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ORIENT EXPRESS

Serbia, el águila y el Mundial de Rusia

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 24 de junio de 2018, 19:50h

El fútbol televisado es la gran tribuna de nuestro tiempo. Ningún otro deporte acapara tanta atención en todo el mundo. Ninguno despierta tanto interés ni mueve tanto dinero. Ninguno levanta sus pasiones. En torno a las hinchadas nacionales o de determinados equipos, se construyen imaginarios políticos que construyen memorias o reivindican causas. Alrededor de del deporte, se aglutinan así los valores -o contravalores- de la política.

Así, el partido entre las selecciones de Suiza y Serbia sirvió este fin de semana para que dos jugadores suizos de origen albanés -Xherdan Shaqiri y Granit Xhaka- aprovechasen la celebración de sendos goles para hacer con las manos la forma del águila de la bandera albanesa. Shaqiri ya difundió hace unos días una foto de sus botines: el izquierdo lucía la bandera rojiblanca de Suiza, pero el derecho llevaba la de la Kósovo, la provincia serbia autoproclamada independiente en 2008. Así, la notoriedad que brinda el fútbol se utiliza para un fin político ajeno, en principio, a la propia competición: no se olvide que estos dos jugadores vestían los colores suizos y aprovecharon la ocasión para una reivindicación política.

En realidad, los gestos de estos dos jugadores deberían preocuparnos. El águila es un símbolo presente en la bandera del Albania, pero no en la de Suiza ni en la de la provincia autoproclamada independiente. Ese símbolo no representa a todos los habitantes de la provincia, sino a los nacionalistas albaneses de Kósovo, que lograron hacerse con el poder gracias a la intervención de la OTAN en 1999. Así, la celebración no se dirigió a los suizos, sino a los albaneses.

Por supuesto, esta reivindicación nacionalista y etnicista hubieses generado mucha más polémica si la hubiese hecho un serbio o un ruso. Sobre el nacionalismo albanés de Kósovo se cierne un manto de silencio que pocos quieren rasgar. Los serbios viven en su propia tierra amenazados y excluidos de un proyecto político cuyo origen es injusto y cuya viabilidad es problemática. Estos gestos hechos ante el mundo revelan bien a las claras qué pretenden los nacionalistas albaneses y la exclusión que les cabe esperar a los serbios. Es interesante observar cómo dos gestos pueden desbaratar años de intentos de aparentar que el nacionalismo de los albaneses de Kósovo es democrático.

Por si quedaba alguna duda, Xhaka se encargó de despejarla: "Es una victoria para la familia, para Suiza, Albania y Kosovo. El gesto fue para la gente que siempre me apoyó, no estuvo dirigido contra nuestros adversarios". Sin embargo, es difícil no ver en su acción una ofensa a la selección de una nación cuyo territorio ha sido amputado y cuyos ciudadanos viven como extranjeros en su propia tierra.

“"Es una victoria para la familia, para Suiza, Albania y Kosovo”. El nacionalismo albanés de Kósovo siempre fue, en realidad, una extensión del nacionalismo albanés de Albania. De nuevo hay que advertir que -de haber sido un gesto hecho por un nacionalista serbio- por todas partes se estarían repitiendo los tópicos que sirvieron para desatar la campaña de bombardeos de 1999. Ahora los serbios de la provincia ya saben qué les cabe esperar: en el Kósovo autoproclamado independiente, el símbolo es el águila albanesa.

Estos dos jugadores suizos -no se olvide este detalle- han tenido la oportunidad de mostrar al mundo el símbolo con el que se sienten identificados y han escogido el de una bandera extranjera -la albanesa- con cuyos colores no compiten. Quizás esto debería suscitar una reflexión sobre qué es ser suizo y hasta qué punto sus jugadores representar -y merecen representar- a la Confederación Helvética cuando escogen como símbolos de terceros países. El viernes pasado no competía Albania, pero se hizo presente.

También es una oportunidad para que las autoridades del mundo del fútbol consideren qué hacer cuando un partido se secuestra para una acción de propaganda e insulto al adversario ajena a la competición y contraria a sus valores. Si esta humillación queda impune, cualquiera podrá hacer lo propio en cualquier otro partido y la “deportividad” abandonará los campos de fútbol.

Por fin, todo esto de los gestos nos debería servir para reflexionar sobre el inmenso poder de los símbolos y, en particular, de las imágenes. Para millones de serbios, ese gesto que los jugadores exhibieron ante el mundo representa la injusticia, la exclusión y la violencia. Las familias de los serbios que viven en el norte de Kósovo o en las zonas de enclave que necesitan de protección ante la amenaza de sus vecinos albaneses han recibido un mensaje claro de lo que les espera en su propia tierra. Estos dos jugadores suizos se han servido de los colores de su selección para unos fines muy alejados del espíritu deportivo.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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