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ENSAYO

Emmanuel Carrère: Conviene tener un sitio adonde ir

domingo 01 de abril de 2018, 19:26h
Emmanuel Carrère: Conviene tener un sitio adonde ir

Traducción de Jaime Zulaika. Anagrama. Barcelona, 2017. 448 páginas. 23,90 €. Libro electrónico: 18,99 €.

Por Ángela Pérez

Emmanuel Carrère (París, 1957) es uno de los nombres de la actual literatura europea que ha despertado más interés entre crítica y lectores. El escritor francés ha conseguido crear una obra que, recogiendo varios antecedentes -bien señaló Eugenio d’ Ors que “lo que no es tradición es plagio”-, está marcada por un sello altamente personal y de enorme atractivo. Si queremos poner etiquetas, la producción de Carrère -también guionista y director de cine-, se inscribe en una línea que entremezcla la realidad y la ficción, y sobre la que él mismo ha señalado, precisamente en uno de los trabajos que componen Conviene tener un sitio adonde ir: “Hace alrededor de veinte años que ya no escribo novelas. Desde entonces escribo lo que a falta de una palabra mejor llamamos ‘non-fiction’, y soy el primero en insistir, quizá machaconamente, en que lo que cuento es verdad, que los personajes que trato de describir tienen su modelo en la vida real y no son criaturas de mi imaginación”.

Una verdadera declaración de intenciones y principios que ha de combinarse con algo evidente que nunca habría de olvidarse, y que otorga brillantez a su producción: todo cuanto relata no es ni mucho menos una tosca reproducción de esa “vida real” -que, por otro lado, tampoco sabemos muy bien cuál es-, sino que está pasado por la literatura y sus criaturas no serán producto de su imaginación, pero sí son “imaginadas” y le sirven para explicarse a sí mismo. Un ejemplo claro es Jean-Claude Romand, protagonista de uno de los títulos más fascinantes de Carrère: El adversario. El adversario cuenta el caso de un impostor y un criminal. Romand, que existió realmente -hoy sigue en prisión-, asesinó a su mujer, sus hijos y sus padres, y, luego, intentó suicidarse. Un intento que no era otra cosa que una nueva impostura, como la que venía manteniendo desde lo dieciocho año. Fingió que era médico y que tenía un trabajo como tal. Cuando su castillo de naipes iba a desmoronarse, descubrió que no podría soportar la mirada de los otros.

En “Capote, Romand y yo”, incluido también en este volumen, Carrère analiza la gestación de El adversario y las dificultades para su composición, cómo empezó por el camino errado de la célebre A sangre fría, de Truman Capote. Y cómo comprendió que la vía no era, como quiso hacer al principio, “imitar su enfoque deliberadamente impersonal”, sino dar cuenta de quién era Romand para él. Y en ese proceso el resultado es un personaje con mucho de “imaginado”, pero quizá más “real” que el de carne y hueso. Bendita paradoja de la literatura.

Junto a este artículo, Conviene tener un sitio adonde ir -recomendación tomada de I-Ching, libro oracular chino, uno de los cinco clásicos confucianos-, reúne más de una treintena de textos, presentados en orden cronológico, provenientes en su mayoría de las colaboraciones de Carrère en la prensa entre 1990 y 2015. Variados son los asuntos que aborda. Entre otros, exploraciones de obras y autores, como Daniel Defoe, Balzac, Philip K. Dick, Lovecraft, o Janet Malcom -especialmente revelador es el análisis de su libro El periodista y el asesino-, viajes -así el realizado a la Rumanía después de Ceausescu-, o una crónica sobre su entrevista fallida a la actriz Catherine Deneuve. Un volumen, en suma, repleto de jugosos textos que interesarán no solo a los muchos seguidores de Emmanuel Carrère.

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