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EX LIBRIS

“Requiem por un imperio difunto”

jueves 03 de mayo de 2018, 08:46h
“Requiem por un imperio difunto”
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Como Chateaubriand, el historiador, escritor y periodista húngaro Ferenc Fejtő (1909-2008) vio nacer y morir un siglo. Nacionalizado francés en 1955- de ahí que, a menudo, se lo cite como François Fejtő- nació en el Imperio austrohúngaro durante el “tiempo de la seguridad” que evocaba Stefan Zweig en “El Mundo de ayer”. A su muerte, la Unión Europea se extendía desde la frontera de Rusia hasta el norte de África, la URSS había caído y la vieja monarquía danubiana apenas era un recuerdo. Por su vida y su obra, pasó todo el siglo XX.

Procedente de una familia de clase media alta de judíos húngaros -su padre era editor y librero- Fejtő estudió Literatura en Pécs y Budapest y participó de los grandes movimientos de su época. Militó algún tiempo en el Partido Comunista, pero lo abandonó por la posición de Stalin respecto de la República de Weimar. Estuvo en la cárcel en 1932 por organizar un grupo de estudio marxista. En 1934 se unió al Partido Socialdemócrata. Tuvo que abandonar Hungría en 1938 y no volvería a ella hasta 1989. Combatió a los nazis en el ejército francés. Militó en la Resistencia durante la II Guerra Mundial. Ejerció el periodismo, fundó revistas culturales, enseñó en el Instituto de Estudios Políticos de París. Fue un humanista a carta cabal y un intelectual de primera línea. Se especializó en la historia y la política de Europa del Este. Escribió una notable biografía del emperador José II y una “Historia de las democracias populares” (Martínez Roca, 1971) cuya primera edición en 1952 permitió comprender la naturaleza de los regímenes que se alzaban tras el Telón de Acero.

Sin embargo, su obra más conocida es “Requiem por un imperio difunto. Historia de la destrucción de Austria-Hungría”, que Ediciones Encuentro acaba de reeditar con una calidad muy superior a la que padecimos con la antigua edición de Mondadori allá por 1988. El libro tiene márgenes generosos para que el lector interesado pueda anotar, advertir y llamar la atención sobre aquello que se despliega ante sus ojos: nada menos que el hundimiento de la Monarquía de los Habsburgo.

Así, el libro se divide en cuatro partes. La primera y la última tratan directamente de la I Guerra Mundial: sus causas, sus objetivos y la ideología subyacente que fue, a la postre, una de las razones profundas de la destrucción del imperio. La segunda es un fascinante recorrido por la historia de los Habsburgo hasta el siglo XVIII, que se prolonga en la tercera entrando directamente en la Gran Guerra. Toda la obra es un recorrido bellísimo por la riqueza, los conflictos y la complejidad de uno de los grandes imperios centrales que se extendía desde Polonia hasta el Mediterráneo. La obra termina con trece anexos interesantísimos. Algunos de los capítulos añaden un enfoque muy enriquecedor a la historiografía sobre la Gran Guerra como el XXX, que trata del papel de la francmasonería en el conflicto.

A lo largo de todo el libro late la tristeza por el pasado perdido, sin duda, pero también luce la mirada crítica por las oportunidades desaprovechadas, por los intentos de transacción entre los tres grandes pueblos del imperio -los germanos, los húngaros y los eslavos- y por la desaparición de una entidad multicultural que no estaba, sin embargo, abocada al terrible final que le depararon las potencias vencedoras: la desaparición completa.

Sin embargo, el lector no ha de esperar el aire nostálgico de las novelas de Joseph Roth -este “Requiem” se abre con una cita de “La cripta de los capuchinos”- ni la idealización de los autores que evocaron “el mundo de ayer” mitificándolo como describió Claudio Magris en “El mito habsbúrgico en la literatura austriaca moderna”. Más bien al contrario, Fejtő es despiadado con las grietas que resquebrajaban el orden imperial -el sentimiento de superioridad de unos pueblos sobre otros, la utilización de los eslavos en las tensiones entre germanos y húngaros, la traición de las élites defensoras de sus privilegios a costa de unas desigualdades insoportables, la desconfianza de cualquier cambio que supusiera concesiones de unos a otros…- hasta el punto de que todo parece augurar la caída de la monarquía. Aquí nos advierte Fejtő del riesgo de equivocarnos.

El Imperio Austrohúngaro contaba con partidarios leales y defensores decididos a preservarlo. Sus evidentes tensiones no eran, por si solas, tan poderosas como para desgarrarlo. Era necesario acometer reformas, pero eran posibles, aunque difíciles. La lentitud en la toma de decisiones no equivalía a falta de voluntad política de modernizar las estructuras, las instituciones, las normas. Las identidades nacionales no estaban necesariamente vinculadas con reivindicaciones de independencia. La idea de un imperio “cárcel de pueblos” era más una creación de la propaganda que una descripción de la realidad política de la monarquía. Finalmente, lo que decidió su fin no fueron los factores internos, sino la decisión de las potencias vencedoras de la I Guerra Mundial.

En un tiempo en que Europa se debate entre la Unión Europea y los Estados nacionales, el caso austrohúngaro ha sido rescatado como advertencia. Recordemos la columna de Sergio del Molino de hace unos meses con el sugerente título “Todos somos austrohúngaros”. En efecto, nuestro tiempo sigue viviendo a la sombra de aquellos imperios -el habsbúrgico, el ruso, el otomano- que la I Guerra Mundial barrió de la historia dejando sólo sus ruinas. En ellas habitamos los europeos de hoy. Este libro de Fejtő nos ayudará a comprender el pasado para poder orientar nuestro futuro.

No dejen de leerlo.

François Fejtő

“Requiem por un imperio difunto. Historia de la destrucción de Austria-Hungría”

Ediciones Encuentro, Madrid, 2017

493 págs.

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