El eslovaco resplandeció en una de las pruebas más duras del calendario.
"Esto es increíble. Este año no he tenido ningún accidente y nunca me cansé, ahorré energía y luego di un paso adelante para atacar y seguir avanzando hasta el final. Estoy menos cansado que otros años", declaró Peter Sagan tras haber ganado en la 106 edición de la "clásica de las clásicas", la París Roubaix. El triple campeón del Mundial de ciclismo se impuso con autoridad en los 257 kilómetros -54 de ellos adoquinados- que dispuso la organización del evento en 2018.
El corredor del Bora, de 28 años, añade esta muesca a su pomposo palmarés. Y lo ha hecho correspondiendo con su adn ambicioso. Fue a por el triunfo propulsado en su estilo agresivo y marcó la pauta de una escapada demoledora para el resto de ilustres rivales que estaban presentes en la competencia. Finalmente, arrolló al suizo Silvan Dillier, con el que viajó durante los 53 kilómetros finales, en un ejercicio autoritario en el sprint desarrollado en el velódromo de Roubaix.
Su tiempo que 5h.54.06 le llevó a conquistar el "Infierno del Norte" con una velocidad promedio de 43,55 kilómetros por hora y tomar el relevo del único corredor que había sido capaz de ganar en este 'monumento' vistiendo el maillot arcoiris (Bernard Hinault, en 1981). Sagan, en consecuencia, se une a la elitista lista que conforman el propio Hinault, Marcel Kint, Rick Van looy, Eddy Merckx y Francesco Moser. Su segundo 'monumento' ciclista, tras el Tour de Flandes de 2016, dejó a Niki Tersptra en el tercer escaño del podio, justo por delante de Greg Van Avermaet, el defensor del título.
El día comenzó con intensidad. Desee la salida, en el kilómetro 60, se desató una guerra de guerrillas que devendría en la escapada de 12 corredores. Marc Soler, de Movistar y debutante, viajó en ese grupeto en el que figuaraban Bystrøm, Dillier, Robeet, Duquennoy, Wallays, Soupe, Smukulis y Thomson. Los fugados afrontaban los tramos adoquinados al tiempo que el pelotón de favoritos contemporizaba, sabedor del cansancio que acumularían con el paso de los kilómetros.
Así, sobrevendría la tragedia de la jornada: Michael Goolaerts, belga del Vérandas, sufrió un ataque al corazón en el sector de Briaste y fue trasladado en estado grave al hospital tras haber recibido maniobras de reanimación. El corredor del 23 años fallecería horas más tarde. "Murió a las 22:40 en el hospital de Lille, donde estaba acompañado por sus familiares y seres queridos, que están ahora en nuestros pensamientos. Murió de un paro cardíaco y los esfuerzos de los médicos fueron infructuosos", comunicó su equipo.
Una caída masiva se cobraría a Geraint Thomas, del Sky, como víctima, y matizó la anatomía de otro puñado de competidores, entre los que estaba el belga Greg Van Avermaet, contendiente destacado. Y a 100 kilómetros para la meta había quedado claro que el pelotón no permitiría lujos y que controlaba la fuga con rectitud. Los escapados cruzaron esa barrera con 2:40 minutos de brecha y los cambios de ritmo que forzaron sus integrantes de mayor categoría hicieron tirar la toalla al español Soler, que cedió en Sars-et-Rosières, a 70 kilómetros del final. En ese intervalo, los favoritos empezaron a abrir las hostilidades. Teunissen y Philippe inauguraron los movimientos en Arenberg, Van Avermaet replicó y sólo Stybar alcanzó a ganar unos metros sobre el competitivo tren de equipos interesados en una llegada al sprint.
Pero el ataque por antonomasia llevaría la firma de Sagan. El eslovaco, al que miraban todos, se escapó de los marcajes y a 53 kilómetros para la finalización arrancó su motor. Lo hizo en el tramo adoquinado de Bersée, quemando el gas de aquellos que trataron de darle caza. El campeón del Mundial 2017 llegaría a la altura de Bystrøm, Wallays y Dillier, los últimos supervivientes de la fuga, y pasó a comandar ese grupeto, como si de una contrarreloj se tratara. Y luciría hasta la exhibición.
Por detrás, Wout van Aert y Jasper Stuyven fueron los más activos en la respuesta, pero Sagan, imperial, se distanció en 50 segundos al atravesar el tramo de Mons en Pevéle, uno de los más largos con 3.000 metros de adoquinado. Los gallos que competían por detrás intentaron coordinarse para apagar el incendio, pero a 20 kilómetros del velódromo Dillier, Wallays y el favorito ya habían cimentado un colchón de 1:30 minutos. Wallays sería deshilachado y el tú a tú postrero se definiría para gloria del legendario eslovaco. En el icónico Carrefour de l'Arbre (kilómetro 240, a 16 de meta), su vuelo mantenía a distancia a Niki Tersptra, rey de Flandes y a Van Avermaet.
"Estoy muy feliz. Tengo que agradecerles a todos mis compañeros de equipo su trabajo porque ha sido fundamental. Mantuvieron al grupo junto desde el principio. Hice mi jugada ganadora a 50 kilómetros del final y todo salió perfecto. Estoy muy contento por haber venido a esta carrera. Ganar aquí es una sensación increíble", manifestó el ganador en la línea de meta, que añadió a su mochila (Flandes, 3 Gante Wevelgem, E3 Harelbeke y de 8 etapas en el Tour de Francia) otra página dorada.