Pedro Sánchez ha vuelto a las andadas, al intentar resucitar el Gobierno Frankenstein con Podemos y los independentistas para lograr su sueño de instalarse en La Moncloa. Pero se ha equivocado de aliados. Después de apoyar el artículo 155, de llamar racista a Quim Torra y de endurecer su discurso contra los golpistas no puede esperar el apoyo de ERC, PdCat y los proetarras por mucho que estén deseando laminar a Rajoy. Y en el hipotético caso de que lo hicieran, el secretario general del PSOE tendría que pagar una factura tan alta como retractarse de sus palabras y ceder a las reivindicaciones de los partidos que quieren romper España. Para empezar, interceder por los políticos encarcelados. Tampoco electoralmente le conviene aliarse con los extremistas de Podemos.
Se ha precipitado. Sin avisar siquiera a sus diputados, ha presentado una moción de censura que se antoja suicida. Solo hubiera tenido éxito en caso de pactar previamente con Ciudadanos, poniendo contra las cuerdas a Pablo Iglesias, que por mucha grima que le de Albert Rivera, se habría visto obligado a sumarse. La moción, además, saldría adelante solo si se compromete a convocar elecciones, el requisito del partido naranja. Una opción que ni a Pablo Iglesias, en plena reforma del chalé, ni a Pedro Sánchez, con el PSOE hundido en las encuestas, les interesa. En realidad, el líder socialista solo aspira a pisar la moqueta del palacio monclovita.
De momento, los intereses partidistas de unos y otros benefician una vez más a Rajoy que sin mover un músculo puede salir victorioso de la moción de censura, dejando de paso en ridículo a Pedro Sánchez. El fracaso de la moción, además, robustecería a Rajoy cuando atraviesa su peor momento político por el incendio catalán y los casos de corrupción embarrando al PP. Y si el presidente del Gobierno sale victorioso de esta emboscada y se enroca en La Moncloa dos años más, el mapa político español puede dar un vuelco.
Pedro Sánchez, que se había erigido en un hombre de Estado con su valiente planteamiento contra los golpistas catalanes, perderá todo su crédito si se arrima a los separatistas de la mano de Pablo Iglesias. Se ha metido en un callejón sin salida del que saldrá magullado. Aún está a tiempo de rectificar. Puede salvar el pellejo si apoya la moción de censura que Ciudadanos ha planteado para disolver las Cortes. Pero es mucho pedir. Él solito cree que puede destruir a Rajoy y ser presidente del Gobierno. Una vez más, va a pinchar en hueso. Y lo peor para el PSOE, sus grandes adversarios, Rajoy y Rivera, saldrán beneficiados del fiasco socialista. Pedro Sánchez se ha quitado la careta y vuelve a ser el chisgarabís de siempre.