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ÓPERA

La soprano Gheorghiu y el tenor Ilincãi salen ovacionados del Teatro Real

La soprano Gheorghiu y el tenor Ilincãi salen ovacionados del Teatro Real
(Foto: Teatro Real)
domingo 01 de julio de 2018, 16:48h

Dentro del ciclo de conciertos del Real para la temporada 2017- 2018 y cuando queda poco para que esta finalice, el coliseo madrileño acogió, el sábado 30 de junio, las voces de los belcantistas rumanos Angela Gheorghiu y Teodor Ilincãi, bajo la batuta del también rumano Ciprian Teodoraşcu.

El público del Teatro Real estaba expectante con este concierto y terminó ovacionando, rendido, a los cantantes, que premiaron este reconocimiento con tres temas fuera de programa: el archiconocido O mio babbino caro, de la ópera Gianni Schicchi, de Giacomo Puccini, la romanza para tenor No puede ser, de la zarzuela La tabernera del puerto, compuesta por Federico Romero Sarachaga y Guillermo Fernández-Shaw Iturralde con música de Pablo Sorozábal, y la célebre canción Granada, escrita en 1932 por el inmortal compositor mejicano Agustín Lara, que tan maravillosos temas legó a la humanidad sobre España, pese a que, cuando compuso los más celebres de ellos, como Madrid, aún no la hubiese visitado. El tema de Granada lo interpretaron los artistas rumanos como un dúo, tras el que público vitoreó y aplaudió entusiasmado, después de que, momentos antes, la soprano rumana, tras interpretar el tema arriba referido O mio babbino caro, arrancara un castizo, sonoro y prolongado Olé de uno de los espectadores de platea.

La Gheorghiu también conmovió al público con otros temas del programa. La soprano se lució sobre todo en los temas más líricos, que exigen agudos prolongados y brillantes, como los dúos Vicino a te s’aqueta, de la ópera Andrea Chénier (Umberto Giordano) o O soave fanciulla, de la ópera La Bohème (Puccini), y lo hizo menos en los temas propios del repertorio de soprano spinto, como Un bel di vedremo, de Madama Butterfly (Puccini), Ebben ne andro lontana, de la opera La Wally, de Alfredo Catalani, o Io son l’umile ancella, de Adriana Lecouvreur (Francesco Cilea), que requieren un centro de voz con más presencia que el de la soprano de Adjud. Sin embargo, hay que reconocerle un innegable savoir faire a la hora de llevar estos temas a su terreno vocal, acortando el tempo de las frases más centrales vocalmente y dando todo de lo que es capaz en los agudos. También hizo alarde de un estupendo fiato, con un excelente manejo de la respiración.

Ilincãi, el tenor, cantó un repertorio más adaptado a su vocalidad, de tenor spinto, con el famoso E lucevan le stelle -popularmente conocido como el Adiós a la vida-, de Tosca, o Ma dunque e vero, dite, de la referida ópera de Cilea, Adriana Lecouvreur. El tenor rumano sorprendió al público con su estupenda interpretación del papel de Leandro, de la zarzuela arriba citada, ofrecido fuera de programa. Su dicción y su “españolidad” fueron encomiables y confirman, una vez más, lo cercanos que están los temperamentos rumano y español.

Sin embargo, pese a las evidentes y convenientes pinceladas españolas, el programa del sábado fue muy italiano en las arias de ópera y muy del centro y este europeos en la temática de las piezas de orquesta: Polonesa, de Eugenio Oneguin (Chaikovski), Danza húngara no. 5, de Brahms, o la Rapsodia rumana no. 1 en La Mayor, de George Enescu. Este tema, poco programado en nuestro país, le deja a uno sin respiración si se interpreta como lo hizo el sábado el maestro de orquesta Ciprian Teodoraşcu, que responde a la perfección a la imagen que por esta parte de Europa alguien podría hacerse de un legendario conde rumano, con su impecable levita y pantalones negros con terciopelo del mismo color en las costuras, además de con un físico y una planta imponentes. Se ve claramente que Teodoraşcu domina a la perfección el repertorio ofrecido el sábado y que disfruta con él: la ejecución fue precisa y enérgica, pero también sensible en su justa medida… y elegante, sobre todo, elegante. Sin duda, la ventaja que el formato de concierto tiene sobre la ópera es que los músicos suelen estar en el escenario en lugar de en el foso, de modo que la visión de la ejecución orquestal tiene la virtud de suplir, hasta cierto punto, la ausencia de la parte escénico-teatral.

Los próximos conciertos de la temporada en el Teatro Real tendrán lugar el próximo 25 de julio, a cargo del tenor alemán Jonas Kaufmann, el más esperado, no solo porque es el tenor del momento, sino porque ha cancelado citas anteriores en nuestra capital, y, el del 26 de julio, a cargo de Plácido Domingo y Ermonela Jaho, con Thaïs.

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