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Y DIGO YO

155 para rato

martes 15 de mayo de 2018, 13:58h

Es bastante frustrante tener la sensación de vivir en un continuo déjà vu con lo que está pasando en Cataluña durante los últimos años. Uno piensa que un episodio ya ha terminado y que avanzamos y, nuevamente, vemos que los acontecimientos -y los errores- se repiten.

Rápidamente, mi cerebro intenta no caer en este reconocimiento de una experiencia ya vivida y, con satisfacción, encuentra puntos que diferencian lo que pasó hace dos años con lo sucedido este lunes en el Parlamento catalán. “No, no es lo mismo”, me repito a mi mismo. “Algo habrán aprendido”, insisto para mis adentros. “Hay gente en la cárcel y huidos de la Justicia en el extranjero”, me justifico para no caer en el abatimiento ante la idea reiterativa de que se han perdido dos años.

Efectivamente, no es lo mismo porque entremedias ha habido intentos fallidos de proclamar una república y esto ha tenido consecuencias judiciales -las seguirá habiendo- y, sobre todo, con la aplicación de un artículo de la Constitución que ha desarticulado cualquier intento de independencia.

Con la investidura de Quim Torra lo único que se demuestra es que siempre hay un ‘tonto útil’ para la causa. Si es consciente de que es una marioneta de Carles Puigdemont y su cómplice en un plan que ya ha llevado a la cárcel (de momento solo de forma provisional) a muchos “sacrificados libertadores de la patria”, ese será su problema y desdicha, pero mientras, el Gobierno catalán sigue en retroceso. Es muy posible que él no se sienta así, que, todo lo contrario, se vaya presentando por la vida a partir de ahora como un mártir del independentismo capaz de jugarse su libertad por unas ideas.

O por un odio. Porque la literatura que deja para la posteridad, a fecha de hoy y sin contar con los tuits convenientemente eliminados, no deja de ser una lista de insultos a todo lo que significa España. Su xenofobia, supremacismo y exclusión del que no tenga un sentimiento independentista es patente en toda su “obra”.

Calificar de “bestias con forma humana” o “carroñeras” o “víboras” o “hienas” a todo aquel que habla en castellano en Cataluña o, como no podía ser de otra forma, hacer continuas referencias a las manidas frases del tipo “los españoles solo saben expoliar” o “vivimos ocupados por los españoles” o “vergüenza es una palabra que los españoles hace años que han eliminado de su vocabulario” son su único legado y sus méritos para estar donde está.

Y digo yo: ¿Qué entiende el señor Torra cuando ve que hay personas en la cárcel por hacer lo que él está diciendo que va a hacer? ¿Sabe realmente este hombre dónde está, gracias a quién está ahí y a quién representa? ¿Hace falta recordar todavía que la ley es el límite? Como no se dé cuenta, me parece que habrá 155 para rato.

Sí tengo que darle la razón en una cosa al señor Torra y es en esa frase de la que no puedo estar orgulloso como español de que hemos eliminado la palabra “vergüenza” de nuestro vocabulario. Totalmente de acuerdo. Muchos españoles son unos sinvergüenzas y muchos están en Cataluña, para nuestra desgracia.

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