la religión cristiana. Tal situación perduró hasta la distinción entre la razón y la fe con la Ilustración, entre la política y la religión, cuando se establecieron unos límites entre lo secular y las creencias religiosas, entre lo que es del César y lo que es de Dios.

Una vez hechas tales aseveraciones y distinciones, ya se puede centrar el tema en la evolución del hombre como ser social y político. El hombre ha pasado por muchas etapas durante la historia, organizándose en grupos sociales y avanzando, normalmente hacia etapas mejores, dentro de la evolución imparable de la razón colectiva hasta la época moderna y contemporánea de la democracia. Sin olvidar las fases históricas de las civilizaciones de Grecia y de la República de Roma, se pasó a las sociedades medievales donde primaron las doctrinas cristianas y el feudalismo en occidente con los posteriores conflictos con otras culturas, como la islámica que aún hoy permanece aunque con otros parámetros. Con posterioridad a la Revolución francesa, han devenido ya las dos grandes instituciones que han regido las sociedades políticas contemporáneas, o sea, las democracias liberales y el marxismo socialista con tendencia al comunismo. Enfrentada la humanidad en la época contemporánea, no tanto por guerras de religión, sino por sistemas ideológicos de organización política, se llegó en el siglo XX a las dos guerras mundiales con los imperialismos y fascismos incluidos, y a la posterior guerra fría entre occidente y los países del comunismo marxista-leninista. Visto todo lo cual, no hay duda alguna en que, como han dicho, entre otros, Churchill: la democracia es el menos malo de los sistemas políticos; o el politólogo Giovanni Sartori, la democracia es el mejor sistema de organización política de la humanidad, aunque no siempre ha sido lo perfecto que debiera. Conviene recordar, como ha explicado este autor en su libro Lecciones sobre Democracia, - y tener en cuenta especialmente por lo que atañe en estos momentos a España- lo siguiente: No es lo mismo en democracia, pluralismo que multiculturalismo. El pluralismo se apoya sobre una diversidad que produce integración, mediante la tolerancia, la reciprocidad y el diálogo. Por el contrario, el multiculturalismo persigue la desintegración. En vez de promover una “diversidad integrada”, promueve una identidad “separada” de cada grupo, y a menudo la crea, la inventa y la fomenta. El resultado es una sociedad de compartimentos estancos e incluso hostiles, cuyos grupos están muy identificados consigo mismos y, por tanto, no tienen ni deseo ni capacidad de integración. El multiculturalismo no supera el pluralismo, lo destruye. Aplíquese, pues, tal concepto de “multiculturalismo” al de nacionalismos y regionalismos, cuyos resultados perjudiciales y negativos contra nuestra democracia son visibles continuamente a todos los que deseamos una España próspera y unida.

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