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POR LIBRE

Rivera aún no ha ganado

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 15 de abril de 2018, 19:33h

Tras la histórica victoria de Inés Arrimadas en las elecciones catalanas, Ciudadanos va viento en popa; todas las encuestas vaticinan que ahora ganaría las elecciones generales. Pero, en el peor de los casos, aún queda un año para que se disuelvan las Cortes. Y Rivera debería tener en cuenta el dicho popular de que no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo. Menos aún, si el oso se llama Rajoy.

Hasta ahora, Ciudadanos ha jugado a situarse en el centro político al apoyar al PSOE en Andalucía y al PP en la Comunidad de Madrid. Rivera cometió un grave error al firmar solemnemente un pacto de Gobierno con Sánchez a sabiendas de que no prosperaría y lo pagó caro en las urnas al perder 8 diputados en 6 meses. Luego se vio obligado, muy a su pesar, de apoyar la investidura de Rajoy. Y, ahora, está jugando con fuego al empecinarse en colgar en su galería de trofeos la cabeza de Cristina Cifuentes, porque le puede obligar a apoyar la moción de censura del PSOE en su siniestra alianza con Podemos.

Por mucho que Rivera sea más de derechas que Pedro I el Cruel, o por eso, le gusta disfrazarse de socialdemócrata, aunque ya ha erradicado el término del ideario de su partido para quedarse solo en liberal. Y al igual que sufrió una sangría de votos por sus veleidades con Sánchez, está a punto de repetir el error al apoyar un gobierno en la Comunidad de Madrid teñido de morado. Puede ganar la batalla de echar al PP, pero puede perder la guerra de las elecciones autonómicas y hasta de las generales. Porque Rajoy en persona y todos sus portavoces se van a pasar el año entero denunciando la maniobra de Ciudadanos al regalar el gobierno de Madrid a la extrema izquierda. Cada error que cometan Gabilondo y el emisario de Pablo Iglesias, que serán muchos, el PP señalará a Rivera como responsable de las tropelías. Y está más que demostrado que los votantes de Ciudadanos, al igual que su líder, son de derechas; o si se prefiere, de centro derecha. Pero de socialistas tienen poco y de populistas, nada.

La partida de ajedrez todavía no ha terminado. Puede ocurrir que Cristina Cifuentes tire la toalla, el PP se arrugue y sustituyan a la presidenta. En ese caso, Rivera ganaría con un letal jaque mate. Pero, como adelantó el lunes “El Imparcial”, Rajoy parece haberse dado cuenta de la jugada y empieza a intuir que para los intereses electorales de su partido le conviene enrocarse y forzar a Ciudadanos a pringarse con la moción de censura. Perdidos al río, dicen en Moncloa. Puede beneficiarles más perder el Gobierno y poner en un aprieto a Rivera que inclinar la cerviz para mantener el poder. De momento, el presidente del PP se ha plantado y mantiene a Cifuentes en la presidencia.

Y con una buena dosis de sarcasmo, ha aprovechado el refrán, “consejos vendo y para mí no tengo” para denunciar la falsa licenciatura en Pedagogía del candidato de Ciudadanos en la Comunidad de Valencia, Toni Cantó; la inexistente licenciatura en Matemáticas del número dos del PSOE madrileño, José Manuel Franco, y el título también falso de Ingeniería del podemita Juan Merlo. A fin de cuentas, parecía mascullar Rajoy, lo de Cristina Cifuentes es un simple máster, no una pomposa licenciatura. A ver qué hace ahora Rivera con la candidatura del pedagogo Toni Cantó, qué hace Sánchez con el matemático Franco o qué hace Iglesias con su candidato Errejón y su fraudulenta beca. En el PP esperan con las escopetas cargadas.

El máster de quítame allá ese título no es el problema. Es la excusa para que Ciudadanos fagocite al PP en Madrid, el PSOE saque la cabeza del agujero, Podemos recupere su alianza de izquierdas y el fuego amigo del PP salde cuentas con Cristina Cifuentes, el verso libre del partido. Porque la presidenta de la Comunidad era un peligro para todos. Tan de centro o más que Ciudadanos, tan de izquierdas, pero más inteligente que los socialistas de la Asamblea y un aguijón para las balandronadas de Podemos. Por eso, había que eliminarla en época preelectoral. Por eso, desde el periódico que dirige Sáenz de Santamaría y la televisión que ha regalado a Podemos hasta los panfletos digitales de izquierdas y de derechas se han cebado con ella. Por eso, Rivera había vendido ya la piel del oso y preparaba la mudanza a La Moncloa. Porque sabe que esta batalla, que creía haber ganado, puede decidir la guerra.

Ahora Rajoy reflexiona sobre lo esencial: si sacrificar a Cifuentes o dejarse arrollar por Ciudadanos. Electoralmente, le interesa más enrocarse y poner en un brete a la mosca cojonera de Rivera. Solo necesita aguantar el chaparrón que se ha desatado dentro de Génova. El fuego amigo suele resultar el más abrasivo.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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